La lucha de los mineros en el cine: 4. La sal de la tierra

Sí existe una película mítica sobre la lucha sindical de los mineros en la historia del cine, esa es La sal de la tierra (USA, 1954), importante por como fue hecha, por todo lo que representó en la historia de la “caza de brujas”, por su feminismo, y también, porque aún siendo realizada en un área cercana al USACP (Partido comunista norteamericano, entonces marcado por el estalinismo9, se trata de una temática que encaja mejor con los patrones del sindicalismo revolucionario. Es también, una buena película por más que se le puedan objetar defectos. Su rodaje fue especialmente accidentado, pero la represión no pudo con la “comunión” lograda entre trabajadores y “peliculeros”.

Estamos hablando pues de una película que es historia, historia del cine porque fue perseguida por la los émulos de Joe MacCarthy, e historia social, por cuanto ilustra de una lucha sindical con mucha conciencia. Igualmente por cuanto plantea abiertamente que la lucha obrera ha de ser consecuentemente feminista. Su trama es (aparentemente) sencilla: Unos mineros de Nuevo México van a la huelga tras una serie de incidentes, librando una dura y amarga batalla en la que recibirán el apoyo de sus mujeres. Se rodó en Bayard, Silver City y Grant County (Nuevo Méjico/EEUU) y LA (California). Obtuvo el premio a la mejor actriz (Rosaura Revueltas) en el Festival de Karlovy Vary y el Crystal Globe a la mejor película. Se estrenó el 14-III-1954.

Resulta ser: la única película realizada por un equipo íntegramente constituido por integrantes de las listas negras, un tema que  normalmente se ha ligado casi exclusivamente al cine pero que tuvo un trasfondo social mucho más importante. De hecho, la “caza de brujas” en el cine fue, por encima de cualquier otra cosa, una manera de neutralizar un ámbito como el cine,  que a través de toda clase de películas, pero sobre todo del “thriller”, introducía en la gente una visión mucho más crítica de la sociedad. Se puede afirmar que, en líneas generales, el cine, incluso buena parte del que se hacía en Hollywood, contenía una línea de pensamiento mucho más avanzada de l oque podía ser la vida en general. El cine además conectaba con cierto arte y la literatura, mayores apoyos encontraba la izquierda militante. Sin embargo, sabemos más sobre como lo fue a Edward Dmytryck o a Lauren Bacall, que de su repercusión en el mapa político. Y el mapa político cambió, la izquierda comunista fue reducida a la marginalidad.

Las ideas socialistas fueron un objetivo mucho más peligroso para los agentes del FBI de lo que pudiera ser el crimen organizado, normalmente muy bien relacionado socialmente, Tony Soprano nunca habría sido ni la mitad de respetable sí se hubiese tratado de un militante de izquierdas. Con el pretexto de echar a los “comunistas” (un concepto que la derecha endilgaba a toda oposición social militante), los sindicatos instalados depuraron sus federaciones. Por su parte, la antigua socialdemocracia se refugió en el partido demócrata como un “lobby” que fue perdiendo fuerza con los años. No hay que decir que esta batalla tendría una repercusión interna. No es en vano que mientras el internacionalismo proletario había sido arruinado por la segunda  y tercera internacional, el internacionalismo del Gran Dinero (representado por la siniestra Trileteral y sus múltiples versiones) demostró que había aprendido la lección de la  “solidaridad” (patronal) mundial en el sentido de considerar cualquier agitación social como algo peligroso para Wall Street y la City. 

Sus principales responsables (gente que ha contado en la historia del cine), el director Herbert J. Biberman que había estado encarcelado por pertenecer al grupo de «los diez de Hollywood»,  el  guionista Michael Wilson (autor de guiones de películas como El puente sobre Kwai, Lawrence de Arabia, y El planeta de los simios) el productor Paul Jarrico y el actor Will Greer (el Wyatt Earp de Winchester 73, y el anciano trampero de Las aventuras de Jeremías Johnson), todos ellos se comprometieron en una empresa que fue financiada por la Internacional Union of Mine, MilI and Smelter Worker, s (popularmente la MineMilI), uno de los últimos sindicatos combativos resistentes a la depuración izquierdista, dentro de la autonomía de los sindicatos mineros dirigidos durante décadas por John Lewis (un gran sindicalista que acabó cambiando de barricada, y cuya historia no es muy diferente a la que cuenta Sergio Leone en su mejor película, Érase una vez en América, en concreto en el personaje interpretado por Treat Williams), y como tal expulsado de la CIO en 1950, un sindicato que había nacido como alternativa a la AFL en los años iniciales de la depresión pero que –también- acabó siendo asimilado, aunque con la diferencia que no pudo ahogar del todo las corrientes más clasistas. .

En su rodaje y distribución, La sal de la tierra conoció casi tantas vicisitudes como la historia que cuenta. Por estos lares ya era un hito cuando se estrenó, si no recuerdo mal en los años setenta. En los Estado Unidos pasó a ser casi una película clandestina, y sus responsables tardaron mucho tiempo en volver a trabajar en su oficio. También se jugó su carrera la compañera de Biberman, Gale Sondergaad, una de las mejores secundarias que recuerda la historia del cine. Por ejemplo, fue la enigmática mujer oriental opuesta a Bette Davis en La carta.

De ahí que la película respire autenticidad al contar la marcha de una huelga en las mina, de la Empire Zinc Inc. en Hanover (Nuevo México) en 1951, motivadas porque la empresa no quiso asumir los convenios firmados por otra del ramo; ello ocurre a través del relato de Esperanza, esposa embarazada de Ramón, uno de los muchos mineros de origen mexicano (que allí trabajaban, interpretado por Juan Chacón, auténtico sindicalista local. Tras situar las deficientes condiciones de vida y las diferencias entre los trabajadores chicanos y los de origen europeo, se desencadena un accidente laboral que origina la huelga, con los consiguientes piquetes y la intervención directa y eficaz de las mujeres de los minero, que no sólo los apoyan moralmente sino en el rechazo de los esquiroles y de las tácticas divisionistas de la empresa. En el momento del parto, Ramón está encarcelado por haber agredido a un esquirol, pero reunidos de nuevo contribuye al mantenimiento de la huelga durante varios meses gracias a la solidaridad de los trabajadores de todo el país. Cuando los piquetes de trabajadores de la sección local Nº 890 del sindicato son prohibidos, serán sus mujeres quienes los constituyan ante la mina, llegando a ser encarceladas muchas de ellas, por lo que ahora son Ramón y sus compañeros los que deben atender los hogares y así concienciarse de las reivindicaciones femeninas. En definitiva, todos aprenden con la huelga y sus consecuencias, de forma que la vida será mejor para sus hijos, puesto que ellos son quienes constituyen en el sentido bíblico «la sal de la tierra».

Se trata pues de un magnífico ejemplo de lo que se ha venido a llamar “ficción documental” izada -como veinte años antes lo fue Redes bajo la dirección de Fred Zinnemann- resplandece tanto por la belleza de sus imágenes como por la emoción solidaria de sus situaciones, sin por ello abandonar el rigor didáctico sobre la condición obrera, pero también sobre sus consecuencias familiares y sobre el lugar ocupado por las mujeres de los trabajadores, interpretados casi todos ellos por no profesionales. Perseguida desde su origen, La sal de la tierra tardó doce años en obtener su copyright; vio como Rosario Revueltas, su protagonista, una valiente actriz mexicana que había debutado con el “Indio Fernández” en Un día de la vida, resultaba encarcelada antes del final del rodaje, deportada a México y truncada su carrera cinematográfica, más tarde haría teatro en Berlín con Bertold Brecht. Luego tuvieron que superar el boicot de los laboratorios de revelado y de los proyeccionistas sindicados… Hoy en día «Salt of the Earth» es uno de los pocos films preservados por la Librería del Congreso de los Estados Unidos por su importancia histórica y cultural. La música, de Sol Kaplan (autor de la banda sonora de la serie «Star Trek, 1966), acompaña la acción con una partitura orquestal de tonos épicos y solemnes. La fotografía crea imágenes de gran belleza, basadas en un magnífico dibujo y en un uso brillante de la luz y el claroscuro.

Bastante años más tarde, la propia historia de la película sirvió de base para una coproducción hispanobritánica, Punto de mira, obra de Karl Francis, e interpretada sin mucha convicción por Jeff Goldblum (Biberman), Greta Scacchi (Gale Sondergaad), Ángela Molina (Revueltas), Antonio Valero (Juan Chacón), sin embargo, aunque se trata de una historia final, y añade algunos comentarios críticos contra el estalinismo, no cumple lo que promete…De todas maneras, dado que ambas se encuentran en DVD, quizás valga la pena una revisión combinada,  no digamos ya un cine-club. Afortunadamente, también existe una edición de La sal de la tierra, en versión original subtitulada, e incluso el ABC la distribuyó desde su dominical. Está claro que actualmente la película ha perdido parte de su mordiente subversiva, pero un pase de cine-forum puede demostrar todo lo que da de si para debatir sobre las luchas mineras, el sindicalismo combativo, la lucha social en los Estados Unidos, la relación entre el cine y el movimiento obrero, etcétera.

No abría que decirlo:  La sal de la tierra…es una película de las que debían de estar en todas las videotecas públicas, o al menos en todas las entidades que laboran por las finalidades del movimiento obrero en general, y por los derechos de los mineros en particular. Es de esas que se pueden pasar para ilustrar cualquier lucha obrera, y sobre ella se podría halar mucho y tendido desde diversos puntos de miras. Por ejemplo, aunque sus responsables eran militantes del partido comunista norteamericano en una época de estalinismo que lo ahogaba, lo cierto es que por los métodos y contenidos clasistas y democráticos que ilustra, puede afirmarse que sí se acerca a alguna línea ideológica, esa es la del sindicalismo revolucionario.

NOTICIAS ANTICAPITALISTAS