La lucha de la CIA contra la KGB en torno a un libro

Rastreo de los avatares de la introducción, promovida por la CIA, de la novela de Pasternak, El doctor Zhivago en la URSS

 

Borís Pasternak era sin lugar a dudas el escritor más relevante en la Unión Soviética, hasta el punto de que era del gusto de Stalin que leía con gusto – según confesaba- sus poesías; acl contrario, la policía secreta y otras instancias de la vigilante nomenklatura no eran de la misma opinión sino que juzgaban que su obra era la propia de un enemigo del pueblo, por lo que su publicación tenía los habituales problemas para lograr salir a la luz. En ciertos momentos hasta su intercesión gozó de algún crédito a la hora de parar, o al menos retrasar las expeditivas medidas con respecto a otros colegas, esto no impidió que su novela, El doctor Zhivago, en la que había trabajado durante años de manera constante hasta la obsesión tuviese problemas a la hora de editarse: en su país desde luego, la respuesta de la censura se demoraba, y es claro que si allá no podía ver la luz, en el extranjero a pesar de las ofertas la cosa podía acarrearle problemas al escritor, que vio prohibida su novela del mismo modo que le fue prohibida su salida a Estocolmo a recoger el premio Nobel 1958…si se marchaba no podría volver al país dicho de los soviets ( si lo digo así es debido a que dónde había quedado tal forma de organización). También pagó la relación que con él tenía, una mujer que fue su amante y musa, con años de gulag que se se vieron reducidos a tres tras la muerte de Stalin ( decía de los escritores el secretario general que eran los ingenieros del alma humana). La novela al final fue editada, en 1957, por Giangiacomo Feltrinelli, cuyo original le fue facilitado por un avispado, y arriesgado, agente literario D´Angelo -del que el autor se despidió diciendo que quedaba invitado a su ejecución- que lo pasó camuflado en su maleta, el editor italiano miembro a su bola del PCI, lo que le supuso serias críticas por parte del partido que condenó sin ambages el acto de desobediencia, al no plegarse a las órdenes del Kremlin y del partido, facilitando la difusión de una obra dañina para el socialismo; no conforme con ello, el indisciplinado editor no dejó de enviar al escritor y a su familia, madre e hija, confinadas en un campo de concentración ( de trabajo y reeducación que diría usando el eufemismo de turno) dólares que en no pocas ocasiones no fueron a manos de sus debidos destinatarios …Esta es la historia, más o menos ya conocida, y narrada en su vueltas y revueltas por el hijo del editor Carlo, en la biografía que de su progenitor realizó: Señor Service. Biografía de un editor, editada por Tusquets en 2001.

Pues bien, la escritora Lara Prescott (Greensburg, Pensilvania, 1981), a quien por cierto sus progenitores bautizaron con el nombre de la protagonista femenina de Zhivago, en su « Los secretos que guardamos», editaba recientemente por Seix Barral, toma el asunto al bies ( ¿más exacto sería decir con claro escoramiento?), desde otra óptica que es la de la operación que puso en marcha la CIA para sortear las decisiones de la KGB y jacer entrar en la URSS el libro, edición pirata que corrió de mano en mano como era lo habitual en el caso de los samizdat, pero en esta ocasión no en formato manuscrito o dactilografiado sino en formato libro ( la publicación de la novela en Rusia hubo de esperar hasta 1988). La escritora entrega la historia en diferentes bloques de capítulos que saltan del Este a Occidente, dando voz, en cambios de persona narrativa ( primera del singular y del plural, tercera), a los, fundamentalmente las ya que el trabajo fundamental, el protagonismo, que es enfocado corresponde a las laboriosas secretarias de la CIA que debía escribir mecánicamente sin quedarse con el contenido de lo que escribían; los cambios a los que aludo y la dosificación que supone de cara al conocimiento completo de la alambicada historia, crea interés creciente en lo que vendrá a continuación facilitando la lectura de la novela.

La autora nos abre las puertas de diferentes espacios, oficinas, domicilios, y nos retrata la vida de sus habitantes, empleados, etc. Así comenzando por las mecanógrafas de la RS ( División de la Rusa Soviética) de la OSE ( Oficina de Servicios Estratégicos) que luego se convertiría en la CIA, y su trabajo bajo el más estricto secreto, pasamos a la detención de Olga Ivinkaia ( Vsévolodovna), amante de Pasternak, en su domicilio en el que quedó el pequeño Mitya, arramblando los secretas con todos loa papeles que pillaron, en busca de la obra de Pasternak; asistimos a sus tenaces interrogatorios de Anatoli Sergéyevich Semiónov centrados en conocer el contenido de la secreta novela, luego su traslado a la siniestra Lubianka y su posterior envío a un campo de concentración, años más tarde, dos meses y medio después del fallecimiento de Borya, volvería a padecer la experiencia junto a su hija ( la venganza es un plato que se sirve frío…o caliente); también conocemos a Pasternak y su vida con su esposa Zinaída, y su continua rumia con Lara Antípova y Yuri Zhivago – los protagonistas principales de su novela- , del mismo modo que entraremos en la vida de Irina Dorozdova, joven nacida en Estados Unidos de padres rusos, que vive con su madre que partió embarazada, siendo retenido el padre en su país antes de embarcarse, siendo detenido y enviado al gulag en donde se dice que murió, aunque luego un jede de la agencia de inteligencia americana aclara el verdadero lugar y fecha de la muerte de su progenitor. Irina fue contratada como mecanógrafa a pesar de que sus resultados a la hora de teclear dejaban mucho que desear; cosa que escamaba a sus compañeras de oficina al igual que resultaba extraño que muchas veces no fuese con ellas a las cafeterías en las que se reunían para almorzar, y entregarse a los chascarrillos, más extraño todavía resultaba que tuviese algunas reuniones fuera del horario y que mantuviese una misteriosa relación con alguno de los varillas de la agencia ( ¿ amor o misiones secretas?)…La joven es convertida en recadista en la red de espionaje de la agencia al tiempo que va creciendo su atracción, que se convierte en mutua, con otra de las mecanógrafas, Sally Forrester, , anidando un amor entre mujeres, que ha de ser mantenido en clandestinidad en aquellos tiempos y en aquel ambiente de secretos y disimulos. Tampoco se nos hurtan los denodados esfuerzos , incluidos viajes por algunos países europeos, para lograr la edición original en ruso de El doctor Zhivago, que estaba en posesión del M16, tras haber conseguido la edición en italiano con ocasión de la presentación del propio Feltrinelli en Milán…viaje a Londres en una periplo propio de ambientes del espionaje…en el que seguimos la pista a Teddy, que surca fronteras como las golondrinas, jefe de las operaciones más secretas de Irina que, por otra parte, era de quien se decía que tenía un rollo con ella… y conocemos sus gustos por la escritura y por literatura y muy en concreto por la rusa, y los informes que transmite a su jefe Frank.

Además de las historias entrecruzadas a las que me refiero, el amor, los amores imposibles y/o prohibidos, recorren la novela , los que se dan entre las dos jóvenes recién mentadas que corre en paralelo al que mantienen Pasternak y Olga que a la vez que amante también juega el papel de emisaria y recadista del propio escritor, tas haber sido rehabilitada, sin obviar el de los protagonistas de la novela de Pasternak. No faltan los guiños acerca de que los éxitos sean colocados en el haber de los hombres de la agencia, siendo las hormigas-mecanógrafas ignoradas en lo que se refiere al valor de su trabajo esencial, cuando de hecho jugaron algunas de ellas en concreto arriesgadas labores, transformadas de mecanógrafas en Washington a pías monjas a la hora de distribuir la obra, por ejemplo la nombrada Irina, en la Expo de Bruselas en 1958…

Cercanía y alejamiento entre el escritor y su amante, discusiones sobre su relación que él parece que por momentos trata de acabar, el rumor continuado de las mecanógrafas que es una toma del pulso que se respiraba en la oficina de la agencia , en su secretismo y en la importancia otorgada por los dirigentes de ésta para intentar interferir en la vida de la URSS, aprovechando el frente de la cultura…en especial, el de la literatura, sin obviar otras artes, con el fin de que los ciudadanos pudiesen tener acceso a obras en las que se criticaba la falta de libertad en que vivía el país. Si el otro decía que la poesía es un arma cargada de futuro, en este caso se confirma que fue un arma de presente a la hora de zancadillear la política cultural del socialismo real existente , en la lucha por elevar el modelo propio como el mejor de los posibles.

No faltan por parte de la escritora las críticas hacia el nefasto papel jugado por ambas agencias de inteligencia ( curioso nombre que oculta el verdadero papel de tales organismos): la vigilancia, el control y, en el caso de ambos, pero en especial de la CIA, la injerencia en los asuntos de otros países y las listas negras en el propio con aquellos que se salen de la fila de la tan cacareada libertad…

Libro sobre los avatares de otro libro en el que sí que es cierto que algunas figuras esenciales de la historia quedan desdibujadas o afectadas de una flojera de amplio calado como puede ser el caso del escritor ruso, reducido a una honda pusilanimidad egoísta y del editor italiano ( a pesar de que en el capítulo de agradecimientos señale que « siempre le estaré en deuda por el valiente regalo que hizo al mundo»), que queda retratado como un caprichoso millonario que parece que solamente editó este libro…figuras sacrificadas en beneficio de las mecanógrafas de la CIA, verdaderas heroínas ( ¡ vaya por God!), y en un incomprensible papel de segundona otorgado a la amante de Pasternak , que queda reducida a mera comparsa, cuando ella jugaba un papel de importancia en el mundo de la edición en su país y en algunas revistas como Novy Mir, además de ser una mujer liberada de pro; sin obviar que la amplia bibliografía de la que deja constancia la escritora es, si se exceptúan un par de obras, angloamericana, y los archivos consultados…los de la CIA.

Escribía Borís Pasternak un año antes de morir, tal vez como defensa de su propia vida y la de los suyos : « Debes conservar mi cara / no separarte ni una pizca / Permanecer vivo, más / vivo, es todo, hasta el final»…así queda aireado su recuerdo, el de aquel que formaba el trío divino junto a Marina Tsevétaieva y Rainer Maria Rilke y el de su obra…esta novela, aunque reitero de una manera un tanto escorada, lo hace revivir.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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