La última cruzada

LA ULTIMA CRUZADA

Por Olmedo Beluche

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Sectores fundamentalistas de la sociedad panameña, con el Opus Dei a la cabeza, han salido, lanza en ristre, a luchar en todos los medios en la última Cruzada, pero esta vez no se trata de “liberar” Jerusalén del islamismo. En una mano la cruz y en la otra la espada, los cruzados modernos luchan ahora contra el demonio de la “educación sexual”, los “derechos reproductivos” y el “enfoque de género”.

Sus enemigos a muerte son: un programa piloto de educación sexual, un proyecto de ley sobre salud sexual y reproductiva, y un nuevo Código de la niñez. Al primero lo acusan de enseñar el “bestialismo” y una serie de poses eróticas; al segundo de propiciar el sexo desenfrenado de la juventud; y al tercero de poner a los hijos contra los padres.

Un dirigente magisterial, al que tenía en cierta estima, inspirado por los cruzados, le escuché decir que el manual del programa de educación sexual de MINEDUC era como una “Playboy”, aunque a renglón seguido confesó que no lo conocía. Pero no negó haber ojeado “Playboy” alguna vez. La conocida periodista, ante quien el dirigente docente lanzó el anatema, a sabiendas que ella es una de las que encabeza la cruzada, peló los ojos y sonriente se sintió alagada por sumar un nuevo adepto.

Sin embargo, estos cruzados pecan. Pecan de doble moral e hipocresía. Porque la periodista televisiva, campeona en la lucha contra la educación sexual en las escuelas, no dice nada de la programación del canal para el cual trabaja. La educación sexual que los cruzados no quieren en los colegios, la reciben los niños viendo las telenovelas, llenas de lindas actrices en preciosa lencería arropándose con escultóricos actores. O viendo los “reality shows” donde se promueven los más bajos valores en las relaciones humanas. O simplemente viendo alguna publicidad.

Los cruzados proponen a la sociedad y al estado la política del avestruz. No hablemos de sexo en las escuelas, como si de esa manera se conjurara la realidad, de que la juventud sabe de sexo y un alto porcentaje lo practica. La sexualidad y el erotismo llegan a los niños y jóvenes por todos lados: la tele, la música, el cine, menos por el lado de una educación científica y seria.

A lo sumo, proponen los cruzados, hablemos de “abstinencia”. Estoy de acuerdo, hablemos de abstinencia, de valores, como que el sexo debe estar asociado al amor sincero, pero también hablemos del condón y de la píldora. Hablemos de postergar al máximo las relaciones, pero para aquellos que decidan otra cosa, hay que enseñarles sobre métodos anticonceptivos y enfermedades de transmisión sexual. Y eso lo digo como padre de dos adolescentes.

Los cruzados temen que los padres pierdan el control (la potestad) sobre los hijos. ¿Pero cuándo los hijos le han preguntado a sus padres antes de tener una relación? Ahí están los miles de embarazos precoces cada año. Y si no, que cada quien hurgue en su propia historia juvenil. Dicen los cruzados, “que los padres sean los que enseñen a sus hijos sobre el sexo”. La realidad es que no es fácil para un padre hablar del tema con los hijos. Quien sea padre o madre sabe que es así.

Los cruzados de manera irresponsable se oponen a que el estado tenga una política de asistencia social en materia de salud sexual y reproductiva. Les trae sin cuidado la propagación de enfermedades venéreas, de hijos traídos al mundo por padres disfuncionales, la debida asistencia obstétrica, etc. Por supuesto, las principales víctimas serían las mujeres de sectores populares, ya que las que tienen plata siempre disponen de la medicina privada.

Los cruzados se oponen al “enfoque de género”, porque ponen en evidencia los valores de una sociedad machista y patriarcal donde las mujeres son víctimas de la violencia cotidiana y la discriminación. Su modelo de mujer es la pecadora condenada a llorar eternamente, como la Magdalena. Por gozar el sexo, “parirás con dolor”. En el mejor de los casos, una especie de María, sacrificada cual esclava doméstica del marido.

Los cruzados a todo responden con la negación de una parte esencial de la naturaleza humana, la sexualidad. Para la juventud sólo tienen una propuesta, la “abstinencia”, aunque luego conduzca a prácticas aberrantes como el abuso infantil y el fetichismo. No les importa si el 90% de los católicos en su vida privada no se atienen a los valores obsoletos que pregonan. Al final, lo que importa es el sentimiento de culpa que lleva el pecado, porqueesa es la base de la dominación y opresión social.

Los cruzados viven en el reino de la hipocresía, pues son defensores a ultranza del sistema capitalista, el cual basa su riqueza en la mercancía, convirtiendo al sexo en una de ellas y en un vehículo eficaz para la venta de sus productos.

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