La Ley del Péndulo

La actual crisis mundial, que se inició como financiera y se está convirtiendo en económica, la cual se gestó y manifestó primeramente en los Estados Unidos de América y rápidamente se expandió a la Unión Europea y los grandes centros financieros del Asia, y amenaza seriamente a todos los países periféricos de las grandes potencias, nos ha demostrado varias cosas que ya habíamos mencionado en artículos de años atrás. Tratemos de resumir estos hechos y fenómenos.

En primer lugar, nos ha demostrado que los economistas estaban todos absolutamente equivocados, como ha sido siempre, por tratarse de la disciplina menos exacta que existe en el bagaje del conocimiento humano. Se basa en supuestos, labora sobre predicciones, y todo ello sobre variables que pueden cambiar rápidamente. Es, si me permiten decirlo, como el papel de los brujos. Si las cosas suceden como ellos vaticinaron se llenan de gloria, y en el caso contrario, no estaban equivocados: unas variables cambiaron y ¡ya está! Agárrese usted de lo primero que encuentre. Pero, me pregunto sinceramente, ¿no estaban enterados al menos superficialmente, que existían señales claras relacionadas con los juegos financieros de las bolsas más importantes del mundo? ¿No habían detectado que los precios de las materias primas, incluido el petróleo, y los granos básicos, estaban siendo objeto de una especulación asombrosa? Es asombroso que nadie se tomara en serio las señales de una inminente catástrofe, cuando reventaran todas las burbujas creadas artificialmente, y advirtiera a gobiernos y ciudadanos interesados del peligro que se avecinaba. Al parecer, era más rentable estar del lado de los especuladores.

En segundo lugar, la ausencia de regulación y control del estado sobre los mercados financieros, producto de la aplicación de los principios del neoliberalismo, es lo que permitió el surgimiento de una espiral de especulación como no se había visto en la historia de la humanidad, fundamentada en la más inmoral de las ambiciones y en el comportamiento delictivo, que permite la ausencia de los principios éticos y morales propios de la aplicación de los modelos neoliberales, como ha quedado demostrado hasta la saciedad. Sin embargo, estas actitudes y actuaciones estaban protegidas desde el mismo Estado, por gobernantes puestos allí por los grandes intereses económicos, los cuales estaban lucrando dentro la situación creada por la ausencia de regulación y control, y que incluso modificaban los fundamentos institucionales de dichos Estados en beneficio del capital, abandonando a los ciudadanos todos, y en especial a los más pobres, para que la codicia, la ambición y en muchísimos casos el latrocinio más descarado hiciera de las suyas.

En tercer lugar, como señala Jorge Beinstein, en su artículo “Señales de Implosión: hacia la desintegración del Sistema Global”: las declaraciones&nbsp de George Soros&nbsp y Paul Volcker en Universidad de Columbia el 21 de febrero de 2009 marcaron una ruptura radical, muy superior de la que estableció hace dos años Alan Greenspan cuando anunció la posibilidad de que los Estados Unidos entre en recesión. Volcker admitió que esta crisis es muy superior a la de 1929, eso significa que la misma carece de referencias en la historia del capitalismo, la desaparición de paralelismos respecto de crisis anteriores es también&nbsp (principalmente) la de los remedios conocidos. Porque 1929 y la depresión que le siguió están asociados a la utilización exitosa de los instrumentos keynesianos, a la intervención masiva del Estado como salvador supremo del capitalismo y lo que estamos presenciando es la más completa ineficacia de los estados de los países centrales para superar la crisis. En realidad la avalancha de dinero que arrojan sobre los mercados&nbsp auxiliando a los bancos y a algunas empresas transnacionales no solo no frena el desastre en curso sino que además está creando las condiciones para futuras catástrofes inflacionarias, próximas burbujas especulativas.

En cuarto lugar, ríos de tinta se publican diariamente sobre la crisis, sus manifestaciones y su futuro, pero muy poco o nada sobre los causantes, sus mecanismos, y la responsabilidad que deben asumir. Más bien, lo que vemos en todos los países, sin excepción, es que los que antes rechazaban la intervención estatal en la economía, ahora se amparan, exigen, chantajean, para que el Estado salve al capital, las organizaciones que causaron la debacle, sus ejecutivos, y el pueblo sigue olvidado. ¿Y se pregunta por qué? Pues muy simple: porque siguen en el poder los mismos gobernantes que fueron cómplices activos o pasivos de los desórdenes, las estafas y el desmadre que ha empezado a surgir, como cuando uno destapa una sentina pútrida. Y las medidas tomadas siguen la lógica del neoliberalismo: salvemos al capital, salvemos a las empresas financieras, a las industrias, a los que usufructuaron una situación creada ex profeso para la especulación, la ambición desmedida y en no pocos casos el latrocinio. Y no exagero, varios son los escándalos que nos hemos enterado por la prensa mundial, que suman miles de millones de dólares.

Esto me hace recordar cosas que lo más seguro están olvidadas. Y tienen que ver con la aplicación imprudente de los modelos nacidos al calor del Estado Benefactor, hace unos pocos decenios, cuando América Latina era una variopinta colección de dictaduras y gobiernos autoritarios, que permitió a los depredadores de entonces amasar enormes fortunas robando a mansalva los fondos provenientes de los créditos internacionales para proyectos de desarrollo, que terminaron ahogando a nuestros países. Deuda externa que terminamos pagando todos los ciudadanos, como siempre, mientras los que robaron tenían sus depósitos en bancos extranjeros y paraísos fiscales. En otras palabras: no importa cuál sea el modelo, siempre existirán quienes se aprovechen de él, de una forma o de otra, para amasar fortunas. Antes fueron los gobernantes durante esa época de gran intervencionismo y centralización, y hasta hace poco fueron los empresarios montados sobre los tiempos propicios de la desregulación y de la ausencia de control estatal llevado a sus extremos.

Y me lleva, finalmente, a algunas consideraciones sobre la ley del péndulo, la cual expresa simplemente que ante los excesos de una corriente de pensamiento político, económico o social, por lo general las naciones tienden a orientarse hacia la corriente contraria. Es así como surgió el neoliberalismo, en forma de respuesta a gobiernos ineficientes, ineficaces e improductivos, en donde la desaparición de inmensas cantidades de dinero en manos de los políticos de entonces y sus empresarios cómplices, exigía una nueva forma de manejar la cosa pública. Y como respuesta también a los excesos de intervencionismo Estatal, indispensable en aquellos momento para que funcionara el andamiaje de los mecanismos depredadores de entonces, pero que ahogaba la iniciativa privada, tanto o más indispensable para el desarrollo que una buena administración del Estado.

Ahora, en cambio, al habernos ido al otro extremo del movimiento del péndulo, eliminando prácticamente el poder del Estado y su papel en la economía, permitió lo que padecemos en la actualidad: el abandono del desarrollo social, el incremento de la pobreza en nuestros países, las catástrofes que han causado y causarán (todavía falta mucho por ver) los que colocados en empresas funcionando sin controles, lucraron, engañaron, robaron, estafaron, causaron un inmenso daño, esta vez a nivel mundial. Y como siempre: serán los ciudadanos los que pagarán los platos rotos. ¿O de dónde cree usted que salen los cientos de miles de millones que destinan los actuales gobiernos neoliberales para salvar las empresas, no para proteger a los ciudadanos?

En el transcurso de una sola vida es muy probable que usted y yo podamos contemplar los avatares de las oscilaciones del péndulo, como me ha sucedido a mí, que ya peino canas. Y seremos también testigos de que puede oscilar hacia un lado o hacia el otro, y que siempre existen quienes, desde el poder político o económico, se aprovechan de las circunstancias para delinquir.

Y también seremos testigos, como le sido yo, de que las cuentas de la fiesta la pagan los ciudadanos todos, mientras que los que se aprovecharon y crearon enormes fortunas, muchas veces delinquiendo abiertamente, quedan impunes.

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