La ‘ley del péndulo’ y la no-política de Piñera para América Latina

JULIO DURÁN NEUMANN, dirigente político chileno que perteneció al Partido Radical y luego se incorporó a la derecha dura y sediciosa de los años ‘70, fue a quien primero escuché la controversial teoría que a partir de entonces cobra vigencia de tarde en tarde en la política criolla: “la ley del péndulo”.

Ella&nbsp significa –según sostenía Durán Neumann- que cada cierto tiempo, en política, el péndulo se mueve a la izquierda, para luego regresar a la derecha…por lo tanto es necesario estar ojo avizor a objeto de ubicarse convenientemente en el lugar donde ese péndulo arribe. Típico pensamiento de viejo politicastro con esencia de caudillismo agrario era el de Durán Neumann. Pero, a no dudar, fue la ‘moda’ de los años ’60 en algunas tiendas partidistas del Chile de entonces. ¿Volverá esta teoría a ponerse ‘in’ nuevamente?

En el complicado tablero político de América Latina el ‘péndulo’ ha oscilado con fuerza hacia allá y hacia acullá…y varias veces a lo largo del siglo XX. Desde la Revolución Cubana y la Alianza para el Progreso, hasta el MERCOSUR y los TLC’s.

La lucha, como siempre ha ocurrido en las centurias pasadas, continúa apuntando a la controversia Latinoamérica/Estados Unidos, o izquierda y derecha (aunque ahora estos dos bloques prefieren ser llamados “centro”, “progresistas” o algo parecido, pero nunca aceptarán ser calificados como extremo de nada).

Es necesario ser muy claro en el uso de cierta terminología a objeto de acotar fronteras y evitar confusiones que sólo tienden a enredar más la madeja. La discrepancia mayor –y quizá la única que posee importancia concreta en esta etapa neoliberal- que separa a derechistas de izquierdistas está referida a la “dependencia/independencia” económica de las naciones del subcontinente americano con relación a Estados Unidos, así como a mejorar sustantivamente los términos del intercambio, mismos que siguen mostrando severo deterioro para las repúblicas latinoamericanas, pero gruesas ganancias económicas para el gigante del norte.

Los mandamases que están en Washington D.C. opinan que el arribo de Sebastián Piñera al gobierno de Chile marca un hito relevante, ofreciendo un nuevo impulso al ‘péndulo’ en su giro hacia la derecha en América Latina. Es un hecho de la causa afirmar que Piñera mostrará mayor cercanía y coincidencia de intereses con los gobiernos de México (Felipe Calderón), Colombia (Álvaro Uribe) y Perú (Alan García), distanciándose de Venezuela (Hugo Chávez) y Ecuador (Rafael Correa)…en palabras simples, con Piñera en La Moneda, el estilo político que Estados Unidos desea para su patio trasero recibe un nutriente de primer orden. Eso creen en Washington, pero…

No obstante subsiste un problema. La derecha chilena nunca ha sido muy proclive a formar grupos, pactos ni ‘mercados comunes’ al interior de Latinoamérica. Ella adora a los Estados Unidos, ama los tratados bilaterales y busca escapar de cualquier asociación que no sea aquella comandada por el patrón gringo, al que tanto cariño y respeto le profesa.Y al que tanto le debe en materia económica, social y política, pues resulta indesmentible&nbsp que sin el interesado apoyo de Estados Unidos, la derecha chilena prácticamente no existiría ya que le es en extremo difícil caminar con paso propio, y más dificultoso le resulta aún defender sus ideales sin tener que recurrir a poderes extranjeros.

Para decirlo en forma breve, corta y clara, a nuestra derecha política le interesan sólo tres cosas: poseer todo el capital económico y financiero del país, ser propietaria de los medios de comunicación, y mantener bajo su férula a la oficialidad de las fuerza armadas. No requiere más para sentirse (y ser) dueña de Chile sin contrapeso. No obstante, también necesita del visto bueno (y apoyo) del gigante norteño, pues es consciente de su incapacidad de resolución por la vía democráticas a la hora del surgimiento en el país&nbsp de graves problemas sociales y políticos.

He ahí una de las grandes contradicciones de la derecha chilena; se entrega atada de pies y manos a las veleidades e intereses económicos de países distantes y neoliberales a concho, dispuesta a vender al empresariado transnacional graciosamente todos los recursos naturales del país (geografía incluida); pero se aprecia -y lo proclama muy suelta de cuerpo- de ser ‘nacionalista’…un contrasentido que muere al minuto de escuchar a cualquiera de los dirigentes de la derecha criolla explicando su particular visión respecto de la ‘independencia y soberanía’ de Chile.

Los analistas que trabajan para informar al presidente Barack Obama respecto de nuestra nación, seguramente&nbsp han hecho su trabajo basándose en preceptos y teorías sociológicas emanadas de estudiosos investigadores sitos en Berkeley o en Harvard, pero tales análisis salen sobrando si se revisa reflexivamente la historia política de la derecha nuestra, ya que mediante una simple observación se puede concluir que las tiendas partidistas conservadoras nunca participaron en cofradías subcontinentales de ninguna especie.

Incluso, con enorme reticencia los dirigentes políticos de gobiernos derechistas chilenos –casi a contrapelo- han aceptado tener presencia en organizaciones supranacionales americanas, como la O.E.A., a la cual atribuyen más ineficacia que utilidad, y si un gobierno de derecha mantiene un embajador en esa organización la&nbsp causa de ello es, simplemente, el cumplimiento irrestricto de la voluntad expresada desde el Salón Oval por la alta jerarquía militar-empresarial estadounidense.

Por ello, la teoría del péndulo (que en política interna parece seguir funcionando a todo dar) no tiene mucho futuro en el escenario latinoamericano, pese a que el nuevo gobierno chileno, definitivamente, abomina de las administraciones progresistas y/o anti norteamericanas, como las que hoy dirigen Nicaragua, Cuba, Venezuela, Ecuador y Bolivia.

No obstante, es más que probable que Sebastián Piñera declinará sumarse al carro&nbsp que conduce el Presidente de Colombia, Álvaro Uribe, en su lucha inacabada contra su vecino, Venezuela, o más propiamente contra su piedra en el zapato, la revolución bolivariana que encabeza el Presidente Hugo Chávez.

Si bien Estados Unidos entiende que Piñera es su aliado, pronto se percatará también de otro hecho significativo: a Piñera le interesan los negocios, la especulación financiera, las bolsas de comercio y de valores…él hace negocios…y negocia con quien sea, independiente de que ese ‘quien sea’ tenga aura dorada o cachos con aroma sulfuroso. Es, por lo demás, lo único que maneja y domina a la perfección.

Resultaría extraño que Piñera quisiera inmiscuirse de lleno (en cuerpo y alma) en luchas y discusiones políticas de carácter internacional, pues no sólo carece de agallas para ello ni está en su ADN, sino tampoco es un eximio panelista que pueda mostrar profundos conocimientos de la realidad latinoamericana.

El actual Presidente chileno cuenta con una estructura de personalidad que responde perfectamente a la media de los grandes empresarios, vale decir, no tiene costumbre de recibir opiniones que contradigan la suya, y menos todavía posee cuero duro para aceptar que se le ningunee políticamente a través de la prensa nacional y extranjera.

No…definitivamente Piñera no tiene hechuras de soldado en política (ni de político, propiamente tal). Él es lo que es; un empresario enriquecido inserto en política a contrapelo de sus capacidades, aunque deslizándose cómodamente por el tobogán del poder, ya que este le otorga posibilidades ciertas para franquear recodos en el espinudo camino que conduce a la riqueza escandalosa, y con ello, claro que sí, a encumbrarse en la pirámide que le interesa: aquella que sirve de tambo a los hombres más millonarios del planeta, allí donde se escribe Forbes y se emiten dictámenes al FMI, al Banco Mundial y, tal vez, a Bildelberg.

Por cierto, para lograr alcanzar esas metas, Piñera debe –necesariamente- gobernar en beneficio de sus pares empresarios y financistas. De no ser así, carecerá del apoyo interno y externo que indispensablemente requiere en su camino a la gran sacristía de los megapoderosos del orbe. Y este es el verdadero peligro para Chile, su pueblo y su economía.

Un Presidente que esté dispuesto a gobernar en beneficio exclusivo (o preferente) de los intereses del gran capital, es un mandatario que administra la nación en beneficio propio y de sus socios, respondiendo sólo a los deseos y veleidades de un patrón mayor (en este caso el empresariado transnacional representado por el gobierno de Estados Unidos), lo que le hará exprimir al máximo los recursos naturales y humanos de su propio país, independiente de que ambos puedan finalmente agotarse.

No obstante, el advenimiento de la derecha al gobierno de Chile tiene dos visiones diferentes en los socios que han protocolizado sus participaciones. Por un lado, Estados Unidos y Colombia ven en Sebastián Piñera a un nuevo y significativo eslabón de la cadena antipopular y antilatinoamericana que Washington y Bogotá vienen forjando desde hace una década; pero, por otra parte, Piñera ve a América Latina sólo como la gran olla repleta de oro al final del arco iris, a la que&nbsp tarde o temprano querrá echarle también el guante…para eso debe construir primero el camino que le conduzca a aquel lugar…y desde La Moneda bien puede asfaltar la vía para transitarla más tarde acompañado por quienes serán sus nuevos socios en las ‘aventuras’ comerciales que desea acometer.

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