La Lagerbibliothek de Dachau

Por Iñaki Urdanibia

Uno de los primeros testimonios, desde una óptica realmente singular, sobre el campo de concentración.

Por Iñaki Urdanibia

« ¡ La biblioteca del campo es una maravilla! Sobre todo en lo que respecta a la literatura clásica »

                                     ( Nico Rost )

« Adelante, a pensar en ello

Adelante, no olvidar nunca »

                                ( Bertolt Brecht )

           El campo de Dachau fue inaugurado en presencia de la prensa en marzo de 1933. Situado a una quincena de kilómetros al noroeste de Munich es considerado como el primero de los campos de concentración del nacionalsocialismo; sea como sea, lo que sí que es cierto es el primer lager creado por la SS, y como tal fue el campo modelo. Al principio sí que se dio amplia presencia de judíos, si bien fue a partir de la noche de los cristales rotos, cuando se dio una llegada masiva de estos, superando los trece mil incluidos dos mil niños. La mayoría de ellos fueron liberados, tras haberles hurtado todos sus bienes en beneficio del Reich; los que quedaron internados fueron en su mayoría trasladados a Auschwitz. En la misma medida en que la guerra se desarrollaba y las derrotas se acumulaban por parte de las tropas nazis, desde 1944 hasta la liberación del campo en abril de 1945, murieron unos quince mil judíos ( la mayoría trasladados de otros campos), el tercio del total de víctimas del campo. En el momento de la liberación del campo , el 26 de abril, estaban registrados 67655 prisioneros, de entre ellos casi cuarenta y cinco mil estaba fichados como políticos, el resto contabilizados como judíos. El día señalado, siete mil detenidos, en su mayoría judíos, fueron obligados a abandonar el campo…encaminándolos a una siniestra marcha de la muerte: y quienes no murieron de hambre, frío y agotamiento, fueron liquidados por los germanos. Fue el 29 de abril cuando los soldados americanos descubrieron vagones repletos de cadáveres, cuerpos desnudos en los crematorios y cuerpos troceados por distintos tipos de vivisecciones…El balance del infame campo fue de 76000 asesinados de entre las 200000 personas que fueron recluidas allá. Un reciente libro de Annette Wierviorka, « 1945. Cómo el descubrió el horror» ( Taurus, 2016), da cuenta del lado oscuro del corazón que todo el mundo imaginaba pero que al fin fue visto con espantados ojos.

Lo que puede resultar sorprendente es que esta sucursal del infierno tuviese una muy bien surtida biblioteca; el número de volúmenes se llega a cifrar cerca de los quince mil…En palabras de uno que conoció a fondo el lugar, Paul Berben: « la biblioteca se formó con los libros traídos por los prisioneros o enviados a ellos por sus familias, o con los procedentes de donaciones. Había mucha variedad, desde novelas populares a las grandes clásicas, así como obras filosóficas y científicas. Solamente eran libros en alemán y a lo sumo se permitieron unos cuantos diccionarios, pero había también algunos volúmenes `prohibidos ´ , cuya encuadernaciones habían sido camufladas por los prisioneros bibliotecarios y que recibían una especial atención de quienes estaban `en secreto ´…los SS utilizaban la biblioteca para demostrar a los visitantes que no se descuidaban ni siquiera los intereses intelectuales de los prisioneros » .

Podría decirse que dicha biblioteca supuso, en cierta medida, la tabla de salvación de algunos de los allí detenidos, como puede verse en la obra de uno de ellos , Nico Rost: « Goethe en Dachau », obra publicada en 1946, y ahora presentada por ContraEscritura. Obra y autor de los que continuación hablaré.

En más de una ocasión se ha señalado, por parte de los que sobrevivieron al encierro, que aun habiendo estado encerrado en el mismo campo que otros no podía haber dos testimonios, iguales, sobre lo ocurrido…tantos campos como detenidos. Dicho esto, mucho se ha hablado sobre tres cuestiones que me parecen de interés para lo que nos/ me ocupa: 1) los factores que facilitaban la superación , con dignidad, de la prueba, 2) la literatura, en sus diferentes utilizaciones, como arma de resistencia., y 3) el status particular de los intelectuales en el universo concentracionario.

Con respecto a lo primero, Bruno Bettelheim indicaba que aquellos que mantenían firmes posturas políticas o creencias religiosas estaban mejor pertrechados para sobrevivir; el psicoanalista se detenía, más en concreto, en el caso de los Testigos de Jehová . En lo que hace a lo segundo, las referencias a la literatura es frecuente en diferentes relatos sobre las condiciones de encierro: recuerdo algunas páginas de Jorge Semprún o la memorización del infierno de Dante por parte de Primo Levi, o en otros horizontes, las referencias a Proust, por ejemplo, por parte de Varlam Shalámov. En unos casos para mantener el ánimo se recitaban poemas o se narraban historias leídas o vistas en el cine, en otros , en los menos, se manejaban libros que servían de objeto de comentario y discusión. Lo tercero fue uno de los temas que enfrentaron las visiones de dos célebres deportados, dos judíos a la fuerza : Jean Améry ( Hans Mayer)- en su « Más allá de la culpa y la expiación. Tentativas de superación de una víctima de la violencia» y Primo Levi ( «Los hundiso y los salvados», más en concreto en el capítulo sexto: El intelectual en Auschwitz), a pesar de los puntos en común que ambos tenían: su concepción no religiosa ( que luego hicieron que su comportamiento se asemejase a lo que afirmaba Hannah Arendt sobre sí misma: me defiendo como judía cuando soy atacada como tal), el carácter reflexivo de sus testimonios, su pertenencia a posicionamientos propios de intelectuales de izquierda, sus valoraciones con respecto a la cultura y su papel en los campos…Mientras que en el ensayo de Améry se respira cierta amargura y resentimiento, como la huella imborrable, de lo padecido, en el texto de Levi se ve una mirada más sosegada ( el que perdona le llamaba Améry). Se enfrentan el pesimismo escéptico del primero con el optimismo ilustrado del segundo; y mientras que el vienés considera que la cultura de « los intelectuales humanistas y escépticos» hace a estos llegar hasta el fondo, hasta un « estado de indigencia material y espiritual prácticamente completa..como hombres deshumanizados», lo que le conduciría , además, pensando que la lengua de los grandes genios de las letras, y las artes, germanas había sido usurpado por la SS, a negarse a escribir, durante un tiempo, en la lengua de los opresores. Con esta visión negativa , y a pesar de ella, Jean Améry en el capítulo inicial del libro nombrado, En las fronteras del espíritu, trae a colación a Nico Rost y su obra, Goethe en Dachau: « la cultura y la disposición de fondo intelectual ¿ han ayudado al prisionero del campo en los momentos decisivos? ¿ Le han facilitado la resistencia? Cuando me planteé esta pregunta[…] me vino a las mientes el bello libro de un amigo y compañero de penas holandés, el escritor Nico Rost. El libro se titula Goethe en Dachau…». En primer lugar, señala la turbación ante la lectura de algunos párrafos del libro; su relectura-señala- le causó cierta culpabilidad ante la grandeza espiritual de Rost, comparándola con su falta de entusiasmo y lecturas de las que el holandés hace gala en su libro; por último , desentraña la diferencia entre ambos, ciñéndola a las enormes diferencias existentes entre los dos campos: el de Dachau en el que había estado el neerlandés y en el él había estado, Auschwitz.

Pues bien, como he señalado, ahora ha visto la luz la obra de Nico Rost y podemos conocer la vida y los valores que se desprende del libro, que es el desencadenante de estas líneas.

Nico Rost nació el 21 de junio de 1896, en Groninga ( Países Bajos). Alejado de su familia e instalado en Berlín desde al año 1922, trabaja de corresponsal cultural lo que le hace establecer estrechos lazos con círculos de escritores e intelectuales ( Gottfield Benn, Carl Einstein, Erwin Kisch, Anne Shegers, etc.). En 1927 se afilió al partido comunista( posteriormente-stalinismo imperando- fue expulsado del partido). A raíz de la llegada d los nazis al gobierno, varios amigos suyos son detenidos a pesar de lo que él , en vez de huir, permanece en Alemania en donde ayudaría a esconder a resistentes y judíos que escapaban de las redadas. Fue detenido y posteriormente tras ser liberado partió como corresponsal al Estado español, participando en el Segundo Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura. Ante la invasión germana de los países del Benelux, se integra en la resistencia, siendo detenido el 6 de mayo de 1943, siendo trasladado Finalmente a Dachau en 1944.

El libro precisamente recoge las anotaciones escritas entre el 10 de junio de 1944 y el 30 de abril de 1945 y el tono general es el mantenerse una permanente negación ( me niego )a chapotear en la descripción de las calamidades padecidas y observadas ( muerte, enfermedad, frío, suciedad, transportes de detenidos…que son los mecanismos para deshumanizar a los internos; se niega a condenar lo alemán como representación del mal; se niega a rechazar el tiempo de lectura y de escritura, del mismo modo que a no escuchar más que a los amigos.

Y de todo ello vamos a ver a lo largo de las páginas: las conversaciones con gentes de muy diversas posiciones e ideologías, dejando ver su esperanza de que los alemanes no siempre van a representar el crimen al por mayor manteniéndose en la sumisión al cerrilismo asesino e higienista del hitlerismo. En ese sentido si antes de su detención había traducido a importantes escritores germanos, su admiración hacia autores alemanes no va a cesar sino que van a seguir siendo polos de referencia en sus concepciones humanistas y literarias. La literatura va a pasar a ocupar un papel esencial en su vida en el campo, no como fuga, sino como reflejo de la realidad misma; tal centralidad con respecto a los libros le llevó a ser conocido por el resto de reclusos como « el holandés loco que devora libros y engulle papel». Las lecturas se acumulan, sumándose las que ya llevaba acumuladas antes de ser llevado a Dachau , y las conversaciones con distintos pastores y especialistas varios amplían sus conocimientos de autores nuevos y pensamientos hasta entonces ignotos. Maimónides, Renan, los románticos, santo Tomás de Aquino, san Agustín, Litchtenberg, Rousseau, Herder, Heine, Kafka, Huizinga, etc., etc., etc., llevándose el primer puesto el hit-parade el gigante germano nombrado en el propio título de la obra ( de quien se llegan a analizar algunas de sus obras más destacadas) Las buenas relaciones por parte de algunos reclusos con el kapo de la biblioteca facilita el acceso a numerosos libros con los que tras su lectura se organizan discusiones, y hasta se llegan a elaborar hipotéticas listas de diferentes escritores germanos, y su posible comportamiento en el caso de que hubiesen sido conducidos al campo: el propo Goethe, Schiller, Georg Büchner, Heinrich von Kleist, Hölderlin, Schopenhauer, Nietzsche o George Hauptmann.

Así pues, la estancia que nos es relatada es un elogio a la literatura y a la vida, en la que la primera juega un papel importante, ayudando a comprender el mundo de las relaciones sociales. Una visión positiva que le conduce a apostar por la vida, y así frente al papel que Montaigne atribuía a la filosofía como aprendizaje de la muerte, se posiciona del lado del aprende a vivir spinozista, de quien cita: « un hombre libre – cosa que somos y seguiremos siendo nosotros también aquí, a pesar del Lager-no piensa en algo tan nimio como la muerte; su sabiduría no nace de pensar en la muerte, ¡ sino de pensar en la vida¡ » …y tal visión positiva le conduce a llegar a decir que « en ningún lugar en el mundo se puede reconocer de manera más exacta qué es Hauptsache[ lo fundamental], lo que, en el fondo, es importante en loa vida, como en un Konzentratioslager», dejándose contagiar por el espíritu stendhaliano que a pesar e todos los dimes y diretes se hubiese preocupado por sus elevados ideales. No dejándose llevar en ningún momento por la culpabilidad ante el espectáculo de la muerte y sus víctimas: « ¿ Traición a los muertos? / Lo he reflexionado mucho…/No es ninguna traición./ He de aferrarme a la vida, no a la muerte ./ Si no, me entierro yo mismo».

El centro de la gravedad de las páginas es tomada por las expresiones de la cultura , con el telón de fondo-como no podía ser de otro modo- del desastre que se desarrollaba todos los días en aquella Revier ( enfermería) en la que estaba destinado( debido a una inflamación infectada en su pierna. Aprovecho la ocasión para señalar que calificar de flemón dicha herida y calificar de tal modo, muchas de las heridas de los detenidos no parece demasiado acertado : ya que habitualmente se usa tal expresión para las infecciones y abultamientos en el en las encías, reservándose para otras hinchazones: absceso, me parece), librando batallas contra el tifus y otras plagas y donando sangre de continuo para salvar a los otros, independientemente de cuál fuese su origen , nacionalidad o religión; con encuentros de antiguos conocidos y compañeros de lucha y subrayando algunas diferencias que hacían más fácil la supervivencia ( los destinados en la cocina, los alemanes por el hecho de serlo, o los bloques a los que llegaban con menos obstáculos los paquetes del exterior: los checos y los religiosos)Los análisis de diferentes luminarias del romanticismo, o algunas lúcidas páginas sobre el modelo nazi con respecto a la finalidad de la prensa, como sistema de ocultación, de agit-prop, resultan realmente brillantes.

Un testimonio que hace gala de una deslumbrante lucidez, por este ser cuyas vitaminas eran la A y la F ( Aprender y Futuro), la L ( literatura) y F ( futuro)…ya que como dice « he vuelto a constatar lo bueno que es leer y escribir tanto como sea posible. »

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