(La justicia y los «robagallinas») Seis años a la cárcel por pagar 79 euros con una tarjeta falsa

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Alejandro Fernández saltó esta semana a todos los medios de comunicación como último recurso para no entrar en prisión. Le obligan a esperar entre rejas la decisión del Gobierno sobre el indulto que pidió el año pasado para que se le perdonara la pena de 6 años de prisión por un delito cometido en 2010 tras usar una tarjeta clonada para pagar 79,20 euros. Ayer recibió la notificación que le da de plazo hasta el domingo para entrar en prisión y esperar allí la llegada o no del indulto. Una decisión que, según lamenta, acabaría con su vida actual, con su trabajo estable y su casa, ya que alega que está dispuesto a cumplir cualquier medida que se le imponga con la que pagar pero pudiendo mantener sobre todo su trabajo, con el que mantiene a su pareja y ayuda también a su familia.

Alejandro detalló a Granada Hoy su caso en una jornada en la que no dejó de atender a la prensa para motivar una decisión urgente de la Justicia en su beneficio. Los hechos se remontan a 2010. Alejandro explica que un día un amigo al que consideraba un «hermano» le dijo que iban a ir a Málaga a comprar. «Yo no dudé en ir con mi amigo y nos fuimos también con otra persona que él traía y que yo no conocía», explica. Cuando llegaron a Málaga, su amigo le dio una tarjeta con su nombre y apellidos, hecho que no hizo dudar a Alejandro, que creía que era una tarjeta monedero recargable. Con ella le dijo el amigo que entrara a un comercio a «comprar unas bebidas». «Entré y las compré y para mi una Puleva de chocolate ya que yo no bebía», alega. La cuenta eran 79,20 euros. En ese momento, Alejandro asegura que no se hizo más preguntas por la tarjeta. «Con 18 años creí en mi amigo y en que era una tarjeta monedero».

Después se dirigieron a Carrefour, según cuenta, y él con el otro amigo se quedaron en el coche. Su amigo sí que entró para ir al servicio. En ese momento, al salir, Alejandro cuenta que vieron como varios policías rodearon a su amigo, por lo que ellos dos, que estaban en el coche, salieron del parking «asustados». Aparcaron por la zona y regresaron para buscar al amigo. «Pero no había nadie, como si no hubiera pasado nada», explica. Fue entonces cuando, al regresar al coche, vieron que alrededor del vehículo había policía, por lo que decidieron «coger un taxi» y regresar a Granada.

Al volver la Policía ya había llamado a la familia para localizarlo, a su anterior pareja. «Me dieron un plazo para ir ante el juez o me ponía en busca y captura». Alejandro relata que se presentó y estuvo en el calabozo de lunes a viernes, «más de 72 horas», hasta que lo pusieron en libertad provisional. Desde entonces ha estado firmado todos los 1 y 15 de cada mes. Se celebró juicio rápido y finalmente se destapó una banda dedicada a clonar tarjetas. «Me acusaron de pertenencia a banda armada y de estafa», dice.

El caso se intentó llevar dos veces a la Audiencia Nacional, según relata el joven, que lo rechazaba por falta de pruebas. Finalmente lo aceptó y se impuso una condena en firme de 12 años de prisión, 8 por pertenencia a banda organizada y 4 por estafa. «Recurrí al Supremo, que rebajó la pena a seis años (4 por pertenencia a banda y 2 por estafa), revisión que se realizó el año pasado.

En ese momento, ya se puso fecha para su entrada en prisión pero su abogado pidió un indulto total y otro parcial alegando que Alejandro tiene trabajo estable en el sector de la hostelería, pareja, una casa con opción a compra, ayuda a su familia, … en definitiva, que tiene una vida estable, sin riesgo de fuga, que no ha delinquido ni antes ni después de aquel hecho y que está dispuesto a aceptar otras medidas como «una pulsera de seguimiento, trabajos por la comunidad o incluso ir a dormir a prisión». «Pero entrar en prisión me dejaría sin nada», asegura Alejandro.

Esta semana mismo recibió una notificación en la que decía que tenía cinco días para entrar en prisión asegurando que la espera del indulto tendrá que realizarla ya en la cárcel para cumplir «cuatro años por delito de tenencia de tarjetas de crédito o débito destinadas a su tráfico y uno por estafa». Y es lo que intentan parar ahora. «Mi abogado dice que los indultos tarda entre un año y un año y medio. Nosotros lo pedimos en 2015, por lo que tiene que estar al llegar. Por unos meses puedo perderlo todo. Incluso antes del verano o en verano se podría saber algo», clama el joven, quien, no obstante, asegura que si llegado el día límite (que podría aplazarse al martes si no se consideran válidos sábados y domingos), tendrá que cumplir la orden.

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