La justicia como normalidad

Notas desde el confinamiento

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Ahora que el posible final del confinamiento generado por la pandemia del COVID-19 se acerca, muchas voces comienzan a idear o cuestionar la llamada normalidad a la que regresaremos, algunos fantasean con un mundo distante del actual, en el cual, las relaciones humanas y la estructura social, cambiará diametralmente como por arte de magia, otros, más cercanos a la realidad, cuestionan la idea de normalidad a la que volveremos y se preguntan si no acaso fue esa condición la que nos condujo a lo vivido, dejando ahí la crítica y delegando al sistema una habilidad imaginaria de autorregulación, cayendo voluntariamente o no, en una suerte de alienación autoproclamada, la crítica de la normalidad y el sueño de una realidad alterna creada como por un acto mágico, adolecen en un mismo sentido, ambas posturas olvidan el hecho inocultable de que somos los seres humanos los que hacemos la historia y con nuestra praxis construimos la sociedad en sus diversas formas históricas, los valores y los sistemas económicos que nos rigen. No se trata de negar la posibilidad de un cambio, muy al contrario, se trata de alentar ese cambio, pero ubicándonos en la realidad palpable para poder partir de ella en busca de su modificación, pues si habláramos en sentido médico, únicamente reconociendo la enfermedad se encuentra la cura.

Esto significa que somos nosotros los seres humanos quienes debemos cuestionar e idear a que mundo queremos regresar después de la pandemia; no debemos creer la fantasía de la autorregulación o el derrumbe sistémico sin lucha, hay que cuestionarlo todo, cada una de las ideas que sustentan al mundo y de las estructuras que han moldeado nuestra realidad, ¿mantendremos las mismas estructuras económicas y sociales que explotan, empobrecen y marginan a millones de trabajadores y trabajadoras en el mundo? ¿seguiremos reproduciendo la estructura patriarcal-machista que condena a la mujer a vivir en permanente indefensión temiendo por su integridad física y moral siempre? ¿permitiremos que se siga jugando con nuestro porvenir como al azar arrojando los dados a ver que cae en vez de reorganizar las estructuras sociales y económicas garantizándonos a nosotros mismos las satisfacciones de los derechos inalienables humanos? Únicamente las cosas cambiaran cuando en conjunto, los trabajadores y las trabajadoras organizados tomemos conciencia de nuestro papel fundamental en la sociedad y de nuestra fuerza como clase social.

¿Cuál es el camino a seguir y cuáles son las acciones de debemos realizar para alcanzar una sociedad mejor?, son preguntas necesarias cuya respuesta se encuentra ahí mismo de donde surgen las interrogantes, la realidad es maestra de vida, cuestionarla es un primer paso, pero del cuestionamiento no podemos hacer distinción con nuestros actos, o, caeremos en el error antes mencionado, la reflexión crítica del porqué de las cosas ha de llevarnos al paso siguiente; la acción consciente dirigida a materializar ese cambio anhelado, somos los seres humanos los que hemos construido el sistema que hoy nos rige, y, somos los mismos seres humanos quienes podemos si lo decidimos, cambiar cada una de las estructuras sociales, económicas y culturales que sostienen al capitalismo, negarlo es alienarnos, extraernos de la realidad a la que estamos circunscritos y creer que somos ajenos, solamente habrá una nueva normalidad si así lo decidimos los millones de seres humanos que padecemos los estragos de la pandemia maximizados por la injusta organización social que nos rige y por la injusta distribución de la riqueza basada en el despojo y la explotación que nos empobrece y margina a la gran mayoría de seres humanos. La nueva normalidad puede ser nuestra si lo decidimos y actuamos a favor de ello, una lógica diferente de la actualidad, que implante la justicia como hecho concreto y extirpe las formas de violencia opresiva que nos ha definido hasta ahora, hablar de un nuevo mundo no es utopía irrealizable si asumimos la conciencia y la volvemos praxis para materializarla.

Hay quienes defienden la normalidad actual, es lógico, por mucho tiempo se han beneficiado de ella, desean que las estructuras se mantengan y todo siga como antes, no les ha importado la pobreza pues se han beneficiado de la explotación al trabajador y a la trabajadora durante siglos, tienen nulo interés en extirpar la violencia contra la mujer porque la fomentan y la disfrutan, su machismo es estructural para perpetuar la doble o triple explotación de la mujer, usan de la discriminación para separarnos y así mantenernos segregados, desarticularon todos nuestros derechos, discriminan la diversidad cultural y social, violan flagrantemente nuestros derechos, como lo han hecho con los aspectos laborales y el derecho a la salud que tan evidenciado ha quedado por las precarias condiciones de atención y la falta de infraestructura y, ahora, con el cinismo acostumbrado, buscaran hacer negocio en esos rubros y seguir enriqueciéndose a cuesta de los pueblos, les gusta la corrupción y el narcoestado, lo construyeron para su disfrute, ellos y ellas, la derecha ultraconservadora que rabiosa vocifera, querrá evitar cualquier transformación en beneficio de los oprimidos, a nosotros, los oprimidos, nos corresponde hacer lo nuestro y cambiar la llamada normalidad por una nueva realidad, verdaderamente justa, democrática, incluyente, equitativa y libre.

 

Integrante del Colectivo Disyuntivas

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