La justa Memoria de una República democrática

En su artículo La Memoria Democrática de todos, firmado como historiador y director de Departamento en la Universidad Complutense de Madrid, el Sr. Rey dice:

Los constituyentes optaron por no hurgar en las heridas de la guerra, conscientes de que los pasados traumáticos -máxime en un enfrentamiento civil por definición complejo- sólo sirven para dar pie a interminables debates (…) Pretender ahora ajustes de cuentas con el pasado no conduce a ningún lado (…) No parece que después del 18 de julio las altas instancias del Gobierno de la República alentaran el terror, pero tampoco hicieron gran cosa por evitarlo (…) Secuencia criminal que se prolongó durante cerca de seis meses (…) La actuación de los tribunales populares es perfectamente comparable con la de los franquistas (…) Se cometieron innumerables crímenes contra la Humanidad en nombre de la República (…) De esas víctimas ya casi nadie se acuerda y merecen el mismo respeto (…) La guerra fue producto de un golpe militar frustrado, a raíz del cual, en la zona republicana, se inició el proceso revolucionario. Pero las bases de la convivencia se habían roto mucho antes del 18 de julio de 1936 (…) Muchos fueron los culpables a diestra y siniestra (…) Alguien debería preguntarse por qué tantos millones de españoles -incluidos tantos republicanos de 1931- aceptaron como un mal menor la dictadura de Franco (…) ¿Por qué la democracia no puede hacer suyas en pie de igualdad a todas las víctimas?&nbsp

Antes de rebatir al Sr. Rey, reproduzco unos párrafos ilustrativos tanto sobre la llamada represión republicana como la franquista. Son de alguien poco sospechoso de parcialidad: el reputado historiador británico Antony Beevor. Dice en su libro La Guerra Civil Española (Editorial "Crítica", Barcelona, 2005):&nbsp

Las características fundamentales de la violencia en zona republicana fueron el descontrol, la corta duración del proceso y la casi inmediata intervención de las autoridades republicanas y de los dirigentes de los partidos para intentar detener la locura homicida (…) El nuevo Gobierno de unidad formado por socialistas, comunistas y anarquistas tomó severas medidas para restablecer la ley y el orden constitucionales. Se consolidaron los tribunales populares (…) Así terminaron "sacas" y "paseos". Pero ya antes, las autoridades republicanas, si bien descoordinadamente, habían tratado de detener la violencia y de esclarecer los crímenes, como consta en los informes policiales (…) En total, el número de víctimas del terror en zona republicana durante el golpe de estado y la guerra sería de unas 38.000 personas.

La naturaleza de la represión nacional no tuvo nada que ver con la violencia en zona republicana. En primer lugar, hay que tener presente que la idea de hacer limpieza formaba parte de los planes golpistas (…) Tenían que llevar a cabo una represión dura e intensa para arrancar de cuajo la experiencia democratizadora de la Segunda República e impedir que volviera a intentarse (…) Entre julio de 1936 y comienzos de 1937 los nacionales permitieron la matanza "a discreción" bajo el bando de guerra, pero luego se planificó, dirigió y se realizó metódicamente alentada por las máximas autoridades (…) Le represión franquista durante la guerra y la posguerra podría situarse alrededor de las 200.000 víctimas.&nbsp

Teniendo esto en cuenta, paso a responder al Sr. Rey punto por punto:&nbsp

¿Por qué la democracia no puede hacer suyas en pie de igualdad a todas las víctimas? Porque si no hay verdadera Memoria republicana no hay igualdad posible. Hasta ahora sólo hubo Memoria franquista. Además: precisamente en nombre de la Democracia no debe haber igual Memoria entre quienes la defendieron -los republicanos- y quienes la mataron (los franquistas)

De las víctimas de la violencia republicana ya casi nadie se acuerda y merecen el mismo respeto. Falso lo primero: las recuerdan innumerables monumentos, placas, libros (la Causa General) etc. En cuanto al respeto, nadie lo pierde. La muerte misma lo impone. La muerte iguala, Sr. Rey: pero es en la muerte, no en la Vida. Tampoco en el recuerdo. Respeto, sí. Equiparación, no.&nbsp

Alguien debiera preguntarse por qué tantos millones de españoles -incluidos tantos republicanos de 1931- aceptaron como un mal menor a Franco. Ni tantos millones, ni republicanos de verdad, sino de conveniencia. Cuando vieron peligrar sus intereses de clase acomodada, apoyaron al fascismo. Igual pasó en Alemania e Italia. Un historiador como Vd. ya debería saberlo.&nbsp

El Gobierno de la República no evitó el terror (…) El mito de los incontrolados. Le remito a Beevor. Vd. mismo admite que "los resortes del estado se hundieron" y la violencia "duro seis meses". Significa que en cuanto el Estado republicano se recompuso, la violencia cesó. Los crímenes no fueron obra del Gobierno de la República, sino, precisamente, del desgobierno fruto del Golpe. La realidad de los "incontrolados" la prueban los esfuerzos que hizo la República hasta erradicarlos. Consulte hemerotecas.&nbsp

Tribunales populares, igual que los franquistas. Asombroso que el Sr. Rey ignore en qué lado estaba -y sigue estando- la Legitimidad. Los Tribunales Populares de la República eran, con más o menos acierto, la Ley. Los franquistas, el Crimen.

Crímenes contra la Humanidad cometidos en nombre de la República. Hasta en nombre de las causas más hermosas hay indeseables que cometen crímenes. Pero, ¿anula Torquemada la fraternidad de Cristo? Vd. señor Rey, no se cuestiona la Democracia por el hecho de que en su nombre ciertos individuos cometieran el crimen de la Guerra de Irak. No cuestione entonces a la República por vilezas que no cometió. Y recuerde: en la República, el Crimen fue la excepción. En el franquismo, la norma.&nbsp

Ajuste de cuentas. No falte el respeto a los depositarios de la soberanía popular, Sr. Rey. El Parlamento no es una banda de facinerosos. No ajusta cuentas: hace Leyes. Y vea Vd. lo que reclaman -lo que reclamamos- las asociaciones de Memoria Histórica. Es fácilmente consultable en internet: los Manifiestos ciudadano de condena al franquismo y&nbsp 13 puntos mínimos para el debate sobre la Ley de Memoria. Justicia se pide en ellos, y no venganza. Memoria. Pero no cualquier Memoria: una Memoria de Ley: la que principie condenando al franquismo y anulando sus sentencias. No se trata de restituir la dignidad como Vd. dice y (eso sí) acepta. La Dignidad, Sr. Rey, es aquello que nadie te puede dar y nadie te puede quitar, en palabras de Calderón. Nunca la perdieron los republicanos y antifranquistas. De lo que se trata es de restituir su legalidad . Reparación jurídica. Porque la República, no olvide, era la Ley. Y el franquismo, la ilegalidad.

Reabrir las heridas. Una herida profunda no se cura con no tocarla. Hay que limpiar, desinfectar, y entonces y sólo entonces, cerrar cauterizando. Prueba de que no se hizo en 1978 es el volver a abrirse. Y no por premeditación política, sino por espontánea iniciativa ciudadana. Por impulso desde la base. Volvió a abrirse la herida porque supuraba. Lo que cumple ahora es curar de verdad.&nbsp

Enfrentamiento complejo (…) Muchos culpables a diestra y siniestra. Las interpretaciones, si se quiere, siempre son complejas. Los hechos, en cambio, acostumbran a ser de una claridad hasta brutal. Y los hechos, Sr. Rey, son que el 18 de julio de 1936 unos militares traidores amanecieron asesinando a su Pueblo, Y que sólo consiguieron imponerse gracias al apoyo de la Alemania Nazi, la Italia Fascista y algunas multinacionales norteamericanas (Texaco…). También, a la inhibición cobarde de los gobiernos de Francia e Inglaterra. Ésos son los hechos y ésos los culpables, Sr. Rey. No intente el viejo truco de la extensión de responsabilidades como forma de eximirlas. Así justifica Vd. el Golpe.

Yo quiero aquí, para ir terminando, reproducir unas palabras del Presidente Don Juan Negrín, republicano ejemplar, infatigable resistente al fascismo y patriota verdadero. Es decir: en el sentido social; Patria que es el Pueblo trabajador y universalista.

Dice Negrín en alocución radiada el 24/12/1938:&nbsp

Aprovecho lo que el día de hoy representa para hacer un llamamiento a nuestros adversarios que se vanaglorian de estar infundidos de espíritu católico. Yo invoco sus sentimientos para que se elimine, en cuanto sea posible, toda ferocidad estéril y contraproducente. Se ha sembrado ya bastante odio, tanto que hace temer sea difícil por mucho tiempo que fructifique la paz en nuestra Patria. Poned coto a toda fría ferocidad superflua que nadie perdonará y que hará más difícil la convivencia mañana&nbsp

Yo emplazo al Sr. Rey, como el historiador que es, y para comenzar a hablar de&nbsp &nbsp &nbsp igualdad, a que encuentre una declaración parecida en algún dirigente franquista. Porque ahí está&nbsp también la diferencia. Sí encontrará, en cambio, frases como ¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte! (ex-general Millán Astray) o Hay que matar, matar, matar; exterminar un tercio de la población y limpiar el país de proletarios (ex-capitán Gonzalo de Aguilera, Jefe de Prensa de Franco) o Hay que sembrar el terror. Todo aquél que sea abierta o secretamente partidario del Frente Popular, debe ser fusilado (ex-general Mola).&nbsp

Yo Invito al Sr. Rey y a los lectores a que juzguen en qué lado estaba la Humanidad y en cuál el Genocidio.

&nbsp Añadir, que si he antepuesto el "ex" a los traidores (como hago con el propio Franco) es porque por Ley -por Decreto de la República- dejaron de ser militares pasando a ser, hasta el fin de sus días, delincuentes. Militares de verdad; militares leales al Pueblo, lo fueron, por citar dos nombres, el general Vicente Rojo y el coronel Luis Barceló, así como todos aquellos surgidos de las filas del heroico Ejército Popular de la República española.&nbsp

Acabo: Vd. pide, Sr. Rey, una Memoria Democrática de todos. Grandes intenciones. Pero la cuestión es que no todos fueron demócratas. No lo fueron los franquistas. Sí la República y sus gobiernos del Frente Popular, donde cupieron, en unidad, republicanos de centro-izquierda, socialistas, comunistas, y hasta anarquistas conscientes. Aquello sí fue Democracia, y en plena Guerra. Por eso, frente a su o­ntológicamente imposible&nbsp Memoria Democrática de todos, Sr. Rey, las asociaciones de la Memoria Histórica defienden, defendemos, en Justicia, la Memoria de las víctimas del franquismo, y con ella, la justa Memoria de una República democrática.

NOTICIAS ANTICAPITALISTAS