La izquierda y los medios (de Comunicación)

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Un interesante debate sobre el papel de los medios de comunicación en el aquí y ahora, llevó en el coloquio a una participante a hacer una reflexión-pregunta muy lúcida: qué relación tenían las mujeres y hombres de izquierda con la prensa en el franquismo. Esto es, qué grado de lectura, de influencia, tuvo en nuestra gente el ARRIBA, YA, ABC, ALCÁZAR, HOJA DEL LUNES, LA VANGUARDIA ESPAÑOLA… . La oposición frontal al régimen provocaba que las personas antifranquistas tuvieran una percepción exacta de lo que era esa prensa, de los intereses que representaba, del papel exacto que jugaban en la defensa del fascismo. La despreciaban por ello.

Trasladada la pregunta a la España del 2018, con televisión y digitales, la respuesta no parece ser tan clara por la propia nebulosa que los dueños del poder han vertido. EL PAÍS, EL MUNDO, ABC, LA RAZÓN, LA VANGUARDIA…, por citar los medios en formato papel con mayor difusión, mantienen las directrices de defensa acérrima del régimen (monarquía, UE, OTAN, Iglesia católica, mercado, IBEX…). con la evidencia que en el negocio juega un papel destacado los millones que reciben del Estado (vía publicidad o ayudas directas), con la consiguiente retroalimentación. Pero, ¿y la gente de izquierda, cómo se relaciona con esa prensa y otros medios digitales que apuestan por el reformismo como salvación del capitalismo? En general, la idea de que se trata de un negocio con intereses espurios se olvida pronto, para poder consultarla sin pensar en esas cosas que tanto condicionan, y poder decir con cierta devoción “lo leí en El País”.

Suele afirmarse con criterio que pocas empresas han hecho tanto daño a la izquierda como el Grupo Prisa (El País, Cadena SER….) al forjar la idea en cientos de miles de personas, que la socialdemocracia felipista (aquí y allá) era la izquierda, la única posible y ligada al concepto de Europa, modernidad y civilización, y que más allá, lo que lamentablemente había era revolución, violencia, antigüedad, abismo y, sobre todo, imposibilidad de hacer negocios. Hubo demasiada gente que compró el discurso, y aún hoy entra en elpais.es a que le cuenten el mundo desde una perspectiva progresista. Blandir para ello las soflamas fascistas del ABC o La Razón hacen el resto: yo o el caos, el menosmalismo a escena.

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