La izquierda independentista pone la pelota en juego


En los últimos meses se han producido importantes movimientos en la política vasca. La izquierda independentista ha tomado la decisión estratégica de jugar la segunda parte del fallido proceso de resolución política de hace tres años. Otros agentes políticos, sindicales y sociales también están saltando a la cancha para que el partido concluya con el respeto a las decisiones que tome la sociedad vasca. Y ya rueda la pelota, por mucho que el gobierno del PSOE trate de pincharla.

El pasado 14 de noviembre, la izquierda abertzale abrió juego con la declaración política presentada en Alsasua (Navarra). En ella, apostaron firmemente por la puesta en marcha de un proceso de cambio político y pacificación, a través de una herramienta justa para todas las partes del conflicto, el “proceso democrático”, que debe desarrollarse “en ausencia total de violencia y sin injerencias, mediante la utilización de vías y medios exclusivamente políticos y democráticos”. El documento que presentaron evoca los principios del senador George Mitchell, que facilitaron el diálogo político resolutivo en Irlanda, y aboga por reproducirlos en el conflicto vasco.

Mientras 110 personas muy referenciales en el independentismo lanzaban este mensaje en Navarra, el mismo documento era presentado en Venecia en el marco de la “Conferencia sobre procesos de paz y resolución de conflictos”, organizada por el Centro Pace y el ayuntamiento italiano. Junto a una portavoz de la izquierda vasca, en la mesa se sentaban el abogado sudafricano y mediador en diversos conflictos Brian Currin; el ex miembro del IRA y diputado del Sinn Feinn Raymond McCartney, y Emine Ayna, representante del partido kurdo DTP. Asimismo, Gerry Adams, presidente del Sinn Fein, y Nelson Mandela, ex presidente surafricano y Nobel de la Paz, también enviaron mensajes apoyando esta iniciativa política.

Brian Currin reveló que esta declaración la iban a hacer pública Arnaldo Otegi, Rafa Díez Usabiaga, Sonia Jacinto, Miren Zabaleta y Arkaitz Rodríguez, que fueron encarcelados el 13 de octubre por orden del juez Baltasar Garzón. Paradójicamente, la acusación contra estos líderes políticos y sindicales se basa en el trabajo que estaban realizando en la dirección que ahora apunta el documento. Por ello, su encarcelamiento provocó el rechazo de la mayoría de los partidos políticos y sindicatos del país, que organizaron una multitudinaria manifestación.

Estas detenciones pretendían también torpedear el debate iniciado por las bases de la izquierda abertzale hace unos meses, en el que han analizado la estrategia a seguir hacia ese proceso democrático. Y estuvieron acompañadas del encarcelamiento de 32 militantes de Segi, las juventudes independentistas. Pero ese debate ya ha concluido, por encima de toda esta represión, logrando reunir a más de 7.000 personas en cientos de asambleas realizadas por todo el país.

En las conclusiones del debate, la izquierda abertzale constata que este tiempo político se caracteriza por el agotamiento del modelo del autonomismo y por la persistencia de una situación de bloqueo basada en la represión. La conclusión es, por tanto, la convicción de «llevar a cabo el cambio de ciclo, para avanzar en el cambio de marco y en la resolución del conflicto».

Así, las bases del independentismo han constatado que deben situar el trabajo realizado durante años en el camino de ganar y «si en su momento ese camino pasaba por resistir, hoy se basa en el cambio». Para ello, han analizado cuáles son los instrumentos y puntos de apoyo más adecuados, llegando a la decisión de que han de «priorizar la dimensión política» y «acumular fuerzas para el cambio». «Ha llegado la hora de intentar crear una nueva situación», apuntan.

El objetivo de esta fase es, por tanto, conseguir ese cambio político que, según señalan, «se base en el reconocimiento nacional de Euskal Herria y en la aceptación del derecho de autodeterminación». La izquierda abertzale entiende que hay condiciones para ello, visto el agotamiento del marco, que otros agentes abertzales comparten esta tesis y que la mayoría de la sociedad apuesta por la solución del conflicto en términos democráticos.

El cambio deberá tener un claro componente de construcción nacional y se constata, además, que «quedaría cojo sin cambio social». Por eso, se mantiene que es preciso no sólo hacer frente a los estados, sino también «a las injusticias que impone el modelo neoliberal». La lucha de izquierdas debe marcar la orientación del cambio y, en esa materia, «el trabajo que ha de realizar el sindicalismo es fundamental».

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