La inquietante ternura de Sara Mesa

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Por Iñaki Urdanibia

« El niño no deja de decir lo que hace o intenta hacer: explorar los diferentes medios,

por trayectos dinámicos, y elaborando el mapa. Los mapas de los trayectos son esenciales a la actividad psíquica»

                                               ( Gilles Deleuze )

« La moral colectiva actual nos hace creer que lo importante es superar a los otros, luchar, ganar. Estamos en una sociedad de competición. Pero un ganador es un fabricante de perdedores. Hace falta refundar una sociedad humana en la que la competición será eliminada . No tengo que ser más fuerte que el otro. Debo ser más fuerte que yo mismo gracias al otro »

                                              ( Albert Jacquard )

A quien le guste la lectura dulce y que no suscite problemas no ha de acercarse a los libros de la joven madrileña ( 1976), aunque bien podría decirse sevillana ya que en la capital del Guadalquivir habita desde niña. Y empecemos por el final, por su última novela publicada: « Cara de pan » ( Anagrama, 2018).

La ternura y la inquietud avanzan de la mano desde las primeras páginas en las que nos encontramos con un par de singulares personajes: Casi ( una niña de casi catorce años) que busca refugio en el parque en las horas en que debía estar en el instituto), ya que el ambiente de tal lugar no hace sino molestarle, en especial por los insultos de una tal Marga que le llama cara de pan, y se ríe de la candidez de la niña, le rebota igualmente las propuestas de realizar trabajos en grupo, a ella que le gusta la soledad…el Viejo, como su nombre indica es un señor mayor con aspecto de vagabundo con el que un día se da el encuentro en el parque; él ama los pájaros, terreno en el que demuestra ser un verdadero experto, y admira con fervor la voz de Nina Simone, de la que conoce de pe a pa las letras de sus canciones del mismo modo que las vicisitudes de la vida, maltratada por ella. Los dos seres , aislados de la sociedad que les rodea, comienzan a congeniar y a darse conversación sobre los temas que al señor le gustan y con respecto a los problemas de la chica.

La relación narrada provoca una indudable ternura ya que se palpa la inocencia que hace que dos seres , con problemas con lo que hace al trato con sus-digamos-semejantes, busquen apoyo en uno en el otro, charlando, contándose sus cuitas, y compartiendo la diferentes chucherías que consiguen. Acompaña a sta inocencia nombrada, una sensación de que en torno a tal relación se masca la tragedia: no tanto por el temor que en el lector, al menos el que yo soy, va anidando sobre la extraña relación, y que le hace temer alguna situación impresentable, sino por el peso que tienen los estereotipos que conducen a mal pensar y a esperar lo peor en un caso como el que nos van presentando con delicadeza y finura. Si lo que acabo de decir se da por válido, el quid de la cuestión reside no obstante en la visión que sobre estos asuntos tienen los policías de la mente, que todo lo explican, clasifican y domestican, con tendencias dominantes a la patologización a todo aquello que se sale de la norma. En las conversaciones entre ambos, además de la incómoda situación de la muchacha con sus compañeros de estudios, el desagrado de que admirado hermano mayor se hubiese marchado para estudiar dejándola a ella sola con sus padres, y…la murga inquisitorial, y que todo lo explica con etiquetas, de la orientadora del centro escolar; por su parte, al Viejo le han salido a su encuentro vigilantes y policías que han visto en él un comportamiento sospechoso, en las cercanías de colegios, charlando con los niños, a lo que se ha de sumar algún problema de supuestos abusos con una compañera de trabajo que acabó con él: en una ocasión en las celdas de comisaría y en otra en un centro psiquiátrico; a esto viene a añadirse, para más inri, la indebida paternidad del Viejo, a la que por cierto la escritora otorga, tal vez, cierta importancia explicativa de cara al comportamiento desviado del sujeto …La solidaridad que brota entre ambos tiene como base esa diferencia que aleja a ambos de la normalidad , lo que todo parece indicar, según cierto tipo de miradas, que sus comportamientos son patológicos, y claro, puestos a buscar causas y efectos y cabezas de turco, es obvio que todo conduce a hallarlo en el ser de más edad, de vida extraña, y con unos antecedentes – que aun sonando a hueco en su fundamentación- …qué se puede esperar de un Viejo así. Los fantasmeos de la chiquilla en su diario, llenado sus huecos y carencias afectivas…harán el resto.

Pues bien , Sara Mesa mantiene el pulso de la historia con la virtud de mostrarnos una situación sana que por su propia condición, la abismal diferencia de edad, hace que sea vista como extraña, fuera de la norma, y, en consecuencia, por los bordes del riesgo…de las amistades peligrosas, de los engaños, de los abusos…El equilibrio que mantiene la descripción del trato entre ambos personajes, hace que resultan realmente simpáticos al lector, ya que la relación se asemeja a la propia que se establece entre una nieta y su abuelo, aprendiendo la primera cantidad de cosas de la vida a través de las lecciones del anciano.

Luego están las sospechas, la galaxia de adultos – especialistas o no-, que enturbian lo que en principio debería ser observado y juzgado con otros ojos, en la senda de aquello que dijese el de Tarso: no hay nada impuro para los ojos de los puros.

En fin, si ya en las anteriores novelas y cuentos ( léase La mala letra) de la escritora nos las habíamos con seres obsesivos, con ciertos seres que avanzan por los márgenes, por los límites que se asoman, o hacen asomarnos, al abismo, llevándonos a movernos por la senda de la culpa, de las imposiciones que encorsetan a los jóvenes sujetos( especial atención a las niñas y a los procesos de domesticación institucionalizada a que son sometidas),…en esta ocasión, Sara Mesa da otra vuelta de tuerca haciéndonos pasar las páginas con cierto temor y temblor, con una continua curiosidad empapada de duda e incertidumbre…acerca de la imposibilidad de un final feliz….y un certero descoloque con respecto a la lógica dominante que tiene recetas válidas ante cualquier situación o comportamiento sea del tipo que sea, ya que…siempre hay una casilla en la que hacer casar el caso.

Y… a servidor una inmediata asociación de ideas le asoma y le lleva a los pagos cercanos, en los terrenos del ensayo, a los Georges. Lapassade, a los hombres infames del autor de Vigilar y castigar, Robert Castel, Félix Guattari… Mille plateaux : « La maestra de escuela no se informa cuando pregunta a un alumno, al igual que no informa cuando enseña una regla de gramática o de cálculo. Ella “enseña”, da órdenes, ella manda». Y así.

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