La indignación de «esos de atrás» con las palabras del presidente de Ebro Foods

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Protegido en su burbuja de multimillonario, Antonio Hernández Callejas, presidente de Ebro Foods, se permite sugerir que «estos de atrás» a los que se dotará con una renta mínima se convertirán en vagos «ociosos» y «adoctrinados» del Gobierno de turno

Cuando un rico hijo de ricos, que accedió a su inmensa fortuna por vía de herencia, llama vagos al resto de sus compatriotas que luchan cada día por poner un plato de comida delante de sus hijos, no sólo falta a la verdad, sino que muestra un grave problema moral y un punto de crueldad.

Ante el foro organizado por la CEOE para hablar de la crisis de la COVID-19, Antonio Hernández Callejas, presidente de Ebro Foods ha dicho: «Las políticas de una renta básica permanente y no coyuntural consiguen adoctrinar a gente que se acostumbra a la ociosidad».

Cuando un rico hijo de ricos -que accedió a su enorme fortuna gracias a un canal construido con el trabajo esclavo, y hasta las vidas, de cientos de presos políticos del «victorioso» general Francisco Franco, y cuya empresa fue incluida en 2013 en un informe de Oxfam por las condiciones de sus trabajadores en terceros países– sugiere que los obreros de clase baja de su país buscan una «paguita», no sólo muestra una total falta de empatía, también, desde la seguridad de su cómoda burbuja de multimillonario, un absoluto desconocimiento de la realidad en la que viven sus conciudadanos: sobrevivir con 462 euros.

Ha dicho: «Esas políticas (…) consiguen hacer un clientelismo (…). La dignidad de la persona necesita un trabajo y no un subsidio o un cheque que crea dependencia y falta de libertad».

Cuando un rico hijo de ricos -que no paga casi impuestos en relación con su inmenso patrimonio e ingresos gracias a la utilización de instrumentos como las Sicav, que permiten eludirlos legalmente, al que Hacienda levantó acta por impago de impuestos durante años, como consta en la propia memoria de la empresa- se queja de que parte de lo que aporta al bien común vaya a servir para garantizar una mínima dignidad vital a los más desafortunados de sus compatriotas, no sólo muestra una absoluta falta de patriotismo, sino también de respeto a los miles de trabajadores que los pagan religiosamente y por adelantado con las retenciones de sus nóminas.

Ha dicho: «Algunos me dirán que hay que empezar por una reforma fiscal, pero es que los empresarios pagamos impuestos y estamos dispuestos a asumir una reforma fiscal justa pero no confiscatoria, llena de soflamas de otras épocas”.

Cuando un rico hijo de ricos, que figura en las listas de los más ricos, sólo con sus 3.047.000 de retribución en Ebro Foods, una pequeña parte de sus ingresos anuales, podría pagar 6.600 rentas mínimas de 462 euros (hay que ver que demagogo soy, ¿verdad?), genera escándalo en el pueblo llano y trabajador. Es más, mientras los trabajadores miran con miedo a un futuro sin ingresos y desempleo, la empresa cotizada que el preside, Ebro, gracias a la pandemia, aumentó sus ventas en el primer trimestre más de un 22%. Y sus beneficios netos todavía más, un 30% que se traducen en casi 50 millones de euros (ya lo saben los ultraliberales, más demanda justifica subidas de precios).

Ha dicho: «Creo que el Gobierno debería de ser sensible a hacer una política fiscal inteligente, no una exclusivamente distributiva (…) El sistema debería tener una contención para que, sin dejar a nadie atrás, como se dice ahora, no hacer que estos de atrás se instalen en el conformismo».

Pues si no fuera por ese conformismo es posible que el despreciativo Antonio Hernández Callejas («estos de atrás») no pudiera disfrutar tranquilamente de su afición al golf en exclusivos clubes con vallas altas, o de la paz de sus relajantes paseos, porque las calles estuvieran incendiadas por el creciente número de «estos de atrás» indignados.

 

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