La increíble historia de Anteo Zamboni

Corría el año 1926 en la cada vez más fascista Italia, más concretamente era el 31 de octubre de ese año. Benito Muzzolini estaba terminando su visita a la ciudad de Bolonia, donde se podían apreciar miles de banderas tricolor, y como no, no faltaban los fascios en el ambiente.

Un ambiente nada caldeado, pues meses antes habían sido encarcelados los opositores del régimen y todo rastro de desobediencia civil sería castigado con suma dureza, y por supuesto violencia. Por lo que se esperaba todo un éxito dicha visita del Duce, cuyo propósito principal (además del propagandístico que tanto gustaba), era la inauguración del estadio más grande de Italia, tal y como deseaba el cacique local Leandro Arpinati. Para que podamos entender de la importancia del evento, que además de lo mencionado conmemoraba el cuarto aniversario de la Marcha sobre Roma, era la presencia de 3.900 soldados, 3.050 miembros de la Milizia, 500 carabineros y 350 policías custodiaban la marcha que con ánimo seguían los escuadristas.

Todo parecía perfecto cuando de repente se escuchó un disparo, que iba dirigido al Alfa Romeo rojo en el cual se encontraba Muzzolini, aunque únicamente rozó al dictador sin causarle mayor consecuencia que un sobresalto. Entonces un gran revuelo se instala en las calles, en busca del agresor para castigarlo severamente como había sido promulgado por el régimen anteriormente.

Entonces el teniente Pasolini, padre del conocido escritor y director de cine, dijo haber visto al agresor en cuestión (aunque más tarde se sabría que únicamente pudo ver el brazo armado tras su espalda), y &nbsp acusó al verdadero protagonista de esta historia, el joven Anteo Zamboni. Las consecuencias de dicha acusación ya pueden imaginárselas, un linchamiento brutal y sin misericordia del populacho como gustaba llamar por el dictador al joven, que después de una tanda de puñaladas fue arrastrado a una esquina con la ayuda de fuertes patadas. Según comentan los testigos, su cuerpo era irreconocible dos horas más tarde.

Fueron injustas y crueles las penitencias a su familia por este acto, sus padres fueron condenados a 30 años de cárcel cada uno, en una sanción ejemplar pues fue el primer caso importante del Tribunal Especial italiano y se quería demostrar muchas cosas al pueblo. Conviene conocer que su padre Mammolo era un reconocido anarquista (no muy convincente según se sabe), y que en los últimos meses se había pasado al fascismo. Este hecho no esclarece ni mucho menos la razón por la que Anteo atentó contra la vida del Duce, y hace pensar a la mayoría de los historiadores que el atentado fue íntegramente ideológico, algo que sorprende y mucho en un chico de tan temprana edad. Aunque digo, existe cierta polémica acerca de este punto.

La muerte de Zamboni fue la excusa perfecta para que el régimen fascista italiano pudiese prohibir el multipartidismo, la libertad de prensa e instaurar la pena de muerte. Además sirvió para concienciar a las masas de que en el Duce se encontraba una figura emblemática, donde el poder y la convicción era su mayor arma. Más tarde se encargarían de hacer olvidar esta trágica historia, manipulando la información durante décadas.

Esta historia, más allá de ser entrañable y merecedora de su conocimiento, debe servir a la juventud para entender la importancia de poseer una ideología concreta, y luchar por ella. No es incitación a la violencia, sino defensa de su propia libertad y derechos. Anteo Zamboni luchó por su libertad, pues sabía que el fascismo le privaría de ella. Más allá de ideologías concretas, ya seas anarquista, comunista o trotskista, la lucha común por un fin mayor debe ser la excusa perfecta para unirse. Siempre serán mayores los puntos en común que el distanciamiento que se pueda tener.

La historia nos ha enseñado que la unión hace la fuerza, y casos como este debe concienciar a la juventud de que todo no está perdido, que mientras quede posibilidad quedará esperanza. Que no sea en vano la muerte del joven Zamboni, pues dio su vida por la libertad intentando cambiar las cosas. No te olvidamos Anteo.&nbsp

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