La impostura Puigcercós, el nacionalismo español y el subdesarrollo andaluz

En este país que comienza en el Estrecho de Gibraltar y termina en Despeñaperros estamos acostumbrados a que cada cierto tiempo, políticos del norte utilicen al Pueblo Andaluz como “percha de los palos” gratuitamente. Sea Vidal-Quadras, sea Montserrat Nebreda, sea Juan Soler. Hasta ahora miembros del PSOE o el PP se intercambiaban en cada episodio los papeles en la ofensa de lo andaluz, uno emitía el exabrupto mientras el otro defendía con grandes aspavientos “la dignidad andaluza”.

Insultar al Pueblo Andaluz es rentable. Unos se llevan la aprobación (y el puñado de votos) de tod@s aquell@s que, en el fondo y calladamente, comparten los presupuestos que ya formulara Ortega y Gasset sobre “la indolencia genética de los andaluces”. Una explicación más metafísica que científica del subdesarrollo andaluz. Un subdesarrollo del que (más allá de los presuntos genes) el Estado Español y las diferentes fracciones de la burguesía dominante, representadas fundamentalmente en el PP y el PSOE,&nbsp tienen mucho que explicar. Y los otros obtienen réditos defendiendo a la víctima recurrente que es Andalucía. Cuya dignidad, por un día, les importa más que el número de ceros en suc enta corriente.

Lo novedoso es que esta vez ha sido un responsable de una organización autodenominada de izquierdas e independentista el que ha venido a sumarse al linchamiento. Hay multitud de argumentos que exponer ante la impostura de Puigcercós, que pretende cargar la culpa del subdesarrollo andaluz y el modelo neocolonial que nos impone el Estado Español de forma exclusiva en la espaldas de los andaluces. Históricos, desde una sociedad andaluza salida de la conquista castellano-aragonesa basada en el latifundio, pasando por el mercado único instaurado con los Decretos de Nueva Planta que erradicó cualquier posibilidad de industrialización autocentrada en Andalucía, hasta la división del trabajo que se produce en el siglo XIX y XX. Económicos, con el desarrollo desigual y combinado del capitalismo en el Estado Español y del que Andalucía va a ser víctima. O actuales, como el carácter extremadamente dependiente de la economía andaluza del subimperialismo español y el imperialismo europeo, o la configuración del país andaluz como mercado de consumo de las producciones industriales del norte, fuente de materias primas, enclave de industrias altamente contaminantes, frontera europea, soporte de operaciones militares del imperialismo estadounidense o espacio turístico para el esparcimiento de europeos.

El señor Puigcercós afirma que en Andalucía no se pagan impuestos. Falso. Más allá del baile de cifras que no vendría sino a mostrar la situación neocolonial de Andalucía, situación de la que he trazado algunas líneas más arriba y que Puigcercós parece no atisbar, el Pueblo Trabajador Andaluz paga un impuesto mucho más caro que un puñado de euros. En Andalucía se paga impuesto de sangre. Impuesto de sangre traducido en unas tasas de paro siempre un 50% por encima de la media estatal, en una esperanza de vida (de 79,7 años) de hasta tres años menor que otros territorios, en unas tasas de pobreza relativa que supera en 10 puntos la media estatal alcanzando al 28,9% de la población andaluza, en una juventud andaluza obligada a componer mayoritariamente las Fuerzas de Seguridad del Estado, en unas tasas de analfabetismo que superan el 4% o en una constante sangría migratoria que obliga a 1,7 millones de andaluces a vivir fuera de su país.

Puigcercós en su andanada antiandaluza no distingue las churras de las merinas, la patronal andaluza de los trabajadores, las áreas económicas centrales de este retazo del tercer mundo incrustado en la Unión Europea que es Andalucía. Puigcercós regala munición al españolismo, que presto se ofrece a defender “la dignidad andaluza” frente a “los malvados catalanes”, cuando sabemos que España es la principal culpable de las calamidades que sufre el Pueblo Trabajador Andaluz. Con su análisis interclasista Puigcercós alimenta con gasolina la hoguera del anticatalanismo como ideología cohesionadora del españolismo. Puigcercós le ha hecho un regalo a Griñan, a Arenas, a Valderas y a Chaves, dándoles la oportunidad de ponerse en el papel de defensores del Pueblo Andaluz, cuando son los pricipales mentenedores de nuestro sometimiento bajo la bota del españolismo. Y además equivoca el tiro si pretende cargar a los andaluces con el mochuelo de los problemas catalanes, demostrando que posee la visión política de un topo, y que ha adquirido los peores hábitos de los “recolectores de votos”.

Afortunadamente la izquierda independentista andaluza tiene una concepción más clara de nuestros enemigos, que no son otros que España y el Capital, de nuestros aliados, los Pueblo Trabajadores como el catalán, y de nuestras solidaridades, con aquellas luchas antiimperialistas de emancipación social y también nacional, como es la que sostiene un sector cada vez mayor del Pueblo Trabajador Catalán. En este sentido por aquí lo tenemos bastante más claro que Puigcercós. Aunque estén al caer una elecciones.

Además de enseñarle algo sobre la historia, la economía y la realidad andaluza, de la que se ve no posee ningún conocimiento, podríamos darle algunas clases a Puigcercós sobre estas cuestiones más globales que se ubican en el ámbito del socialismo y del internacionalismo. Clases gratuitas, se entiende.

Carlos Ríos.

Coordinador Nacional de Nación Andaluza.

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