“La igualdad es un valor irrenunciable de la izquierda”

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Entrevista con Ariel Petrucelli sobre Ciencia y utopía. En Marx y en la tradición marxista

Profesor de Historia de Europa y de Teoría de la Historia en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Comahue (Argentina), Ariel Petruccelli ha publicado numerosos ensayos y artículos de marxismo, política y teoría de la historia. Es miembro del consejo asesor de la revista Herramienta. En esta conversación nos centramos en su libro Ciencia y utopía, Buenos Aires, Ediciones Herramienta y Editorial El Colectivo, 2016. Se define como “marxista libertario con una amplia participación política en el movimiento estudiantil (en tiempos ya lejanos) y sindical docente”. Ha cultivado el humor político en un colectivo de agitadores culturales (El Fracaso) que editó a lo largo de más de una década dos publicaciones satírico-revolucionarias: La Poronguita y El Cascotazo.

Estábamos en asuntos de igualdad. Antes de entrar en ello si me permite. ¿Cómo ve la situación política argentina? Creo, si no ando errado, que hay elecciones en octubre. ¿Qué puede pasar? 

Es difícil prever con algún grado de certeza qué pueda suceder en octubre. El gobierno llegará seguramente en muy malas condiciones: la economía no repunta, la inflación no desciende, las pujas internas asolan a la alianza Cambiemos y la imagen de Macri no mejora en las encuestas. Sin embargo, todavía no se sabe si Cristina Fernández será candidata, y el resto de los candidatos peronistas tampoco parece estar descollando. Un tecnócrata, Lavagna, parece ser el candidato propicio de ciertos sectores empresariales, que buscan arrastrar tras su figura a al menos buena parte del peronismo. Pero Lavagna carece de carisma y de estructuración territorial. Por ahora, es todo muy imprevisible. Aunque quizá podríamos arriesgar la previsión de que, finalmente, el peronismo se encolumnará detrás de algún candidato; aunque de momento ninguno asome claramente la cabeza. 

¿Y en el país hermano de Venezuela? ¿Qué está pasando? ¿Qué puede pasar? 

Lo de Venezuela es una verdadera tragedia. Ante todo, hay que oponerse a cualquier intervención directa o indirecta de USA. Eso es lo primero. Guaidó es un verdadero payaso, como creo que los sucesos de las últimas semanas han dejado claro. Pero Maduro deja muchísimo que desear. No creo que el régimen madurista se vaya a desplomar, como anhela toda la derecha. Pero la situación económica de Venezuela es verdaderamente crítica; y no todo puede ser explicado por la “guerra económica” de la oposición. Las contradicciones internas del proyecto chavista han salido a la luz, y de la peor manera: reconocimiento de los sectores populares / vínculos clientelares con los mismos; cierta redistribución del ingreso / corrupción generalizada; apropiación estatal de la renta petrolera / mantenimiento de un patrón económico dependiente; discursividad anti-capitalista / conservación de las relaciones capitalistas de producción; democracia electoral / lenguaje de guerra civil; discurso socialista / sindicatos débiles y domesticados; elogios a las comunas y a la autonomía / poder estatal y militar crecientes. ¿Qué podrá suceder? Es difícil decirlo. En cualquier caso, lo que allí se está jugando tiene que ver con la independencia nacional y con el anti-imperialismo, pero no con el socialismo (al menos tal y como yo concibo al socialismo). 

Una más antes de entrar en materia. Creo que ha estado unos dos meses en el campo. ¿Qué tal este nuevo contacto con la naturaleza? ¿Vacaciones totales? ¿No estará pensando dejar de ser un urbanista? 

En unos años estaré viviendo en zona rural; salvo que ocurra una revolución en el interín. 

Vivirá en zona rural probablemente. Cojo el hilo de la conversación ¿Qué es en su opinión una sociedad de iguales? 

Bueno, la igualdad puede ser igualdad de muchas cosas. Digamos, para simplificar, que una sociedad de iguales es una sociedad donde todas las personas tienen de hecho, y no sólo de derecho, iguales oportunidades de elección y parejas chances de llevar una vida plena. Para esto es indispensable que las diferencias de riqueza, poder e ingreso sean mínimas. 

¿Está de acuerdo con aquella apreciación de Allen Wood sobre la oscuridad de la noción igualdad? ¿Dónde esa oscuridad señalada por Wood? 

Estoy parcialmente de acuerdo. Me explico: Wood mostró que cuando se hablaba de igualdad se podía estar hablando de igualdad de cosas muy diversas: por ejemplo de un derecho o de un objetivo social. Sin embargo, creo que fue poco sensible a la posibilidad de precisar el sentido o los sentidos específicos que se puede dar a “igualdad”. Que haya sido una noción oscura no significa que no se la pueda convertir en un concepto preciso. 

Igualdad e igualitarismo. ¿Son equivalentes? 

En cierto sentido no. La primera describe un estado de cosas; el segundo apuntala un valor o propone un objetivo. 

¿Por qué es (y acaso deba ser) tan importante la igualdad para la izquierda? ¿Concibe usted una izquierda que no tenga la igualdad como valor central? 

Creo que la igualdad es un valor irrenunciable de la izquierda, en parte porque la libertad puede ser definida en términos de igualdad (en tanto que lo inverso no es cierto), y en parte porque sin un grado importante de igualdad no puede haber genuina libertad. Cohen mostró que el dinero (o su carencia) tiene que ver con la libertad en nuestras sociedades. Los pobres carecen de ciertas libertades por carecer de dinero. 

Refúteme este “argumento”: los seres humanos, nuestras culturas, nuestras costumbres, nuestras capacidades, son distintas, incluso muy distintas. Luego, por tanto, la igualdad es una aspiración contra natura, contra nuestra naturaleza diversa y contra nuestras diversidades culturales. 

Yo diría que la igualdad no reside en tener todos exactamente la misma cantidad de exactamente los mismos bienes. Igualdad significa semejante posibilidad de adquirir o desarrollar aquellos bienes o capacidades por los que nos sintamos inclinados. Por lo demás, es dudoso que las capacidades sean tan abismalmente diferentes como a veces se sostiene. Se supone, por ejemplo, que los ingresos millonarios de los futbolistas de élite se hallan justificados por sus capacidades excepcionales. En realidad, son posibles por las descomunales desigualdades de nuestra sociedad, infinitamente más grandes que sus capacidades. Si eligiésemos a los mejores futbolistas y armáramos un equipo de sólo seis integrantes, le apuesto lo que quiera que no tendría ninguna chance de vencer a un conjunto integrado por 11 jugadores amateurs, aunque la diferencia numérica proporcional es menos del 50 %. 

Buen ejemplo. Refúteme este otro: “en todas las sociedades donde la igualdad se ha situado en posición central, la consecuencia ha sido el desastre: ineficacia, pasividad, falta de creatividad y, en el fondo, ausencia de igualdad real”. 

La afirmación no es válida para innumerables sociedades humanas, sobre todo durante el paleolítico. Podría tener validez empírica para lo observable en sociedades industriales o, mejor, dicho, en vías de industrialización; pero no hay razones para pensar que las dificultades mostradas por el igualitarismo en tales casos se debe a características inherentes de la “naturaleza humana”; antes que a circunstancias específicas en las que tales procesos tuvieron lugar. No veo por qué el futuro deba repetir, necesariamente, el mismo resultado. 

¿Por qué Engels, también Marx, eran tan reacios y críticos ante el concepto? 

Por lo vago que resultaba, creo, y por el uso estrechamente burgués que se hiciera del mismo: una igualdad legal desmentida por los hechos. 

En una nota a pie de página recomienda usted un artículo de E. Adamovsky: “Por un ética radical de la igualdad”. ¿Qué es lo que le interesa más de este trabajo? 

Creo que contiene, en muy pocas páginas y con gran potencia expresiva, los fundamentos de lo que podríamos denominar una ética socialista. 

Señala también que el valor fundamental marxiano es la libertad, concebida como autorrealización. ¿Puede haber libertad, concebida en estos términos, sin igualdad? 

A mi juicio no. Sin una dosis muy fuerte de igualdad, la libertad es papel mojado en casi todos los casos. 

En cuanto a la fraternidad, la tercera pata de la tríada ilustrada, ¿qué entendía Marx por fraternidad? ¿Contaba en su proyecto poliético o no contaba? 

Hasta donde conozco, Marx nunca proporcionó una definición precisa ni una discusión detallada sobre la fraternidad. Empero, hay indicios de que la valoraba muy positivamente y, si no en su teoría, al menos sí en su práctica, creo que se ciñó a la fraternidad como norma de conducta. 

Cita usted un texto de Eagleton en el que relaciona la ética marxiana con la estética. Le copio el paso: “Si se nos pidiera caracterizar la ética de Marx, podríamos, entonces, considerarla como “estética” y no sería lo peor que podríamos hacer”. ¿Ética reducida a estética? ¿No estamos mezclando limones con judías? 

Es un riesgo, claro. Pero el sentido de la frase de Eagleton es preciso y claro. Según él, lo distintivo de un proyecto estético es que no se guía por presiones externas. Una obra estética es aquella que no acepta una definición heterónoma. Estético es aquello que es un fin en sí mismo, y no un medio para otra cosa. En este preciso sentido, la estética presupone una libertad radical. Por ello se puede decir que la concepción ética de Marx tiene muchos puntos de contacto con la estética. 

Cuando en la cosmovisión marxista se habla del salto del reino de la necesidad al reino de la libertad, ¿de qué se está hablando exactamente? ¿Qué reino de la libertad es ese? ¿Qué nos puede garantizar la libertad en ese reino libre? 

Bueno, el reino de la libertad consiste en hacer lo que uno desea hacer por el solo hecho de desearlo, y no -una vez más- como un medio para otra cosa (como ganarse el sustento). Aunque escribir un libro es siempre, en cierto sentido, escribir un libro; resulta muy diferente si lo escribo por encargo y como una fuente de ingreso, que si lo escribo libremente, sin ninguna necesidad “exterior”, como una pura y directa manifestación de mi proyecto vital. Esta última posibilidad es a la que Marx llamaría “libre”; y a la que Eagleton asocia con los proyectos estéticos. 

En la misma línea que la anterior, ¿no se presupone en ese reino de la libertad una apuesta por el desarrollismo, por la producción irrestricta de bienes y servicios, aunque esta producción sea esta vez al servicio de la Humanidad toda, una humanidad que, por el momento, suele ser bastante poco austera? 

Austeridad es un término ambiguo. Marx llevó adelante una vida de gran austeridad de bienes materiales y suntuarios: el amoblamiento de sus diferentes viviendas habla a las claras sobre ello. Pero no fue austero en bienes intelectuales. Yo supongo que Marx, si tuviera la posibilidad de contemplar el mundo contemporáneo, se sorprendería tanto de la enorme proliferación de riqueza material superflua que caracteriza a nuestras sociedades, cuanto de la pobreza franciscana de bienes éticos e intelectuales.  

Nos vamos aproximando al epílogo. Dejo para la próxima ocasión el apartado último de este capítulo: “Normatividad ética y normatividad moral: relativismo y universalismo ético”. ¿Quiere añadir algo más sobre lo que hemos hablado? 

Agregaría que quizá valga la pena aclarar que ni la libertad ni la igualdad pueden ser absolutas. Pero ello no nos impide apreciar grados muy diferentes de libertad e igualdad (o de falta de ellas). En todo caso, libertad e igualdad son un norte, ideas regulativas.

De acuerdo, hasta la próxima entrevista. Estamos en el trecho final.

rebelion.org/noticia.php?id=254618

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