La iglesia del Poder

Cada nuevo acercamiento a los medios de comunicación, sean estos escritos, o audiovisuales, me deja una sensación de frustración. Y me lanza a hacer una comparación con la frustración que también me sucede las pocas veces que entrado a una iglesia a ser testigo de un oficio religioso.
Cuando me enfrento a los templos, a su grandes dimensiones, a sus altares llenos de artilugios que desprenden opulencia, que desprenden un tipo de amontonamiento de vanidad; me pregunto si la religión católica se ha quedado estancada en la historia, y me respondo, sin sombra de duda, que así es. Y después el rito lleno de simbolismos que hacen concreta una estratificación de valores y personajes de la institución, completa mi visión contra la expresión de los «misterios» religiosos.
Esto para analogar esta visión con lo sucede con el resto de instituciones públicas y privadas que hacen de engranajes del Estado capitalista. En estas estructuras también de desarrolla «ritos misteriosos» y poseen sus «sacerdotes» que elevan sus actuaciones a verdades incontestables, ungen a sus séquitos de grandeza manifestada en sus cuentas bancarias. Y, como en la iglesia, se atribuyen a sí mismos el derecho de decidir que es bueno y malo para el mejor desarrollo de vida social. Como la iglesia, que a sus máximos jerarcas los llenan de regalos y alabanzas, estos «sacerdotes» también son venerados por sus seguidores, que por medio de perder sus favores, ponen antecediendo a sus nombres los más variados títulos honoríficos, si no que son esos apelativos como Doctor, Ingeniero, exelentísimo presidente, señor arquitecto, señorita ministra, Señor Ministro, Señor Gerente General, Señor Economista, Señor Jefe de personal….etc…etc.
Es entonces que siendo terrenales, estos «sacerdotes» (cerdotes con eco) se elevan hasta las nubes y se consideran así mismos como los realmente elegidos para dirigir a sus «súbditos» al paraíso social, en el que, a diferencia del paraíso prometido por la religión, tendrá sus diferencias en los que unos, es decir ellos, gozarán de la «paz económica» mientras el resto tendrá que trabajar para mantener funcionando el «paraíso».
Esta iglesia del poder no podría estar completa sin los fieles incondicionales, ahí están entonces los Señores Intelectuales, editorialistas, moralistas, dueños de empresas, los tecnócratas que aspiran al «paraíso» prometido; las modelos de belleza, los galanes..etc etc.. todos elevandos sus plegarias, sus canciones, sus chequeras, su moda, su consumo, en clara muestra de fe a la iglesia del poder.
Pero como en la religión y su iglesia, que hacen parte de la otra más grande a la que nos referimos, también existimos los ateos, los agnósticos, los sin bandera religiosa. Y frente a la Iglesia del Poder los «impiós» nos revelamos contra sus sacerdotes y sus templos, contra su séquitos de «angeles gerentes», ángeles empresarios», ángeles tecnócratas» y todos los querubíes y serafines de esta laya, y vamos destronando sus dioses y filosofías en nombre del demonio de la libertad al que tanto teme la iglesia del poder.
Pronto entonces sus verdades irán a la basura de nuestro infierno y su paraíso será entregado a los mil demonios que, por sus «santidades» han quedado sin trabajo.

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