La hoja de coca, 500 años satanizada

Los tiempos cambian, pero no tanto. El actual debate internacional sobre la despenalización de la hoja de coca y los actores que lo protagonizan no distan mucho de lo que hubo 500 años atrás, cuando Castilla colonizó los territorios andinos

Los pasados 11, 12 y 13 de marzo la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) se reunió, una vez más, para tratar la demanda que Bolivia realiza desde hace varias décadas: que se retire la coca de la lista de estupefacientes de la Convención de 1961. Con su ‘quintu’ en mano (tres hojas de coca que simbolizan la cosmovisión andina), Evo Morales explicó claramente por qué esta planta es tan importante en la región andina y lo lejos que está de ser nociva para las personas.

La coca no es una droga, es un excitante, como pueden serlo el café o el té, y es mucho más que eso. La coca es alimento (tiene un alto nivel de vitaminas, proteínas, hierro y calcio) y es medicina (para problemas en los huesos, las vías digestivas e inflamaciones), y para las culturas andinas es, sobre todo, un modo de vida. Mascar la hoja de coca –“hacchar” o “picchar” en Perú, “acullicar” en Bolivia– ayuda a resistir las largas jornadas en el campo a varios miles de metros sobre el mar. Compartir, intercambiar, regalar y recibir hojas de coca son actos sociales que forman parte de una cultura y de una forma de relacionarse y de encontrarse con la gente en los Andes. Y el factor que más cuesta entender en Occidente: la coca es una planta sagrada. Con ella la cultura andina agradece a su madre, la Pacha (Tierra), y se comunica con sus ancestros y con sus maestros guías, los Apus (montañas sagradas). Su consumo es la comunión con lo sagrado, sacraliza las vivencias cotidianas y el entorno.

Todo esto que Evo Morales transmitió en la reunión de Viena es, probablemente, lo que habrían expresado los incas si les hubieran dado la oportunidad de opinar y transmitir su conocimiento sobre la ‘Kkoka’ (origen de la palabra que significa arbusto en aymara). Los españoles percibieron el poder y la importancia que tenía esta planta en las poblaciones invadidas y comenzaron a desprestigiarla a mediados del siglo XVI. A medida que avanzaban en su afán de evangelización extendían la idea de que la coca era la planta del diablo. En el año 1551 el Primer Concilio Eclesiástico solicitó al rey de España la prohibición de su consumo. La JIFE ha preferido asimismo continuar con esta postura a pesar del discurso de Evo.

En la actualidad existe también una satanización de la coca, que deriva de la confusión entre los términos coca y cocaína que se introdujo en la psiquiatría de finales del XIX. La cocaína es uno de los 14 alcaloides que contiene la hoja de coca. Fue aislada por un químico alemán en 1860. El clorhidrato de cocaína, con el que se trafica y consume en todo el mundo, es una mezcla de este alcaloide con productos químicos como el éter, la lejía y la soda cáustica y fue creada en laboratorios de países del norte que hoy se preocupan por el narcotráfico y tratan de solucionarlo erradicando el cultivo de una planta consumida hace más de 7.000 años en algunos países del sur. La Convención de 1961 prohíbe el consumo de la hoja de coca siempre que no sea con fines médicos o terapéuticos, pero esto se contradice con varias cuestiones. Diversos estudios, algunos de ellos elaborados por la propia OMS (uno junto a la Universidad de Harvard en 1975, y el WHO/UNICRI Cocaine Project, en 1995) afirman que el consumo de la hoja de coca no produce adicción ni tiene efectos físicos negativos, pero sí un valor terapéutico como tónico. La JIFE no está teniendo en cuenta la Convención de las Naciones Unidas de 1988, que reconoció el uso tradicional de la coca, ni la Declaración de la o­nU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas de 2007, ni el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo.

Su industrialización

En 2004 la JIFE expresó al Gobierno peruano su preocupación por la aparición de dos bebidas (Vortex y K-drink) elaboradas a base de coca, aunque ambas salieron al mercado con la autorización de la Dirección General de Salud Ambiental de Perú. En menos de un año habían desaparecido de los espacios comerciales.

Hay, en cambio, una bebida energética con hoja de coca que se mantiene desde finales del siglo XIX. La estadounidense Coca-Cola Company compra a la Empresa Nacional de la Coca (empresa que tiene el monopolio comercial de coca en Perú) más de 100 toneladas de hoja de coca al año y tiene su nombre como marca registrada de forma que ningún otro refresco que use hoja de coca puede llevar la palabra ‘Coca’. El artículo 27 de la Convención de 1961 establece específicamente que “se puede elaborar un agente saporífero en base a hoja de coca que no contenga ningún alcaloide y, en la medida necesaria para dicho uso, autorizar la producción, importación, exportación, el comercio y la posesión de dichas hojas”, pero la bebida Vortex, que empezó teniendo un 98% de desalcaloinizado y posteriormente un 100%, fue retirada del mercado en menos de un año. A la única empresa que le favorece dicho artículo es a Coca-Cola. Según el economista Hugo Cabienses, “si se protegiera y se alentara el consumo tradicional de la coca en Perú se consumirían hasta 30.000 toneladas y no las 9.000 reconocidas oficialmente”.

En Perú y Bolivia, paralelamente a la reunión de la JIFE en Viena, varios grupos de productores y consumidores de la hoja de coca se reunieron en diferentes encuentros difundiendo y defendiendo los múltiples usos que se le podría dar a los cultivos de coca de estos países (uso tradicional, industrialización de harina, pan, galletas, jabones, pastas dentales, pomadas, jarabes…), con lo que se evitaría que su destino fuera el narcotráfico. En los Andes los elementos se entienden desde su totalidad, la hoja de coca es un ‘todo’, ¿cómo pretende explicarle la JIFE a los pueblos andinos que está prohibido el consumo de su hoja milenaria porque contiene cocaína?, ¿cómo convencerles de que su consumo hace daño si llevan generaciones nutriéndose y curándose con ella?



FRACASO DE LAS POLÍTICAS ‘ANTI’

La Comisión Europea (CE) presentó un informe en marzo donde reconocía el fracaso de la estrategia represiva en la política internacional sobre drogas llevada a cabo de 1998 a 2007, que no ha conseguido que bajen los consumidores ni que desaparezca la violencia. Diferentes organizaciones sociales que trabajan sobre las políticas de drogas, las drogodependencias y las personas afectadas han exigido a la o­nU que tenga en cuenta este informe crítico de la CE a la hora de diseñar la política mundial sobre drogas para la próxima década. Estos colectivos señalan que resulta muy significativo que la CE reconozca públicamente la política mundial antidroga, que causa más daños de los que pretenden resolver, y demandan políticas centradas en la salud pública y el levantamiento del veto sobre las políticas de ‘reducción de daños’.

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