La Guerra vuelve al Sáhara Occidental

En las últimas semanas nos han llegado una gran cantidad de noticias provenientes del Sáhara Occidental. Marruecos rompió el alto al fuego que se firmó en 1991 a mediados de noviembre y miles de saharauis se han desplazado a la frontera de la zona ocupada para hacer frente al ejército. Está claro que existe un conflicto en la región y que éste está recrudeciéndose. El problema es que, según el medio de comunicación que leas, la responsabilidad la tienen unos u otros. Por ejemplo, el 21 de noviembre el ABC publicó un artículo titulado “La Guerra que el Frente Polisario quiere reabrir en el Sáhara y que Marruecos y Argelia rechazan”. Esta pieza, además de blanquear el papel de Marruecos en el reinicio de la guerra, elogia el plan de Mohamed VI de otorgar una mayor autonomía a la región, bajo soberanía marroquí y asegura que cuenta con el respaldo internacional lo cual no es cierto.

Para entender mejor lo sucedido en estos días, debemos realizar, con carácter previo, un repaso histórico del conflicto en la región y de los eventos que nos han llevado hasta aquí.

La descolonización del Sáhara, una asignatura pendiente

“Pendiente de descolonización”. Ése es el estatus con el que figura el Sáhara Occidental en la Lista de Territorios No Autónomos (TNA) del Comité Especial de Descolonización de las Organización de las Naciones Unidas (ONU) desde 1963. Se trata del TNA más grande y con mayor población del mundo y el único pendiente de descolonización en África.

Como es sabido, el Sáhara era una antigua colonia española, con El Aaiún como su capital de provincia. En 1970 la ONU instó a España a que se celebrara un referéndum de autodeterminación en el territorio. El régimen franquista accedió a ello en 1974, gracias a la presión ejercida por el Frente Polisario (fundado en 1973) y por Argelia, pero el rey Hassan II de Marruecos manifestó su desacuerdo ante distintas organizaciones internacionales, alegando que se trataba de un territorio marroquí, por lo que la consulta se suspendió.

En 1975, el rey Hassan anunció que se llevaría a cabo la denominada Marcha Verde para reclamar el Sáhara. Actuó espoleado por los anuncios de que España estaba dispuesta a marcharse de la región y por el apoyo poco velado que recibía de Estados Unidos, dado que el Frente Polisario y Argelia sostenían posturas cercanas a la Unión Soviética. El 6 de noviembre de ese año, 50.000 civiles y 25.000 soldados marroquíes cruzaron la frontera y acamparon en territorio español. Estados Unidos y Francia dieron su beneplácito a la anexión del Sáhara Occidental a Marruecos en ese momento. Y, a cambio de que España se marchara y entregara el control a Marruecos, el secretario de Estado yanki, Henry Kissinger, prometió al rey Juan Carlos I que le apoyaría a consolidar la Jefatura del Estado (que es esos momentos ostentaba de manera interina) tras la muerte de Franco.

Unos días después, el 14 de noviembre, se firmaron los Acuerdos de Madrid entre España, Marruecos y Mauritania, en los que el Estado español se comprometió a abandonar su presencia en la región y se desvinculó unilateralmente de toda obligación de carácter internacional relacionada con su administración. Y así, en febrero de 1976, España se retiró del Sáhara y se lo comunicó a la ONU, poniendo fin a su ocupación.

Sin embargo, la Corte Internacional de Justicia de La Haya dictaminó que ni Marruecos, ni Mauritania, ostentan título alguno sobre la soberanía del Sáhara y que los Acuerdos de Madrid son nulos, porque España no podía transferir unilateralmente la soberanía. Y, en el mismo sentido, la ONU niega que estas potencias cuenten con capacidad administrativa sobre el Sáhara por lo que, a día de hoy, oficialmente el Estado español sigue siendo la potencia administradora del territorio 45 años después de su marcha. Esto se debe, a su vez, a que Francia ha vetado en el Consejo de Seguridad de la ONU en repetidas ocasiones que se reconozca la condición de Estado independiente.

La Guerra del Sáhara (1976-1991)

En febrero de 1976, tras irse España del Sáhara, el Frente Polisario, apoyado por Argelia, proclamó la República Árabe Saharaui Democrática e inició una guerra de liberación contra Marruecos y Mauritania.

En 1979, Mauritania se dio por derrotada, firmó la paz con el Frente Polisario y renunció a sus pretensiones en el territorio. Mientras esto sucedía, Marruecos consolidó su ocupación del territorio, bombardeó a la población saharaui con napalm y fósforo blanco (lo cual constituye crímenes de guerra) y forzó su retirada al desierto. Desde entonces, el pueblo saharaui es un pueblo castigado, con una importante parte de su población en el exilio, residiendo en campos de refugiados en el desierto. Y los saharauis que decidieron quedarse atrás, en la zona ocupada, viven bajo un régimen de mano dura contra cualquier movimiento considerado “separatista”.

En 1991, el Frente Polisario y Marruecos firmaron un alto al fuego y se estableció la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental (MINURSO), encargada de buscar una solución al conflicto.

El referéndum que no llega

Con el alto al fuego y la creación de la MINURSO se pactó celebrar en 1992 el ansiado referéndum. Desde entonces, se ha ido aplazando sucesivamente por culpa de Marruecos y, a día de hoy, todavía no se ha celebrado.

Tampoco ha accedido Marruecos a las distintas propuestas de la más que ineficaz MINURSO, aprobadas por el Consejo de Seguridad de la ONU y aceptadas por el Frente Polisario, como por ejemplo la repartición del territorio en dos Estados. La única concesión que ha hecho el rey Mohamed VI es ofrecer mayor autonomía a la zona, pero siempre bajo el control marroquí. Y es que el Sáhara Occidental es una zona de gran riqueza de recursos naturales, con abundante petróleo (explotado por empresas extranjeras a cambio de generosas comisiones al Estado), minas de fosfato y pesca.

En la actualidad, 250.000 saharauis siguen viviendo en los campamentos en el desierto argelino de Tindouf, en una zona que carece de importancia económica. Dependen de las ayudas internacionales para sobrevivir y la disciplina impuesta por el Frente Polisario es muy estricta, dado que son conscientes de que si permiten a sus habitantes abandonar estos campos su pueblo se irá diluyendo hasta su eventual desaparición. Esto se traduce en la frustración, el malvivir y el deseo de una solución para miles de jóvenes refugiados que no tienen un hogar estable, a quienes los cortes de luz les vienen dados como algo natural y que no han conocido otra situación que la (pos)guerra.

Además, el Sáhara Occidental se encuentra dividido de norte a sur por un gran muro de 2.720 kilómetros. Conocido como el Muro de la Vergüenza, es el más largo del mundo. Inspirado en la Línea Bar Lev de Israel, cuenta con búnkeres, vallas, radares de movimiento y campos de minas y se encuentra defendido por 100.000 soldados. Al oeste se encuentra el territorio ocupado por Marruecos (donde, casualmente, se encuentran los recursos naturales) y al este los denominados territorios liberados y los campos de refugiados.

La violación del alto al fuego

Y es en este contexto en el que el conflicto ha vuelto a estallar. El pasado 21 de octubre, decenas de activistas saharauis ocuparon la carretera de El Guerguerat, bloqueando el paso fronterizo entre Marruecos y Mauritania, con motivo de protesta del 45º aniversario de la Marcha Verde y para denunciar el narcotráfico que se lleva a cabo como práctica habitual en esta parte de la frontera.

Los activistas permanecieron acampados allí, bloqueando la carretera, hasta que el 13 de noviembre el ejército marroquí cruzó el paso fronterizo con la intención de abrir un pasillo de seguridad y atacó a los civiles. Esto se tradujo en un intercambio de disparos entre el ejército y el Frente Polisario. Parece ser que no se produjeron víctimas mortales. Horas después, unidades saharauis bombardearon cuatro bases militares y dos puestos de control del muro.

Al día siguiente, el secretario general del Frente Polisario y presidente de la República Árabe Saharaui Democrática, Brahim Ghali, dio por roto el alto al fuego de 1991 y declaró el estado guerra. Desde entonces, miles de jóvenes saharauis se han alistado al ejército y se ha impuesto un toque de queda en los campamentos.

Por su parte, el gobierno marroquí se niega a reconocer los enfrentamientos con el Polisario, calificando los ataques como meros “hostigamientos” y “provocaciones”.

El ejército saharaui ha bombardeo la zona de #Guergarat ayer por la noche, según han podido documentar varias fuentes locales, horas después de que el #Polisario pidiera a países, entidades e individuos abandonar la tierra porque se encuentra en un estado de guerra abierta. pic.twitter.com/GLqI2rZIKk

— Equipe Media (@Equipe_Media) November 19, 2020

De manera paralela, ha detenido en los últimos días a numerosos activistas saharauis en diversas redadas que ha llevado a cabo en las ciudades ocupadas. Esto no es una cuestión menor, pues el Ejecutivo de Marruecos cuenta con numerosas cárceles “negras” o clandestinas (como las de Ain Aouda y Temara) en las que se encierra extrajudicialmente a disidentes y se practica la tortura. Frente a estas detenciones, la MINURSO no ha dicho nada.

Comandos especiales allanan casas de saharauis. Decenas de jóvenes han sido arrestados, maltratados y torturados por las fuerzas de ocupación marroquíes en campañas de arresto a gran escala.
Marruecos está violando el derecho internacional humanitario@MINURSO__ prefirió callar pic.twitter.com/sBMIfyyD5W

— Equipe Media (@Equipe_Media) November 15, 2020

Al cierre de esta edición el Frente Polisario ha publicado doce partes de guerra. Informan que llevan bombardeando posiciones del ejército marroquí a diario desde el 13 de noviembre y que han provocado distintas brechas en el Muro de la Vergüenza.

El futuro es incierto, pero parece claro que el conflicto está lejos de resolverse, lo cual sucederá únicamente cuando se reconozca el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui y se celebre el referéndum. Y parece más difícil en un contexto como el actual, en el que Mohamed VI autoriza a empresas occidentales a explotar los recursos saharauis y se ofrece para controlar con dureza la entrada de migrantes subsaharianos a Europa a cambio de que las potencias europeas miren para otro lado y callen ante las vulneraciones de derechos humanos que comete su régimen. Y es precisamente por este silencio por lo que el Muro de la Vergüenza no solo debería darle vergüenza al Estado marroquí, sino que también debería darnos vergüenza a todas.

Para estar al día de las últimas actualizaciones recomendamos las páginas web de EC Saharaui y Equipe Media.

Fuente: Todo por Hacer

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