La guerra por otros medios.

En los países pobres la producción de alimentos está en manos de mujeres. En esos países ellas mueren mucho más de hambre que ellos. Hay un dicho en África que refleja la situación: El último en pasar hambre no es el que tiene el último trozo de pan sino el que empuña la última escopeta. ¿Nada que ver con nuestra situación? Cuando empiece la desmilitarización de EE.UU. ¿podrá Europa no remilitarizarse? Eso esperamos los pacíficos. El conflicto entre las viejas señoras del Norte y los airados jóvenes del Sur sigue abierto. Rosa Diez: “¿Es que es más hombre que yo?” Echándole en cara a Felipe su lección de arrogancia. Cuando estamos hartos de ver que eso de atribuir valor a los hombres y a las mujeres generosidad como típicas virtudes de un sexo u otro cada vez es menos cierto.

Se dijo que la entrada de las mujeres en los templos de los hombres iba a hacer que las mujeres se comportaran como hombres en mayor grado que iban a hacer que lo sagrado se feminizara. Quizá a corto término, pero con tiempo suficiente no. Somos incluso genéticamente más diferentes unas de otros que unos de otros. Como para que la diferencia no acabe imponiéndose en las maneras de valorar, en las mismas estructuras de las instituciones.

Meterse con las mujeres que van a la Universidad a hacer campaña forma parte seguramente de la igualdad de trato que todos queremos. ¡A ver si no vamos a abuchearlas porque sean mujeres! No veo mujeres haciendo trabajo de hombres, veo a niños equivocando el camino, haciendo el macho marcador de territorio como si fueran animales, con perdón. Seguramente los países explotados nos seguirán surtiendo de materias primas para poder seguir obteniendo de nosotros lecciones de civilización y ejemplos de avances sociales. Pero si no fuera así, ¿cómo íbamos a convencerlos para seguir manteniendo nuestros privilegios sin amenazas? En el fondo de muchas de esas amenazas larvadas está el patrón oro de las armas, de los músculos y falta de escrúpulos de nuestro primo norteamericano. Un desafío para las mujeres de hoy, verdaderamente, sustituir esa amenaza por una promesa creíble como factor estabilizador.

Aquello de socialismo o barbarie ha tomado hoy la forma de socialismo y barbarie, socialismo como barbarie contra los pobres parias de la tierra, que imponer a los pobres ignorantes. A ver si aprenden. ¿Cuanto tiempo podremos hacerlo manteniendo la violencia en los niveles simbólicos? Hoy 1 € vale más de 1,5$, y el barril más de 100 dólares. Sabemos perfectamente cómo esperar lo mejor: mirando hacia otro lado. Pero prepararse para lo peor sólo toma la forma de “disfruta que todavía puedes”, y eso, la verdad, es como esas parejas que deciden seguir juntos sólo mientras a los dos les apetezca: una ruptura, una capitulación, encubierta. Una angustia de castración expresada como la apología de la impotencia. De saberse incapaces de prometer.

Un amigo me dice preferir “chicas” porque se vinculan con más facilidad a la empresa, porque tienen los pies más en el suelo (quieren el trabajo para poder pagar el piso, no para adquirir experiencia, para aprender, para mejorar…) y porque tienen más capacidad de trabajo. Es curioso porque recuerdo cómo hace unos años decía que prefería hombres porque eran más inteligentes y duros, porque podía exigirles más sin escrúpulos( si pedían tiempo libre para acompañar a su madre al médico siempre podía espetar aquello de ¿por qué no la acompaña su mujer?, y cuando era una “chica” quién lo pedía se sentía obligado a dárselo) y porque cuando había mujeres por la oficina se tenía más tendencia a perder el tiempo hablando.

Si la entrada de los valores “africanos” de trabajo y empatía familiar de las mujeres en la ideología de la clase dominante va siendo una realidad es porque la amenaza de guerra se aleja. Además contribuye a que la amenaza de guerra se aleje. El que sea en la pedagogía donde haya antes empezado da esperanzas a nuestro futuro, el maestro que no puede defenderse de los malos tratos por parte de un alumno simplemente devolviéndoselos ilustra el cambio de las condiciones del juego. Todo lo que evite que la tontería se contagie es bueno. Y la mejor maestra es una maestra subversiva, es una mejora subversiva, creadora de nuevas relaciones, de otro tipo de contagios. La violencia, incluso simbólica, debería cada día ser más el último refugio de los incompetentes, en educación primero y luego en otras muchas cosas.

Sin embargo si hay una demostración clara del ocaso de los valores machistas en la cultura dominante es el número de hijos por pareja. En eso la huida hacia adelante de arreglar las cosas a base de tener más hijos sí que no cuela. Sólo en los países “en vías de desarrollo” persiste. El feminismo es la consecuencia clara del progreso. Todo un lujo. Como el tener tiempo es un lujo. Tiempo suficiente para amar además de al prójimo a los lejanos, a los hijos y a los hijos de los hijos, a los hijos de otras y a sus hijos. Después de todo sin control de la natalidad el acabar de nuevo en los malditos valores viriles de valor para la guerra de unos y generosidad para el descanso del guerrero las otras es inevitable. Y esa otra manera de achatar la campana poblacional es indigna de nosotros.&nbsp

La misma Tierra parece cerrarse de piernas ante esas maneras. Secarse de agua y de energía al considerar que esta manera de trabajar y tratarnos los unos a los otros no es más que continuar la guerra por otros medios, la vieja política machista de siempre. Deberíamos aprender de ella como de una madre, como hacen los marinos de la mar.

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