La fe religiosa en el Trabajo Garantizado

Publicidad

Por Agustin Franco

“En las decisiones clave, la dependencia del sistema capitalista y de las jerarquías estatales no han hecho posible por ejemplo ni tan solo asumir medidas humanitarias, con los desalojos o acoger a refugiados. Ya no hablemos de medidas estructurales”. (Enric Durán, 2016, “De la vía institucional a la revolución integral”).

El credo postkeynesiano de la Teoría Monetaria Moderna y el empleo garantizado reza algo así como: “Creo en el Estado y en la resurrección de la soberanía monetaria estatal”. Sin embargo, tal creencia no es ciencia (si tal cosa fuera posible en el marco de análisis de la economía ficción del neoliberalismo y del postkeynesianismo).

La obsolescencia programada del Estado-nación ha sido ejecutada al agotarse la batería de la soberanía monetaria, cediendo la creación de dinero al sistema bancario, el cual se ha convertido de facto, a través de sus Consejos de Administración, en el nuevo gobierno global gracias a su capacidad recaudatoria de impuestos a través del cobro (injustificado) de intereses, sustituyendo en esto de un modo mucho más efectivo a los tradicionales Estados-nación y conjurando el maleficio de la RBU.

La defensa postkeynesiana de la TMM y del TG frente a la crítica liberal nos sirve aquí también para su propia autorrefutación (o quizá resurrección si hablamos de econ-fi) y mayor justificación de la RBU, en 3 sencillos pasos, que daremos de puntillas, especialmente porque esa defensa rezuma paternalismo e ideología patriarcal por todos sus poros (aquello del buen padre repartiendo vales de ocio a los hijos a cambio de estudiar. En mi tiempo las horas de estudio eran el ‘premio’ después de trabajar).

Paso 1. El Estado ha muerto. La era del Estado Zombi y la nueva caza de brujas.

En un mundo en el que se ha descentralizado la creación de dinero-deuda, ¿quién cree que se va a recentralizar en manos del Estado? ¿Y qué tipo de Estado?

El denominado ‘Estado con soberanía monetaria’ no es más real que el unicornio o la sirenita. Y si tal cosa fuera posible, ¿con qué finalidad, para continuar gestionando los intereses de la clase capitalista? ¿Quién se cree ya la posibilidad de resurrección de la soberanía monetaria estatal tras el histórico fracaso y bancarrota de las Cajas de Ahorro y ante el cuadro de los últimos rescates públicos sin ninguna condición, para sanear la banca privada, y devolverla después a las mismas manos privadas?

Hay que tener mucha fe en el Estado dios-padre y en la resurrección de su hija, la Soberanía Monetaria… El espíritu carroñero del patriarcapitalismo sigue sobrevolando el fruto de la infidelidad de la pobreza virginal: la revolución democrática y sus reivindicaciones de Renta Básica Universal.

Y es que el dinero, antes que un instrumento útil, es un instrumento de dominación, que la gente usa por obligación. Veamos dos preguntas a modo de ejemplo:

1) ¿Para quién es realmente útil el euro? Para las empresas. Toda una forma encubierta de renta básica para los capitalistas.

2) ¿Cuál fue el aumento real de precios tras la introducción del euro en la UE? No hay posibilidad de medir el efecto inflacionario real porque, como denunciaba ADICAE, cuando se solicitó al INE y al Ministerio de Economía “que publicasen a título informativo el IPC de enero de 2002 con las reglas de cálculo antiguas para poder comparar, la contestación fue negativa por parte del primero y silencio por parte del segundo”.

Respecto al dinero la confusión habitual es invertir su papel en la salud de una economía: no es oxígeno, es dióxido de carbono, es veneno. Lo que un Estado con soberanía monetaria emite es como lo que emite una persona que respira, CO2, algo tóxico. Por lo que debe haber otro sistema para el que ese gas tóxico sea alimento para producir oxígeno. En el caso natural ese proceso es la fotosíntesis. ¿Y en el caso de la economía capitalista? Pues la ‘fotosíntesis económica’ sería la creación de valor por la fuerza de trabajo, primariamente en la fábrica del hogar. Oxígeno utilizado para prender la mecha de la hoguera patriarcal y de la ultraderecha.

Paso 2. Don Dinero, la sátira de Don Quijote y el divorcio de Dulcinea.

Una forma de expresar la convicción de una sociedad en el dinero como deuda es a través de su creencia en la capacidad recaudatoria del Estado, intermediario necesario en la redistribución de la renta y la riqueza que el capitalismo distribuye de forma desigual.

Que exista una única moneda sólida a nivel mundial (aunque ese país tenga déficit público) sólo indica que no hay alternativa, tenga déficit u otros males mayores. Sólo indica quién tiene la hegemonía y quién paga los costes de esa hegemonía. Su solidez es fiduciaria y obligatoria, porque no queda otra, pero fiduciaria. Como el contrato matrimonial (bajo un régimen patriarcapitalista), moneda de cambio para una explotación garantizada de la mujer, de su trabajo, su cuerpo y su vida.

En consecuencia, quedamos atrapados sin solución bajo la amenaza de la pobreza, ya sea voluntaria (si te niegas a usar la moneda de uso corriente) o involuntaria (por la caída de la confianza en ella, que acaba volviendo en forma de inflación como un boomerang contra la infiel sociedad desconfiada).

O por las buenas o por las malas, de pobre no te libras. Salvo que vivas de las rentas ajenas, derecho sólo concedido al clero, al ejército, a la burguesía y, por supuesto, a los burócratas que gestionan y legislan a favor de la clase capitalista. Todo muy paritario y democrático. La renta básica sólo existe para los ricos y sólo universalizable para los de su clase social.

El Quijote cabalga de nuevo y detrás va el burro de Sancho Panza que no avanza…, a ver si con un palo y una zanahoria… Mientras, Dulcinea ya hace tiempo que abrió los ojos y se fue.

Paso 3. La esterilidad letal del Estado burgués: La disciplina del desempleo garantizado y la zanahoria del TG.

El empleo y el dinero con él obtenido será útil siempre y cuando se mantenga el compromiso de poder utilizarlo para ganarse la vida, y eso en el capitalismo depende de una doble confianza.

Una, la que tenga la clase trabajadora en el Estado burgués, de si éste tiene capacidad suficiente para cumplir su función pública como intermediario redistributivo. Realidad que bajo el neoliberalismo está muy lejos de verificarse, más bien al contrario, donde la extensión de la precariedad es un hecho que se deriva de la propia ley de la tendencia al descenso de la tasa de ganancia.

Y dos, la confianza que tenga la clase capitalista, sobre todo en la función política del Estado burgués como apagafuegos de la indignación popular. Si falla, ya está ahí el FMI, como instancia supranacional, para devolver a su senda o sacrificar a las criaturas descarriadas. ¿Ya nos olvidamos del golpe de estado en Grecia?

También podría gustarte

This website uses cookies to improve your experience. We'll assume you're ok with this, but you can opt-out if you wish. Accept Read More