La extrema derecha (PP y Vox) inician su campaña indigna y fundamentalista contra la Ley de Eutanasia

La regulación de la eutanasia, que este martes se sometió a su primer trámite parlamentario con la toma en consideración de la proposición de ley orgánica presentada por el grupo socialista, tiene como objetivo dar una respuesta jurídica, sistemática, equilibrada y garantista a una demanda social. La ley pretende regular el derecho de las personas que cumplan las condiciones exigidas a solicitar y recibir la ayuda necesaria para morir.

Pero hay un sector de las derechas (más o menos ultras) que se han lanzado de manera furibunda y miserable a sabotear la referida Ley.

Ante la sorpresa y la indignación de muchos y muchas, el diputado del PP José Ignacio Echániz, portavoz en el Congreso, ha comenzado por acusar al Gobierno de lanzar la Ley de la Eutanasia  con el objetivo de «ahorrar costes» con «personas que son muy caras al final de su vida». Ha llegado incluso a mencionar que esta ley permitiría empujar a la muerte a los ancianos y ancianas: «Cada vez que una de estas personas es empujada al fallecimiento por la vía de la eutanasia, el Estado está ahorrando muchísimo» ha afirmado este señor. Este argumento ha sido sostenido y repetido durante todo el día de ayer (y suponemos que será in eternum) por la formación Popular.

Asimismo, junto a sus amigos de Vox  han delirado al vincular la ley de eutanasia al nazismo y más específicamente a  «la eugenesia de los nazis»: “El Estado del Bienestar debe proteger al débil, y no invitarle a que se vaya. ¿Sabes quiénes fueron los primeros en aplicar la eutanasia? Los nazis y la URSS, los regímenes totalitarios”.

En suma, que mientras que la base argumental del PP es «el objetivo de la Ley  se vincula a los recortes sociales», con la nueva ley, la de Vox va por la vía del «nazismo», la «eugenesia» y el  «homicidio asistido». esto no implica que no complementen los guiones argumentales de unos y otros.

También rescatamos un titular y un comentario poco menos que grotesco y temerario del día de ayer en la web Hispanidad:

«La muerte provocada nunca es digna. Ancianos, temblad: Sánchez inicia la tramitación de la eutanasia»

El vicepresidente de Derecho a Morir Dignamente, en TVE: “El único argumento de peso de la Iglesia en contra de la Eutanasia es que tu vida no es tuya, es de Dios”. Pues claro, campeón.  Pablo Ferrer en la web Hispanidad

El análisis de los discursos permite denunciar su perfil infame y abyecto, siempre violento y siempre mortífero. Quienes claman que la nueva Ley favorecería los asesinatos, son quienes de un modo u otro han asistido por activa y por pasiva a el lento y planificado exterminio del austericidio social. De máxima, son aquellos que defienden el franquismo, niegan la memoria histórica, avalan la violencia contra las personas migrantes y promueven la xenofobia y la lesbotransfobia, sin dejar de mencionar su radical postura patriarcal que favorece los feminicidios que aumentan exponencialmente cada día.

La buena noticia es que la mayoría de la población del Estado español apoya la eutanasia. Mirad sino estas cifras:

Según el Barómetro sobre Neurociencia y Sociedad publicado en noviembre de 2018, el 85% de los españoles estaba a favor de regular la eutanasia; de ellos, el 49% se mostraba «totalmente convencido» de que es una necesidad. El objetivo de la encuesta, elaborada a partir de 1.000 entrevistas en septiembre de 2018, era profundizar en lo que «realmente» piensan los españoles sobre la regulación de la eutanasia tras la decisión de entonces del Congreso de iniciar la tramitación de la proposición de ley del PSOE sobre esta materia. El Estudio sobre valores y actitudes en Europa acerca de la esfera privada, elaborado por la Fundación BBVA y hecho público en octubre de 2019, muestra que el 83% de los españoles acepta la regulación de la eutanasia, entendida como el proceso para «acelerar la muerte con ayuda médica a enfermos en fase terminarl de una enfermedad incurable y que han expresado su voluntad de no seguir viviendo».

La aprobación social, sumada a la mayoría (203 votos) que ha permitido que en el día de ayer la ley que regula la eutanasia fuese admitida a trámite en la votación del Pleno, nos hacen esperar con confianza que en unos meses el Estado español sea el cuarto país europeo en regularla.

Esto significará el fin del sufrimiento de miles y miles de personas, tomando como sufrientes a las personas enfermas y sus familias.

“Hay que fomentar que el paciente, cuando aún puede decidir, se responsabilice de su futuro”

El oncólogo Josep Planas reclama sentido común en la toma de decisiones y respetar el deseo del enfermo al final de la vida

La muerte del enfermero francés Vincent Lambert este jueves tras 10 años en estado vegetativo y una larga batalla judicial que dividió a su familia ha vuelto a poner el foco sobre el debate de la muerte digna y la eutanasia. En España, la familia de María Teresa Blanco, con una enfermedad neurodegenerativa, también se bate con el equipo médico para mantenerla con vida, pese a que los clínicos lo consideran un «encarnizamiento terapéutico». La falta de un documento de voluntades anticipadas en ambos casos, ha puesto en manos de sus respectivas familias y médicos, el final de estos pacientes.

 

Pregunta. ¿Qué es el encarnizamiento terapéutico?

Respuesta. Cuando tenemos un enfermo incurable, al que se le han agotado todas las posibilidades terapéuticas y se pretende continuar con un tratamiento más o menos agresivo. El encarnizamiento no conduce ni a alargar la vida ni a darle calidad de la vida.

P. ¿Dónde está el límite del encarnizamiento?

R. Decir dónde está el límite es un tema muy individual. Los hospitales suelen tener un comité de futilidad, que es el que valora si realmente vale la pena tener a un enfermo en la UCI e intentar hacer miles de procedimientos que no van a conseguir una mejora del paciente. Este comité, que es muy parecido al de bioética, es el que delimita y aconseja a los equipos asistenciales dónde continuar o dónde parar. Este comité es solo asesor, pero el servicio que lleva al enfermo, que es el responsable, acostumbra a hacerle caso. 

 

P. ¿El dolor y el sufrimiento marcan la toma de decisiones?

R. Sufrimiento y dolor no son sinónimos. Se puede sufrir no teniendo dolor. Hoy en día, en las unidades de paliativos, tratar el dolor es posible. El sufrimiento, en cambio, es de una complejidad enorme. La persona inconsciente no sabemos si sufre, probablemente no. Pero yo no iría por aquí, sino por preguntarnos si todo el esfuerzo que estamos haciendo, de tratamientos, si son útiles o no y qué objetivos tienen. Y si el objetivo no está claro, hay que pararse y pensar cuándo lo retiramos. Parar un tratamiento no es eutanasia.

P. ¿El poder de los clínicos en estos casos está muy limitado?

R. Hay unas reglas del juego que te da la bioética. La bioética no te resuelve problemas, pero da unas pautas. Y la primera pauta es que la decisión del individuo está por encima de la de su entorno, excepto que con su decisión pueda causar algún mal al entorno.

«Parar un tratamiento no es eutanasia», puntualiza el oncólogo

 

P. ¿Y si el paciente no puede decidir?

R. Yo recomiendo la historia de vida: ¿qué pensamos nosotros cuando estamos sanos? Por eso es importante que se hable de estas cosas. La historia de vida son las opiniones que se tienen sobre el final de la vida y que se comparten con una persona de confianza. Yo nunca haría documento de voluntades si no sé qué enfermedad voy a tener. Por eso insisto en hablar de esto cuando se tiene  un diagnóstico de enfermedades crónicas incurables. La mayoría de personas puede anticipar, más o menos, por dónde van a ir los tiros. Y el resto no lo podemos prever, pero por eso es importante conocer qué piensa la gente sobre esto.

P. ¿Apuesta por la obligatoriedad de firmar documento de voluntades anticipadas?

R. El concepto de obligatoriedad no me gusta. Pero lo que a veces no hacen y deberían hacer los profesionales implicados en pacientes con una enfermedad que potencialmente va a causar problemas muy graves y decisiones bioéticas, es aconsejar con una cierta vehemencia a los pacientes para que pensaran que si esta enfermedad va a ir mal, qué es lo que quieren, tanto en el sentido de hacer cosas como de limitarlas. Cuando la situación sea previsible, como la enferma de Madrid, habría que fomentar, quizás no obligar, que la persona se responsabilice de su futuro, de lo que le pueda ocurrir, aunque sea una decisión seria. No hay que hacerlo a lo loco, ni en la primera visita, pero sí considerarlo seriamente y cuando esta persona sea capaz de decidir. Otra cosa diferente es el caso del paciente francés, que fue un accidente o cuando se trata de un ictus, donde no sea posible prever las consecuencias. Aquí viene el lío. Si uno no tiene capacidad de decidir, viene el problema de los familiares. Y el segundo problema es si no todos los familiares van en la misma dirección.

«La decisión del individuo está por encima de la de su entorno», mantiene el médico

P. En un caso donde no se ha firmado ningún documento, ¿qué prima más, la decisión clínica o la de la familia?

R. Lo que deberían primar son las decisiones razonables. Lo que se debería conocer es cómo piensa una persona sana ante una enfermedad. También sería conveniente tener una persona referente para que, cuando no pudiésemos decidir, esta persona que nos conoce, sepa interpretar nuestra voluntad. Y si no fuese familiar, mejor, para evitar conflictos de intereses. Que fuera un amigo, una persona de extrema confianza, que nos supiera interpretar. Lo que habría que conseguir es, ante una información exhaustiva por parte del equipo médico, que los familiares, con un orden, pudieran decidir razonablemente y siempre teniendo en cuenta cómo es esta persona, qué creencias tenía, cómo pensaba.

NOTICIAS ANTICAPITALISTAS