La España mediocre y la peste de la momia

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Por Patrocinio Navarro Valero

LA ESPAÑA MEDIOCRE, CORRUPTA Y DESIGUAL

España huele mal, y no precisamente por el sudor de quienes trabajan  bajo  el calor de estos  veranos cada vez más insoportables al aire libre. Porque el sudor de los obreros huele a trabajo honrado, mal pagado, y mal considerado por los que no sudan. No; España no huele mal por los que sudan, sino justo por esos que no sudan, por los que ocupan poltronas, por los que luchan por tener alguna; por los que engañan cuando tienen los votos suficientes para engañar; por los que venden viviendas sociales a fondos buitre, por los que a cambio de dinero  y privilegios  venden hasta su alma. Por todos ellos y por todos los que les admiran y desearían hacer lo mismo si tuvieran la oportunidad, este país huele mal. Porque son muchos. Son millones y tienen derecho a voto que ejercen sin falta cada vez, y cada vez los resultados impregnan todo el territorio nacional, islas incluidas, de ese olor a rancio y antiguo que sale del fondo de los cajones de  las viejas cómodas de los abuelos. En este caso, también del fondo de la historia de este país que nunca sale del pasado.

El pasado impregna las hojas de los diarios y hasta traspasa las pantallas en cada casa. En estos aparatos, diseñados para homologar el pensamiento en todo el planeta, solemos ver grupos de tertulianos que trabajan sin descanso para realizar ese implante indoloro, pero eficaz,  de lo que debemos pensar, mientras se nos orienta hacia la otra ortodoxia: la del sentir. Ahí se trabaja en equipo con los ideales de los consejos de administración. Estos los elaboran y los periodistas mediocres- sálvese quien pueda- nos los cuentan para que sepamos de qué va.

¿Y de qué va? ¿Cuál es la fórmula que produce este hedor histórico de España? Miedo, ignorancia, supersticiones, tradiciones ancestrales, codicia, individualismo, egocentrismo e incultura general y política en diversos grados según qué comunidad. El caso es que los ingredientes son eficaces y motivan las conductas de jueces y fiscales; de cardenales y obispos, de banqueros y políticos, periodistas, profesores y otras gentes que no sudan, que siempre está de parte de los de su misma clase. Juntos  manejan los hilos de este país y hasta defienden que lo que huele mal es el sudor obrero

Por suerte, la cochambre no ha llegado a Portugal. Allí hace tiempo que la gente perdió el miedo a su pasado, hizo cruz y raya y pasó página. Aquí aún andamos con torturadores condecorados y homenajeados, con cunetas de muertos, y con la momia de su asesino, cuyo debut en el horror celebran las peores gentes cada 18 de Julio,  venerada como reliquia histórica en una basílica. A lo mejor es eso, la peste de la momia.

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