La Escuela Naval Popular: El Proyecto Sacaluga

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Por Benito Sacaluga

El próximo 29 de abril se cumplen 80 años del fusilamiento en Cartagena de Benito Sacaluga Rodríguez, Teniente Coronel de Máquinas de la Flota Republicana, su delito: ser leal a la II República y a su legítimo Gobierno.

De entre los muchos servicios que desde su cargo prestó a la II República, cabe destacar su enorme interés y dedicación a la formación del personal de la Armada, materializado en su colaboración entusiasta en la creación de la que sería denominada Escuela Naval Popular, con sede en Cartagena (Murcia). Una Escuela Naval basada en las directrices marcadas por el estudio, el esfuerzo, la lealtad y la fidelidad a los principios republicanos de igualdad entre clases.
En el 80 aniversario de su muerte, y a modo de humilde homenaje a su figura, reproduzco a continuación una síntesis de lo por él publicado el 30 de abril de 1937, en el diario naval “Amanecer”, editado a bordo del acorazado “Jaime I”, del que por entonces Sacaluga era su comandante de máquinas.
Ante la imposibilidad de hacerme con el citado ejemplar de “Amanecer”, recurro a lo publicado por Cartagena Histórica en su Cuaderno Monográfico número 12 del mes de junio de 2004, bajo el título “La Escuela naval de Cartagena 1938-1939”, firmado por José Cervera Pery, General Auditor del Cuerpo Jurídico Militar de la Armada y autor de varios libros sobre historia naval. En realidad Cervera-Pery se limita a transcribir parcialmente el artículo de Benito Sacaluga, eso si, sin perder la ocasión de manchar su memoria, tal como hace al final de su publicación, en su nota núm.3, de la cual doy amplia información al final de esta entrada.
EL PROYECTO SACALUGA
El que fuera jefe de máquinas del acorazado “Jaime I” al producirse el alzamiento militar, comandante Benito Sacaluga, más tarde profesor e incluso director de la Escuela Naval Popular, y fusilado en Cartagena al término de la guerra, publicó en el diario naval Amanecer editado en el propio acorazado, el 30 de abril de 1937 y bajo el título de Hagamos una Marina Popular, un interesante artículo en el que exponía sus puntos de vista sobre la formación de una Marina auténticamente popular integrada por personal idóneo y de completa confianza para cubrir todos los puestos en que la técnica fuese precisa.
Señalaba Sacaluga: …este futuro personal que, según su vocación y actitud, deben cubrir las diferentes especialidades que la Marina requiere, se encuentra en estados -efectivo y potencial- formando parte de las actuales dotaciones de los buques y demostrando prácticamente su capacidad entusiasmo y lealtad.
Revisa las especialidades con que actualmente cuenta la Marina, que concreta en Navegación, Artillería, Máquinas, Aviación, Torpedos, Electricidad, Arquitectura Naval, Intendencia, Jurídico e Intervención. Exceptuando las de Máquinas y Sanidad, en todas las demás era jefe de los servicios a bordo un jefe u oficial del llamado Cuerpo General que no en todos los casos respondía su capacidad o conocimientos técnicos con tales jefaturas, mientras los llamados Cuerpos Auxiliares, subalternos todos del General, eran entonces los que trabajaban y mantenían en buen estado de eficiencia el material como también los que lo manejaban. Para Sacaluga es evidente que para dirigir la navegación y artillería se requieren conocimientos técnicos que los cuerpos auxiliares de ambas especialidades no tienen, pero establece que «si no los tienen ha sido sencillamente por que no se ha querido que los tengan».
En la hora de una necesaria reorganización de la Marina, el tecnicismo de todas las especialidades que la integren deben poder alcanzarlo todos los ciudadanos que en ella ingresen en cada especialidad, y estos según su amor al estudio puedan llegar a ocupar todos los puestos y todas las categorías sin que nadie, personal o colectivamente, pueda creerse que es de una “casta” superior a los demás (clara alusión al Cuerpo General). Esto hay que desterrarlo radicalmente. Todos los cuerpos deben ser semejantes en categorías militares, no existiendo más diferencias entre ellos que el cometido de cada uno.
Tras estas consideraciones expone en líneas generales algunas ideas propias sobre la organización que deben tener los servicios de máquinas “creyendo interpretar los deseos de sus compañeros”, teniendo entendido que considera como compañero profesional a todo el personal, ya sean maquinistas, auxiliares, operarios o fogoneros.
La organización que debe tener lo concerniente a los “Servicios de Máquinas” debe ser objeto de dos estudios, uno el que concierne a dicho Servicio y otro consistente en la redacción del “Reglamento Orgánico del Cuerpo”, los cuales a pesar de tener varios puntos de contacto son muy diferentes, puesto que el primero debe tratar clara y terminantemente de todos aquellos servicios que deben estar sólo y exclusivamente a cargo del personal de Máquinas, indicando todos los organismos necesarios para su mejor desarrollo y eficacia, tanto en los buques como en las Bases Navales principales y secundarias y demás dependencias de la Marina; centros de enseñanza profesional y mixta, comisiones, provincias marítimas, etc. Expresando también las conexiones en estas últimas con el personal de la Marina Mercante y sin dejar de aclarar concretamente las relaciones del Cuerpo de Máquinas con los demás cuerpos de la Marina cuyos cometidos estén relacionados.
Con respecto al futuro Reglamento del Cuerpo, opina debe desterrarse por completo la división de este en dos “castas”. El personal de Máquinas debe estar encuadrado en un solo Cuerpo que comprenda todas sus categorías siendo un cuerpo técnico. Y el personal de fogoneros debe formar el Cuerpo de Fogoneros. El ingreso en el mismo debe ser por personal civil procedente de las modernas escuelas de trabajo que, seleccionado por su profesorado según sus aptitudes y vocación, se presente para su ingreso. Este personal, después de un examen teórico-práctico, iría a los buques como Fogoneros-Alumnos donde permanecerían como tales por lo menos seis meses en prácticas en buques que naveguen, o reunir un determinado número de horas de servicio en calderas en actividad.
Una vez terminadas dichas prácticas pasarían los alumnos fogoneros a la Academia del Cuerpo, en la que después de un semestre preparatorio quedaría seleccionado este personal pasando a ser alumno de Máquinas los que reunieran las condiciones prefijadas y siguiendo en dicha Academia los cursos necesarios. Los que no fueran seleccionados para ser alumnos de Máquinas podrían seguir en el Cuerpo de Fogoneros o separarse del Servicio si así lo deseasen.
En cuanto a los fogoneros actuales, preferentemente podrían pasar a ser Fogoneros-Alumnos en un examen de suficiencia para reunir las condiciones que se determinaran.
Expone Sacaluga que : el actual Cuerpo de Auxiliares de Máquinas debe suprimirse, pero no de un modo egoísta y lesivo para los individuos que actualmente lo forman, sino acoplándolos en el nuevo Cuerpo de Máquinas, dándoles con ello la satisfacción que se merecen por sus servicios y lealtad, y que debido a la circunstancia de la edad de la mayoría de sus componentes pronto quedarán eliminados por retiro forzoso a voluntario. En dicho acoplamiento debe procurarse que cubran los empleos de la misma categoría que para los demás cuerpos auxiliares se adopten, cuyos empleos se extinguirán al llegar al último de los que quedan en activo. También debe dársele ingreso en el Cuerpo de Máquinas a los actuales Operarios, pues su preparación les capacitaría también para el ingreso en la Academia como alumnos.
Con respecto al Reglamento Orgánico del Cuerpo único que se cree, debe ser parco en determinaciones y sus diferentes empleos y jerarquías militares debe sujetarse a las que tengan los demás Cuerpos de las distintas especialidades que integre el personal de la Marina, entendiendo que bajo ningún concepto ene crearse otros cuerpos para los servicios de Máquinas.
Termina Sacaluga su razonada exposición señalando que: tanto la organización de los Servicios de Máquinas como, los Reglamentos Orgánicos de los Cuerpos de Máquinas y Fogoneros, no deben ser obra de un solo individuo por mucha capacidad que para ello se le reconozca, debiendo ser una labor de conjunto, en la que debe quedar eliminada por completo la rutina seguida hasta aquí y sobretodo el egoísmo personal o colectivo de un grupo, recomendando que el estudio se haga muy detenidamente para cuando llegue el periodo de calma que tiene que suceder al triunfo del Gobierno legítimo de España, poder presentar a dicho Gobierno un trabajo lo más perfecto posible dentro de las normas democráticas que afortunadamente deben imperar para la nueva organización de los organismos militares del Estado.
Termina Cervera Pery olvidando el rigor histórico que debe acompañar a quién como él se cataloga como escritor de libros de historia naval, más aún si se trata de calificar conductas de otras personas.
Como digo, termina Cervera Pery su artículo escribiendo lo siguiente:
“Posiblemente la publicación de este artículo no cayera en el vacío y le valiera a su autor la dirección de la Escuela Naval Popular en su última etapa. De aquí el interés que pueda suscitar su reproducción. Lástima que las excelentes cualidades pedagógicas de don Benito Sacaluga no se vieran acompañadas de otra línea de conducta. Pero sería materia de otro tema que nada tiene que ver con el que nos ocupa». En este último párrafo nos remite Cervera Pery a su nota nº 3, de las insertadas al final de su artículo, en la que dice lo siguiente:
 
«Don Benito Sacaluga sorprendentemente se quedó en Cartagena. A la entrada de las tropas nacionales se le instruyó rápidamente un consejo de guerra que lo condenó a tres penas de muerte. Obró en su contra la crueldad ejercida con los obispos de Murcia y Guadix a los que obligó a carbonear el “Jaime I”. Es incompresible que con estos antecedentes no huyera con la Escuadra a Bizerta”.
Ya en varias ocasiones he desmontado en este Blog las falsas acusaciones que durante el Consejo de Guerra Sumarísimo se vertieron contra Benito Sacaluga: testigos falsos presentados por el fiscal en colaboración con los servicios de información franquistas, negativa del tribunal a la presentación de pruebas y testigos de la “defensa”…, en definitiva un Consejo de Guerra más de los franquistas, todos ellos una mera pantomima destinada a justificar su cruenta e indiscriminada represión contra todos los demócratas.
Es cierto que en Almería se utilizaron presos para el carboneo del acorazado, unos presos que fueron conducidos al mismo por la denominada “Guardia Roja” al mando del maquinista Daniel García Rego.
Si acudimos al contenido del Consejo de Guerra Sumarísimo (Causa 4/39), ya reproducido en este blog, veremos que Benito Sacaluga se opuso a que los presos de mayor edad y baja condición física trabajasen estibando en el interior de las carboneras del buque, y recomendó que si debían colaborar en el carbonero lo hicieran en cubierta, petición que no fue aceptada por el entonces comandante provisional del buque y jefe de las fuerzas navales de Almería Joaquin García Rego.
Según se  desprende de la declaración jurada de Juan Lorenzo Castro, 2º Maquinista de la Armada, declaración efectuada en la Causa 1189/39, fue el Comité del buque quién dio la orden de que los presos efectuaran los trabajos de carboneo y fue el Comité quien vigiló que así de hiciera; el Tribunal no accedió a interrogar a Juan Lorenzo como testigo de la defensa propuesto por Sacaluga, en esos momentos prisionero en Cartagena a pocos metros de la sala del tribunal.   Por otro lado y según queda recogido en la prensa franquista el obispo de Guadix salió con vida del «Jaime I», al igual que el de Almería y ambos fueron «paseados» bastantes días después de salir del acorazado y fusilados por milicianos junto al barranco de «El Chisme».
Comprobaremos también que nada se dice en la Causa sobre el obispo de Murcia, si del de Guadix y Almería.
Lo cierto es que el obispo de Guadix, monseñor Manuel Medina-Olmos, lo era desde 1928, siendo anteriormente y desde 1926 obispo auxiliar de Granada.
Lo cierto es que Medina Olmos fue detenido en su palacio episcopal por el alcalde de Guadix con dos cabos y dos carabineros a las 10 de la mañana del 27 de julio de 1936.
Lo cierto es que el 12 de agosto fue internado en el convento de las Adoratrices una vez convertido en prisión. Desde allí fue trasladado al buque prisión “Astoy Mendi” el 28 de agosto, ese mismo día por la tarde pasó a formar parte de los presos designados para carbonear en el “Jaime I”, presos que salieron del «Astoy-Mendy» para cumplir con ese concreto cometido.
Según publica la web católica “Hispania Martyr” en relación con el obispo de Guadix:
» Benito Sacaluga, jefe de los Servicios de Máquinas de la Escuadra de la República, ante el Consejo de Guerra en relación con los asesinatos en Almería, manifestaba: “…de quien decían ser un Obispo, y Oficiales de la Guardia Civil …fueron traídos al buque “Jaime I” para hacer la estiba de las carboneras y él (Sacaluga) llegó por la mañana, … donde estaba el Comité, y el cabo Arias le dijo a Sacaluga: todos esos obispos y guardias civiles que hay ahí encerrados vamos a buscarlos para que hagan la estiba de las carboneras».
“… Que ese mismo día el declarante (Sacaluga) vio en la cámara de dinamos, al que decían era el Obispo de Guadix, allí asfixiado… (le confunde con el padre jesuita Martín Santaella)… me propuse que los presos políticos, en caso de que les hicieran trabajar, fuera en cubierta acarreando espuertas, donde estuvieran a la vista y no fueran maltratados dentro del barco.» 
 
Sigue “Hispania Martyr”: Tras el agotador trabajo, fueron devueltos al «Astoy Mendi», ordenando el capitán que todos los que fueren sacerdotes o profesores se tenían que inscribir en una lista para ser devueltos a la prisión de las Adoratrices.
En la noche del 30 de agosto el obispo de Guadix, junto con otros prisioneros, fue sacado del barco prisión y conducido en una camioneta hasta una zona denominada “El Barranco del Chisme”, lugar donde a las 4 de la mañana fueron todos fusilados por un grupo de milicianos.  Fin de la historia.
Una historia que Cervera-Pery debería haber consultado y que sobre la veracidad de la misma Hispania Martyr aporta pruebas testificales irrefutables, historia por cierto admitida por la página web «generalísimo franco». No olvidemos que en el Consejo de Guerra se acusó a Sacaluga de provocar la muerte del obispo de Guadix. Imagino que de dicho Consejo de Guerra habrá sacado Cervera-Pery su “información”. Si Cervera-Pery hubiera investigado sobre el obispo de Guadix comprendería, se explicaría, las razones que tuvo Sacaluga para permanecer en su puesto y no huir con la Flota a Bizerta: no era culpable de nada más que de haber sido leal a la República.
Termino diciendo que a Benito Sacaluga Rodriguez se le condenó a muerte por la comisión probada de un delito de “Rebelión Militar”, acusación que formularon y juzgaron los únicos militares que se rebelaron contra la República y contra su Gobierno. Cosas del franquismo.
Ninguna de las acusaciones que se vertieron contra Benito Sacaluga en el Consejo de Guerra Sumarísimo, ni en publicaciones franquistas posteriores, pudieron ser jamás probadas, y eso a pesar de que, aún después de su muerte en 1939 y hasta 1963, el franquismo lo siguió intentando a través del Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo.

Benito Sacaluga.

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