La esclavitud persiste en Mauritania

Aunque en teoría fue abolida en 1981 y criminalizada en una ley del 2007, la esclavitud persiste en Mauritania

Unas 200.000 personas son aún propiedad de sus dueños

Mucho más desconocida que en América del Norte o en el Caribe, la esclavitud persiste en África. Mauritania fue el último país del mundo en abolirla, en 1981, pero fue una abolición teórica porque unos 200.000 esclavos siguen siendo propiedad de sus dueños, carecen de estado civil, no tienen acceso al dinero y no pueden heredar. Hay también un millón y medio de libertos, antiguos esclavos que no poseen todos los derechos, casi la mitad de una población total de 3.365.000 habitantes.

Yahiya Uld Brahim es –mejor dicho, era– uno de los últimos esclavos mauritanos. Se escapó hace 10 años. «Vivía con mis padres, esclavos por ascendencia. Vino el dueño a buscarme, fui separado de ellos y de mis hermanos, y me puso a trabajar como granjero esclavo. Hacía también todos los trabajos de la casa, pintar, cocinar… Nunca cobré nada. El salario no existe en nuestra realidad. No tenía derecho a nada», explica Brahim, que era víctima, además, de castigos corporales. «Una vez se me perdió un cordero, el dueño se dio cuenta y me pegó». Esa fue la gota que colmó el vaso de la paciencia y Brahim huyó. «No recuerdo cuántos años pasé así. Solo recuerdo que huí en 1999», dice con despreocupación, la mirada perdida.

Tres formas de esclavitud

Biram Uld Dah Uld Abeid, jurista, miembro de la asociación SOS Esclavos, combate los restos de la esclavitud en Mauritania. «La esclavitud de nacimiento, ancestral, tiene tres formas en mi país: esclavitud doméstica, en la que los esclavos no cobran, no tienen derecho a la educación y se reparten entre la familia del dueño; esclavitud sexual, en la que los dueños tienen derecho de pernada para disponer sexualmente de sus esclavas en cualquier momento y edad; y esclavitud agrícola, en la que los esclavos se encargan de todos los trabajos duros de la tierra del dueño, que los puede expulsar», explica Abeid.

La población mauritana pertenece a dos grupos étnicos, los llamados moros (arabo-bereberes) y los negros mauritanos. Los negros han sido desde hace siglos los esclavos de los arabo-bereberes. El millón y medio de libertos que viven en Mauritania son los haratin, palabra que en dialecto arabo-bereber significa precisamente liberados de la esclavitud mora.

«Son libres teóricamente, pero están obligados a ofrecer presentes o a dar dinero a su antiguo dueño, que nunca ha extendido el documento oficial que les daría la libertad completa», dice Abeid. «Aunque una ley aprobada por el Parlamento mauritano en agosto del 2007 criminaliza la esclavitud, los esclavistas están ahí y nadie les puede tocar un pelo», remarca Mohamed Yahya Uld Ciré, exdiplomático y presidente de los haratin de Europa.

«A los esclavos teóricamente liberados no se les acepta como testigos», apunta Ciré. «Tampoco pueden encontrar trabajo sin la intervención del antiguo dueño», incide Abeid.

El papel del islam

¿Quién es el responsable de esta situación? Hay coincidencia en que «el Estado nunca ha tenido voluntad real de erradicar la esclavitud», pero las discrepancias aparecen al juzgar el papel del islam. Ciré estima que «el islam ha legalizado y sacralizado la esclavitud», y Abeid es aún más beligerante. Culpa al código malequita (una vertiente del islam suní) que rige en Mauritania. «Este código es oscurantista y esclavista y sostiene que las puertas del paraíso se abren solo con la sumisión», se indigna Abeid. «La vocación igualitaria del islam fue enterrada con la muerte del profeta», remacha.

Unas acusaciones de las que discrepa abiertamente el antropólogo Malek Chebel, especialista en el islam y autor del libro L'esclavisme en terre d'islam. (Fayard, 2007). Chebel recorrió 18 países islámicos para escribir su obra. «Vi muchos esclavos en Mauritania, incluso en los barrios pobres de la capital, Nuakchot, no solo en el mundo rural», afirma, pero, según él, la responsabilidad principal es de las relaciones feudales que siguen existiendo.

Chebel reconoce que el islam nunca ha abolido la esclavitud —«ha tendido a contenerla», dice–, «pero no es el único responsable de la situación». «Si la esclavitud perdura es gracias al islam malo, retrógrado, porque el islam doctrinal ha liberado a los esclavos. Los que mantienen la esclavitud en nombre del islam o no han entendido el Corán o son malos musulmanes», sentencia.

NOTICIAS ANTICAPITALISTAS