La epopeya cubana

En estas lides de la información nos pasa como en la religión, con la diferencia, que cuando el católico ferviente peca, durante el fin de semana confiesa los pecados y busca absolución; pero cuando los analistas y escribidores  en sus ditirambos  mencionan cifras  económicas a diestro y siniestro, que nadie puede verificar, ¿quién es el sacerdote que los puede liberar de tamaño pecado?

Lo coincidente es que cuando un escritor, o un analista de disimiles facetas, o cualquier periodista  desde cualquier punto cardinal, se erige como iluminado incorregible a la hora de sentar falsas pautas sobre la realidad cubana, habría que buscarle un confesionario bien amplio para que la población cubana quepa detrás del visillo y pueda preguntarle,  a quien comete tamaño pecado  desinformativo, si tiene al menos la certeza sobre lo que diserta.

Antes de seguir divagando y entrar en cancha, quiero apreciar que las estadísticas  de los organismos internacionales no pueden ser declaradas como una verdad pura. En tales pronósticos intervienen seres humanos, como usted y como yo, con preferencias personales, políticas, sociales, religiosas, culturales y hasta sexuales. Por demás, esas estadísticas siempre tienen como fuente los organismos e instituciones de los países a los que se refiere, donde, que coincidencia, también son brindadas por personas bajo las mismas preferencias y además están bajo la influencia y el poderío de los gobernantes de turno. Amén, que después de hurgar en la historia se dan en esos medios también, el de funcionarios internacionales, nacionales también, algunos pagados, para decir lo que le conviene a otros. Por esto que le digo no vaya usted a concluir que este mundo es un lupanar.

Marx nos advertía que el estado moderno, con vistas a perpetuar su control y dominio, convierte a la cultura en un foco garante de su poder, al concebirla como productora y reproductora del ordenamiento burgués, compuesto por la propiedad, familia, religión, orden. Para mantener el status,  el estado se vale de una pandilla de burgueses, escritores, abogados y funcionarios afines a sus ideas.

En “El Capital” encontramos que mercancía y dinero no constituyen las únicas fuentes productoras de poder. Las interacciones que se generan por una producción espiritual a través del arte, la prensa, los partidos políticos y la cultura artística también producen y reproducen el poder .Siempre urge la fundación de una cultura protectora y legitimadora de los nuevos valores y códigos en el poder.

Y con tales antecedentes tengo ante mí el artículo de Claudio Katz titulado “La epopeya cubana”, en el que se afirma que en Cuba  se lograron preservar parámetros de esperanza de vida, escolaridad o mortalidad infantil muy superiores al resto de la región, que Cuba demostró de qué forma se puede evitar el hambre, la delincuencia generalizada y la deserción escolar con escasos recursos, y que en la isla están cubiertas las necesidades básicas de la población. Todas las familias tienen acceso a la alimentación, la educación y la salud. La escasez de abastecimientos o la falta de variedad de los consumos, no incluyen a los bienes indispensables para garantizar esa cobertura.

Hasta aquí su razonamiento es aceptable, aunque  admitiendo que todos esos logros se han visto deteriorados en las últimas dos décadas y lo positivo está en reconocer que la política estatal fue mantener esas conquistas priorizadas, pero sin  olvidar que ello se ha alcanzado a costa de un extremo sacrificio de la población cubana, no de su gobierno.

A propósito. Los amigos solidarios con la revolución muchas veces cometen el error de solo solidarizarse con el gobierno y sus líderes. Con los ideales y el pueblo siempre un poco menos.

No creo que a estas alturas nadie que analice el desempeño económico cubano pueda ignorar, que esta es el área más desastrosa de la revolución y que tales logros solo se debieron a la enorme, descomunal, ayuda internacionalista del campo socialista en primer lugar de la ex URSS. Y tampoco creo, en vista de las enseñanzas de la historia, que sea útil al proyecto emancipador seguir considerando el Socialismo solo un problema de cuchillo y tenedor y que basta con un Rey bueno para construirlo..

Y es muy desagradable, que después que la izquierda cubana ha publicado claramente  sus programas máximos y mínimos y sus análisis,  se simplifiquen tan burdamente sus propuestas.

Sigo entonces con el compañero argentino.

Cita Katz que el país preserva, además, el índice de seguridad alimenticia más elevado de la región y un bajísimo nivel pobreza (4%) y estas cifras ya son cuestionables,  en primer lugar, porque estadísticas nacionales apuntan a que el nivel de pobreza en nuestro país sobrepasa en estos momentos el 20 %.

Por demás sería interesante que este analista definiera lo que considera “índice de seguridad alimenticia” y que viniera a nuestro país a comparar tal calificación con esos que engrosan el 20 % de pobreza mencionado, y si arroz con frijoles y una vianda al día certifica en esos parámetros, o si con un ingreso salarial de 15 dólares mensuales pueda persona alguna garantizarse tal índice de seguridad de acuerdo a los precios imperantes en el mercado cubano de divisas y en moneda nacional.

Y esto es lo que la estadística fría no considera. Nadie puede mantenerse alimentado en Cuba con ese salario y es ahí donde dejan de jugar los números y se imponen las  opciones: mercado negro generalizado, corrupción, remesas familiares, desvió de recursos y un etcétera tan grande que tiene mucho que ver con lo que un país improductivo puede garantizar a su población.

Y si  algo tengo de razón con lo dicho anteriormente, sobre la veracidad de los artículos sobre Cuba en la prensa internacional, es que Katz establece que Cuba no  ha podido recuperar el patrón de ingresos vigente en los años 70-80, mientras que para Emily Morris,(1) Cuba tiene “una recuperación que demoró alrededor de una década en restaurar la renta nacional per cápita real a su nivel de 1990”. ¿A quién creerle?

Luego comenta el articulista que “las mutaciones que debe encarar Cuba obedecen a tres cambios de largo plazo”, la  nueva realidad geopolítica desaparecido el campo socialista, la nueva realidad económica en el país que  segmenta a la población entre receptores y huérfanos de las remesas, yo le agrego también a los huérfanos que por no trabajar en el turismo o en empresas extranjeras ni en las altas esferas del estado no tienen acceso a divisas; y como tercero,  que la economía cubana deriva de la errónea imitación del modelo ruso de estatización completa. Esto último, opina Katz, tuvo como  principal efecto negativo el declive de la productividad y la dependencia que mantiene Cuba de la importación de alimentos. El guajiro y el obrero cubano y las causas por las que no siembra o produce escapa al análisis de Katz.

Ahora, Katz le da un tirón de pelos a su razonamiento para concluir en la siguiente sentencia, “el error de nuestra burocracia obedeció a problemas teóricos (incomprensión de la transición al socialismo) y a manejos burocráticos”, cuando a estas alturas de la historia lo que ya puede ponerse en duda es si las burocracias comunistas del Siglo XX se propusieron seriamente la construcción de un socialismo, que según sus fundadores, debía ser una sociedad altamente democratizada en su vida política y con una economía preferentemente socializada. Tal proyección, por las causas que fueren, brilló por su ausencia desde 1917.

Tras resumir el objetivo de los lineamientos se atreve a aseverar que estos cambios no implican por sí mismos un retorno al capitalismo, porque este sistema presupone propiedad privada de las grandes empresas y bancos, formación de una clase dominante y generalización de la explotación, pero para él las reformas cubanas no introducen ninguna de estas características, sino que solo amplían la gravitación de la gestión mercantil en el marco precedente y se otorgan concesiones a la acumulación privada, con límites tendientes a evitar la restauración burguesa.

Esto es como hablar de divorcio sin haber estado casado. En Cuba no hay grandes empresas y bancos, pero los existentes están bajo el control de la burocracia, esa mismo tipo de burocracia que detentaba el poder en el ex campo socialista antes del desmerengamiento y degeneró en los capitalistas actuales en esos países; en el país hay una clase dominante representada por tal burocracia, y por último, mientras haya salario hay explotación asalariada. Es que Katz no llega a aceptar que el socialismo estatizado o socialismo real nunca acabó con el trabajo asalariado en 70 años de existencia, y aspira que a pesar de ello confiemos, como si fuéramos religiosos llenos de fe, que la acumulación privada, será con límites tendientes a evitar la restauración burguesa. Señor, a otro con ese cuento, si ya los burguesitos se pavonean por nuestras calles. Ante la falta de un control popular democrático efectivo la burocracia se erige en juez y parte y actúa sin control alguno. Sea más serio en el futuro.

También este analista olvida que las medidas tomadas, hasta ahora, en esta carrera de velocidad internacional no han reportado cambios sensibles en nuestra economía ni se ha reflejado en el ascenso del nivel de vida de la población. En su afán por dar un espaldarazo a nuestra burocracia,  Katz esboza y propone un híbrido económico que solo puede aceptarse en películas de ciencia ficción.

En Cuba hay desempleo crónico, y para nadie es secreto, que cerca del millón de obreros desempleados que lanzó a la calle tales medidas, no pudo ser absorbido por el cuentapropismo, como se le ha dado por llamar aquí a la pequeña propiedad privada. Por ahí vegetan en trabajos mal remunerados o explotados por los nuevos capitalistas que se entronizan en el país, o engrosando las filas de los miles que emigran cada año.

Parece que el cubano es mal agradecido, porque en la última década otros cien mil han optado por emigrar del paraíso cubano al infierno capitalista.

Y Katz asume en su artículo el rol de iluminado, pretende que sigamos llenándonos de fe cuando afirma que lo ocurrido en la URSS demuestra que esa decisión política es el factor determinante del retorno al capitalismo  y que las divisas para repetir este proceso de restauración no se encuentran en Cuba en manos de los funcionarios, sino entre los receptores de dólares. Los dirigentes, según él,  definen cómo se utilizan esos recursos, y en esto último lleva gran razón la población no interviene para nada en ello y esto se hace sin fiscalización popular alguna.

Pero lo más decepcionante de este analista radica  cuando califica a analistas del patio de forma superficial y las citas a las que recurre  de  Piñeiro Harnecker, Pedro Campos, Isa Conde, Fernández Blanco, Cobas Avivar, Dacal Díaz, Miranda, Alonso, solo recogen algunos aspectos puntuales y no definitorios  de las concepciones socialistas de esos destacados pensadores cubanos.

Y su visión se centra en los ataques directos a Roberto Cobas Avivar, por tener  “cuestionamientos frontales a las reformas desde ópticas puramente estatistas” y porque estima “que las transformaciones actuales abren el paso al capitalismo, repitiendo el giro que inicio Gorbachov con la Perestroika. Katz censura a Cobas porque este denuncia  las “propuestas burguesas” de los documentos oficiales, atacan su contenido “anti-socialista” e impugnan su proximidad con el neoliberalismo.

Y más profecías  de este visionario político que nos resulta Katz, según él, “los críticos afirman que las reformas son implementadas por una casta burocrática para perpetuar sus privilegios sacrificando la revolución. Pero no explican por qué razón no consumaron ese tránsito luego del colapso de la URSS. En ese momento tenían más argumentos que en la actualidad para abrazar la causa del capitalismo”.

Katz, obvias de un plumazo algo muy importante: en 1989 Cuba no estaba militarizada y la economía estaba en manos de civiles, obvias además, que ya la revolución ha sido sacrificada y está siendo vendida en el mercado. Fidel no mandó a un millón de obreros a la calle, ni adoptó lineamientos para capitalizar el país, al contrario llamó a su pueblo a resistir y aquí estamos. Puede ser que seas argentino, olvida eso de que 20 años no son nada.

En los últimos veinte años, asevera Katz,  la dirección cubana dio muestras de ejemplaridad y austeridad y las principales manifestaciones de desigualdad involucraron más a los receptores de divisas que a los funcionarios. Sabe este señor que más del 60 % de la economía cubana en divisas está bajo control de las fuerzas armadas y hasta la fecha se desconoce actividad alguna de la contraloría, que se haya hecho pública,  sobre tales recursos bajo administración castrense. ¿De dónde saca él este dato tan preciso y pundonoroso? Desconoce que no hay control popular efectivo sobre esas finanzas.

Otra afirmación ingenua de Katz: “Los dirigentes que encabezaron una proeza de lucha contra el imperialismo, ahora implementarían las recetas de Washington. ¿Cómo se produjo semejante mutación?” Bueno, hágase la misma pregunta sobre la burocracia soviética y del resto del campo socialista y ya tendrá la respuesta. Una mujer es virgen hoy y mañana no, haciendo la conocida excepción de la Virgen María.

No hay que ser un experto político para concluir que la intención de Katz con este artículo es desautorizar –o al menos poner en dudas- a los críticos, que desde la izquierda, desde hace más de una década, censuran la política claudicante de la burocracia cubana, incluso tiene el atrevimiento de calificarlos como dogmáticos. Indiscutiblemente que para un próximo artículo sobre el tema debe leer más y con profundidad, porque desde la izquierda cubana hay hasta programas bastantes serios para construir un socialismo democrático y participativo, y lo más importante es que esa izquierda, que él intenta ridiculizar con argumentos pírricos, si ha participado en la primera fila de la epopeya revolucionaria desde 1959. Desconozco cuál ha sido su desempeño en esta epopeya. EL cuentecito que nos quiere hacer Katz queda para el muñeco de trapo que los niños hacen con la esquina inferior  de la camisa cuando alguien los intenta engañar.

Se confunde  o miente Katz cuando asevera y cito: “Los críticos navegan en una maraña de contradicciones. Cuestionan la baja productividad de la economía, pero sugieren encierros que acentuarían esa adversidad. Rechazan el aislamiento, pero objetan la alianza de supervivencia que estableció Cuba en el pasado con la URSS. Pronostican el fracaso de reformas económicas que recién comienzan, sin explicar por qué razón las previsiones de colapso cubano fallaron en los últimas dos décadas. Con ese tipo de miradas no se puede calibrar la excepcional epopeya cubana de los últimos 50 años”.

Katz, si usted quiere vivir en esa epopeya, que de seguro la vivió desde lejos,  esa es su decisión, pero yo le atestiguo que los buenos cuentos nunca tienen segundas partes.

No obstante, Katz tímidamente reconoce la necesidad de “involucrar a los ciudadanos en el manejo directo de su futuro como el principal antídoto contra los peligros de las reformas. Este propósito puede lograrse apuntalando la democracia socialista”. ¿Cómo conjuga este señor democracia con estatismo? ¿Democracia con militarismo? ¿Democracia con verticalismo? ¿Estará en sus cabales? Acaso la izquierda cubana no basa su programa en democracia y socialización.

Luego como para salvar un poco el pellejo Katz tímidamente reconoce que “existen incontables manifestaciones de insuficiencia de la democracia en el sistema político y la prensa. Las reformas son la oportunidad para corregir esas deficiencias”. Puede este señor decirme en cuál de los lineamientos se plantea reforzar la democracia, la libertad de expresión, reunión, etc. O eso queda para las calendas griegas. Confunde o sustituye este señor las “incontables manifestaciones” con el “objetivo primordial” de una clase.

No queda otra alternativa, tras la lectura de este artículo, Katz es otro de los tecnócratas que insisten en la idea que la construcción del socialismo es solo un problema económico, y sus propuestas, más propias de un marxista improvisado, a lo cual no nos tienen acostumbrado sus escritos,  se circunscriben a limitar la desigualdad social, mediante el mantenimiento de sistemas educativos y sanitarios públicos y a confiar en  la ejemplaridad de los dirigentes en un mundo lleno de pecadores.

La democracia y la socialización no tienen rol protagónico en su esquema.

 (1) Vea en este mismo blog el artículo “Emily Morris: Cuba ha demostrado que la economía socialista es posible”.

 

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