La época decembrina no ahoga las protestas en Colombia

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El que las movilizaciones tengan vida propia no es algo gratuito, se lo ganaron las políticas opresivas a una amplia base popular que—doblegada por el temor—está descubriendo que sí se puede cambiar el curso de la historia de un país y de un continente.


En una época tradicional en la que millares de colombianos solo pensaban en el dulce manjar blanco, la natilla, los buñuelos y las colaciones, el curso de la historia cambio con movilizaciones como la de “Medellín resiste cantando” que congregó—a ojo de buen cubero—a cerca de diez mil personas que corearon a 42 artistas. Música con sentido social, de protesta, para recordarle al presidente Iván Duque, a la clase política y al reducido grupo empresarial que manipula al país, que están equivocados si creían que el período decembrino ahogaría las protestas.

Hay razones de sobra para que en la capital de Antioquia y en el resto del país, permanezca encendida la llama de la frustración.

La reforma tributaria maquillada con el nombre de Ley de Crecimiento Económico fue aprobada en el Congreso. Se desconoció olímpicamente que fue una de las motivaciones del paro del 21 de noviembre que aún no termina, que deja a la fecha cinco civiles muertos y ocho que perdieron sus ojos, como consecuencia de las reacciones del Escuadrón Móvil Anti Disturbios –ESMAD–.

Al igual que las reformas precedentes, solamente favorecen a la clase empresarial a la que exime de cargas tributarias con el sofismo de que se busca generar más empleo. En la práctica ha sido todo lo contrario. El desempleo en Colombia está por encima del 12%, una de las cifras más altas de Latinoamérica.

Las empresas trasnacionales que concentran la industria farmacéutica y sobre cuyos hombros pesa la responsabilidad de decenas de pacientes, tiene una gabela: beneficios por más de $400.000 millones. Con ese dinero se podría mejorar muchísimo el servicio de salud que se le presta a los colombianos, pero ahora irá a bolsillos de los empresarios.

El limbo en el que se encuentra la sanción contra los corruptos al procurar cerrarles toda posibilidad a pagar su condena bajo la figura de casa por cárcel, evidenciando la doble moral de la clase política, y la enorme dificultad que han tenido las centrales obreras para negociar el ajuste salarial para el 2020, fueron otros de los alicientes para movilizar a miles de antioqueños. Unieron sus voces para cantar y protestar. Una forma novedosa de elevar una voz disonante, como ya lo hicieron con “Un canto por Colombia” el 8 de diciembre en Bogotá y otras ciudades.

La de las últimas horas en el Centro Administrativo La Alpujarra, fue una concentración sin precedentes históricos. Tal como anota la artista Adriana Lucía, amenazada de muerte por ser una de las organizadoras: “Colombia despertó del letargo de muchos años, y eso es lo importante”.

El paro 21N sigue vivo y hoy más que nunca, para angustia del presidente Iván Duque y el desasosiego de sus cada vez menos seguidores. El que las movilizaciones tengan vida propia no es algo gratuito, se lo ganaron las políticas opresivas a una amplia base popular que—doblegada por el temor—está descubriendo que sí se puede cambiar el curso de la historia de un país y de un continente.

Blog del autor www.cronicasparalapaz.wordpress.com

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