La enfermedad mental: un caso

Por Iñaki Urdanibia

No cabe duda de que la psiquiatría es la hermana pobre de la medicina, no solamente porque a ella se dedican menos recursos de los debidos, sino porque la complejidad y variedades de las disfunciones psíquicas, que tienen su origen o desarrollo en relaciones sociales, familiares, hace que su conocimiento y, en consecuencia, tratamiento sea objetivamente complicado. Todo da por pensar, a mí al menos así me lo parece, que estas dificultades hace que no pocos de quienes se dedican a estos menesteres sientan como cierto desánimo, cierta desesperanza a la hora de relacionarse con los pacientes.

Montse Batalla cuenta su historia, y su compañero Xevidom la dibuja en la novela gráfica que lleva por explícito título: « Manicomio. Una historia real», publicado por Ediciones La Cúpula. La protagonista de la historia es Clara quien siendo estudiante, tarea que compaginaba con algún trabajillo de camarera, es una joven activa, optimista, aplicada y que no tiene problemas a la hora de hacer amigos. En un momento de su vida se ve asaltada por miedos, ciertos estados afásicos además de insomnio. Su padres, preocupados, le llevan a un servicio médico, en el que se decide que ha de quedar ingresada. Allá comienza su calvario del encierro, y el de otros pacientes con los que convive; y allá padece el comportamiento de algunos especialistas que muestran un absoluto desprecio hacia los pacientes, una increíble falta de empatía con ellos y, en consecuencia, un trato que se aproxima al que se somete a los menores de edad, trato que es combinado con castigos en caso de darse algún acto, por nimio que sea, de desobediencia a las estrictas normas.

Sin entrar en mayores detalles, sí que pueden agruparse las cuestiones abordadas en el volumen en varios temas esenciales: la importancia del diagnóstico, los medicamentos adecuados que responden a lo anterior, sin obviar los efectos secundarios, la importancia de toparse con un profesional entregado, preocupado por el conocimiento de los pacientes, siendo capaz de salirse de los dictados del manual de turno( DSM, mediante)…sin obviar otros aspectos que se dejan ver en el raudo pasar de las páginas, como la diabolización de la enfermedad mental y de quienes por ella están afectados, o clasificados como tal, y la constatación de que cualquiera puede verse afectado por brotes de tal género; con respecto a los enfermos, una invitación a no esconderse y a no desesperar ya que del agujero, por negro, que se antoje, se puede salir; y vamos por partes, jugando un papel esencial el apoyo familiar.

En el caso de Montse / Clara se dieron diferentes diagnósticos y, en consecuencia, diferentes medicaciones: en primer lugar se habló de esquizofrenia y de brotes psicóticos ( y el empeño por parte del médico de que ella oía voces, a pesar de que ella siempre lo negase); de los diazepanes a la Olanzapina ( Zypresa), y el uso con respecto a otros internos del anulador Haloperidol…Más tarde, otro galeno, cambiaría el diagnóstico a trastorno bipolar y la variación de la medicación que pasó a ser fundamental de litio( Plenur). Tras vueltas y revueltas, y tras aguantar conductas chungas con respecto a ella y a otros pacientes, se le recomendó un profesional, que supuso un cambio en lo que hace al trato, al conocimiento del caso, y al diagnóstico: psicosis cicloide clásica.

En fin, en unas aclaratorias, y rebosantes de sinceridad y agradecimientos, la autora retrata las circunstancia de sus ingresos ( el primero en 2009 y el segundo en 2012), al que añade unos tiempos en que fue asaltada por un fobia de impulsión que le supuso una recaída.

La obra, qué duda cabe, que tiene interés al dar a conocer un caso, que pueden ser muchos casos similares, de enfermedad mental y de los incordios que suponen la propia enfermedad sino los tratamientos que con respecto a ella se adoptan. En este sentido , el libro tiene un claro punto de denuncia a la frivolidad – por calificarlo de algún modo- con que algunos dichos especialistas se comportan a la hora de emitir diagnósticos, las consecuencias que de ellos se derivan en el terreno de la medicación, y sus huellas, el trato poco humano de algunos enfermeros y personal auxiliar; también supone una invitación a no desesperar, a quienes se ven afectados por dichos males, etc., etc., etc. Con respecto a los dibujos aun sin entrar en valoraciones mayores, por incapacidad manifiesta del que esto escribe, éstos acompañan al texto de una gran sincronía y rigurosa simpatía ( sin pathos) total a la hora de recoger los estados de ánimo, los momentos de desbrujule de la protagonista, etc.

El libro es digno de aplauso ya que supone una introducción para quienes no hayan tenido contacto con tales asuntos, un acercamiento a los problemas de los enfermos y de sus parientes, y un claro decidido intento de normalizar el tema que generalmente es tan maltratado en los medios de comunicación y en el ambiente general de la sociedad

N.B.:

Desgraciadamente puedo dar fe de que lo que cuenta Montse Batalla, siendo un caso particular, no es fruto de ninguna alucinación, ya que, por suerte o por desgracia -más bien por lo segundo- he tenido la ocasión de conocer muy de cerca muchas de las cuestiones que tan acertadamente plantea en su novela. Sin afán de embalarme a la hora de contar la experiencia a la que me refiero , que dura ya una veintena y pico de años y de la que no se atisba “final feliz” como en el caso de Montse; en tal experiencia se han dado desde diagnósticos pueriles emitidos por bravos psicólogos ( crisis de la pubertad, fobia social, enfermedad mental grave…) hasta diagnósticos duros en diez minutos, y en momentos de crisis, en repetidas ocasiones, como esquizofrenia paranoide; he sido testigo de descalificaciones potentes de unos especialistas con respecto a las valoraciones de los otros, a cambios espectaculares de medicación o mantenimientos indebidos, más tarde la cosa pareció dar un giro, con ocasión de un ingreso, diagnosticándosele trastorno bipolar y la necesidad de un seguimiento continuado con intención de bajar la medicación…valoración desmentida, a la primera de cambio, posteriormente en el tratamiento(?) ambulatorio…En las situaciones de ingreso he podido conocer casos de trato humillantes, sin obviar algunas honrosas excepciones ¡y no seguiré!

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