La encuesta avestruz del CIS

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Por Rafael Cid
La encuesta del CIS correspondiente al barómetro de abril tiene truco y traca. Es un pronóstico sobre el resultado de las elecciones generales si se celebraran en estos momentos. Y desde esa perspectiva los análisis realizados por los medios de comunicación son válidos: el PP gana por los pelos (25,6%); el PSOE recobra el aliento a duras penas (24,3%); Podemos se desliza cuesta abajo (16,5%); Ciudadanos inicia una galopada (13,8%); Izquierda Unida da brazadas desesperadas (4,8%) y UPyD se despide (1,9%). O también puede titularse buscando el lado colorista-partidista, como hace El País: “el PSOE acerca al PP; Podemos se desploma y Ciudadanos se dispara”.
Esta manera de interpretar las intenciones de los potenciales electores permite decir también que ningún partido tendría la mayoría para gobernar, los socialistas recuperarían el segundo puesto en el ranking a costa de Podemos, que pasa a la tercera posición tras perder más de 7 puntos, y Ciudadanos irrumpe en cuarto lugar con un repunte de 10 puntos. Todo ello respecto al anterior sondeo de enero. Por nuestra parte, en este apartado generalista, podríamos decir que el bipartidismo PP+PSOE continua sin obtener el aval de legitimidad al no superar juntos el 50% de las voluntades.
Asimismo cabría aventurar que lo logrado por Podemos en las pasados comicios andaluces (el 14,84% y 15 escaños), si se confirma la tendencia a la baja, podría haber sido histórico. E incluso cabe agrupar la radiografía del CIS por bloques ideológicos a diestra (PP+C´s+UPyD) y siniestra (PSOE+Podemos+IU) y afirmar que la izquierda (45,6% de los votos) supera a la derecha (41,3%), advirtiendo que esta foto en su traducción a escaños variaría puesto que el partido de Rosa Díaz se esfuma y la coalición de Cayo Lara corre el riesgo de devenir extraparlamentaria.
Sin duda estos datos han influido decisivamente a la hora de tomar postura ante la investidura de Susana Díaz como presidenta de la Junta de Andalucía por parte de los dos partidos emergentes, Podemos y Ciudadanos, que ostentan una horquilla que votos clave para otorgar esa confianza. Pero sabedores de la tripas de la encuesta del CIS a punto de caramelo, Podemos se ha resistido a ser percibido como “la marca blanca” del PSOE-A y Ciudadanos, visto ya como “la marca blanca” del PP, no ha encontrado beneficios en jugar esa partida tándem.
Sin embargo lo más interesante por la proximidad de la cita con las urnas son las estimaciones que la muestra arroja respecto a las autonómicas y las municipales. Pero aquí los medios usan la estrategia del avestruz, tratando de esconderlas para que los árboles de las generales no dejen ver ese bosque. Un escrutinio que asegura que el PP solo conservaría la mayoría absoluta en Castilla León y Ceuta, descendiendo en el resto de las comunidades, en donde quedaría a merced de Ciudadanos para formar gobierno. Excepción hecha de Extremadura donde Monago sería derrotado por la mínima por el PSOE.
Claro que eso no significa que los barones socialistas estén para fiestas. Un recorrido por los distintos territorios en el contraste 2011-2015 refleja que, como ocurre a nivel del Estado, el reflujo del PP no se traduce en mejora para el PSOE. Las pérdidas en escaños para el partido de Pedro Sánchez son las siguientes: 5 en Aragón; 3/4 en Baleares; 1 en Cantabria; 11 en Castilla la Mancha; 8/9 en Castilla León; 10/11 en la Comunidad Valenciana; 2/4 en Extremadura (a pesar de superar allí al PP); 8/9 en la Comunidad de Madrid; 3 en Navarra; 3 en Asturias (la otra comunidad donde se impone el PSOE frente a su adversario) y 2/3 en La Rioja. O sea, que a pesar del desgaste que siempre conlleva estar en el poder no hay vasos comunicantes entre gobierno y oposición.
Y ya de salida. Si alzamos la cabeza de esa percepción vehiculada por los augures oficiales, y hacemos una evaluación con la vista puesta en las alternativas políticas que la crisis ha producido entre los partidos hegemónicos de los países azotados por el austericidio, saltan chispas. En Italia, la nación más madrugadora a la hora de innovar contra ese bipartidismo, el Movimiento Cinco Estrellas se ha instalado en el sistema político sin demasiada capacidad transformadora a pesar de haber sido la formación más votada en 2013. En Grecia el triunfo de la coalición radical de izquierdas Syriza vive sus momentos decisivos en la pugna con los capos de la deuda sin poder poner la mano en el fuego. Y en España, el nuevo partido Podemos, que nació como herramienta para conquistar las instituciones a costa de represar y capitalizar la protesta, parece estar de capa caída. ¿Quo vadis?

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