La ejecución del palestino autista en Jerusalén no es excepción, sino regla en Israel

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Si no fuera discapacitado, Israel lo habría presentado como el “terrorista” palestino arquetípico. A pesar de ello, el ejército israelí allanó su casa de inmediato, buscando “evidencia” que lo implicara. En los demás casos, si no encuentran evidencias, simplemente la inventan.

Un hombre de 32 años con la edad mental de un niño de 8 años fue ejecutado por soldados israelíes el 30 de mayo, mientras estaba agachado detrás de su maestro cerca de su escuela especial en la Ciudad Vieja de Jerusalén.

El asesinato de Eyad Hallaq podría no haber recibido mucha atención si no fuera por el hecho de que tuvo lugar cinco días después del asesinato igualmente desgarrador de un hombre negro de 46 años, George Floyd, en Minneapolis, a manos de la policía estadounidense.

“Las vidas palestinas importan”. Marcha por justicia para Eyad Hallaq (32), asesinado por soldados israelíes en Jerusalén Este. Gran cantidad de israelíes acompañaron a la familia del joven autista.

Ambos crímenes convergen también porque innumerables oficiales de policía estadounidenses han sido entrenados en Israel, por las mismas fuerzas de seguridad israelíes que mataron a Hallaq. La práctica de usar fuerza letal contra civiles es tan común en Israel como en EEUU.

La semana pasada miles de personas recorrieron las calles de Jerusalén, palestinos e israelíes, cantando “Justicia para Eyad, justicia para George”, reacción espontánea y sincera ente las injusticias repetidas.

La historia de Hallaq podría parecer un caso aislado, dado que a su discapacidad mental se agregaba su terror ante escenas sangrientas, que había presenciado en más de una ocasión, por lo que temía mucho a los soldados. Fue asesinado mientras cruzaba la calle King Faisal en Jerusalén, camino a poner la basura en el repositorio.

“También temía a los policías que se encontraban en la ruta a su escuela especial”, informó el periódico israelí Haaretz. Los muchos temores de Hallaq, que pueden haber parecido exagerados por su familia, resultaron ser ciertos. Ni siquiera una persona autista en Palestina está a salvo de la violencia de los soldados.

Eyad Hallaq fue herido dentro de un cuarto de basura sin techo en la Ciudad Vieja de Jerusalén. El hecho de que el hombre gritara de agonía mientras se escondía detrás de su cuidador, quien suplicó a los soldados, rogándoles que no dispararan nuevamente, tampoco fue suficiente. Aun así, los soldados avanzaron y, desde más cerca, dispararon tres balas al torso Hallaq mientras yacía herido.

Tomados por sorpresa por la naturaleza espeluznante del asesinato y el estado mental de la víctima, los voceros del gobierno de Israel se movieron rápidamente para contener el daño. Al principio dijeron que Hallaq llevaba una pistola de juguete al momento del tiroteo. Luego retrocedieron, prometiendo una investigación.

En los últimos años, el ejército israelí ha adoptado la política de disparar a matar a cualquier palestino que sospeche que intente dañar a los soldados de ocupación, incluso cuando el presunto atacante palestino ya no represente amenaza. En el caso de Gaza, donde los manifestantes están separados de los francotiradores israelíes por dos alambradas de púas y un espacio vacío de casi una milla de largo, el ejército israelí emitió órdenes, desde junio de 2019, para “disparar y matar a instigadores clave” de las protestas, incluso mientras “inactivos”. Cientos de personas fueron muertas así en la Gran Marcha del Retorno de Gaza, y entre los “instigadores clave” hubo médicos, periodistas, niños y niñas.

La discapacidad mental de Hallaq debería haberle evitado que después de su muerte el gobierno israelí lo presentara como el “terrorista” palestino arquetípico. Sin embargo, el ejército israelí allanó su casa de inmediato, buscando “evidencia” que lo implicara.

 

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