La economía participativa. Una alternativa a los sistemas económicos conocidos

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por Antonio Lozano Grande

Unas de las críticas que se han vertido continuamente al altermundismo en general y al movimiento libertario en concreto, es la incapacidad de ofrecer y articular una alternativa completa al actual modelo económico. La economía participativa o Parecon intenta suplir esta carencia creando un modelo de economía formal y un modelo teórico de un sistema productivo alternativo. Este sistema económico presenta prácticas que se remontan al capitalismo y que tiene alguno de sus ejemplos más paradigmáticos en las colectivizaciones agrarias de Aragón o las empresas autorecuperadas argentinas.

Este modelo de economía democrática y deliberativa fue desarrollado en los años 90 por Michel Albert y Robin Hanel y se configura como alternativa, o como una tercera vía, deseable al capitalismo de libre mercado y la competencia perfecta, a los fracasados regímenes de planificación autoritaria y centralizada y, por tanto, al conocido “no hay alternativas” del neoliberalismo pregonado por Thatcher.

La economía participativa se basa en una serie de principios sobre los que se asientan las instituciones (los consejos de productores y consumidores con sus respectivas federaciones) que lo forman y determinan su funcionamiento. La interacción entre los consejos y sus federaciones se produce en un proceso iterativo denominado planificación participativa.

PRINCIPIOS.

El primer principio a tener en cuenta para Parecon es el democracia económica. Este principio pretende superar el concepto friedmanita de libertad tan extendido hoy en día, donde sólo existe libertad en aquellos aspectos económicos que interese a las grandes corporaciones y multinacionales, obviando, por ejemplo, la libertad de movilidad de las personas, para quien las fronteras están permanentemente cerradas. Este principio se sustenta en la idea de la ley de mayorías, donde cada persona tiene derecho a un voto. Sin embargo, como no siempre los problemas y decisiones a tomar nos afectan de la misma manera, el poder de decisión de los individuos es proporcionalidad a cómo puede verse afectado por las diferentes opciones. Es dentro de este principio donde se articula la autogestión económica en Parecon. Son los propios individuos, que se ven afectados por las decisiones de producción y consumo, los que deciden cómo articular y llevar a cabo las diferentes opciones existentes. Más adelante, al describir las instituciones de Parecon y su funcionamiento, se verá como la autogestión y la democracia económica están en el centro del sistema.

La justicia económica es otro de los grandes principios a tener en cuenta. Existen cuatro axiomas retributivos que pueden ser clasificados como clásicos. El primero de ellos plantea que lo individuos deben ser retribuidos según su contribución de capital humano y físico. Este axioma es defendido por los sectores más conservadores y da lugar al denominado dilema del nieto de Rockefeller. Este dilema plantea que el nieto de Rockefeller deberá recibir más que nadie a la hora de ser retribuido por su aportación realizada, aunque esta aportación sea fruto de las herencias y no de sus propias capacidades. El segundo axioma cuantifica la retribución de cada individuo según su contribución de capital humano. Este axioma se acerca en cierta medida al liberalismo igualitario de Rawls desde mi punto de vista. Sin embargo, este axioma como el primero, es altamente injusto, pues premia la lotería genética y las cualidades intrínsecas de las personas y pone de manifiesto el dilema educativo, es decir, tener las mismas probabilidades de acceso a la educación. El tercer axioma está fuertemente arraigado a la tradición libertaria, siendo, quizás el más solidario y justo. Este axioma se considera que la retribución se debe realizar de acuerdo con las necesidades de cada individuo. Por último, Parecon, al igual que los activistas de la justicia social, considera que las retribuciones de cada individuo se deben realizar de acuerdo con su sacrificio y esfuerzo personal. Sobre la idea de sacrificio, es decir, sobre aquello de lo que sólo se tiene control, volveremos más tarde.

El principio de sustentabilidad se basa en dos ideas. La primera es la equidad intergeneracional, la cual implica dejar a las futuras generaciones las mismas o mejores condiciones que tienen las generaciones presentes. Por otra parte, la sustentabilidad también se basa en la idea del principio de precaución o preventivo, el cual indica que, si una determinada acción puede llegar a implicar un riesgo o, simplemente, genera cierto grado de incertidumbre, es mejor no llevarla a cabo. Este principio de sustentabilidad no implica paralizar la actividad humana, sino que está relacionado con el uso eficiente de los recursos y con la concienciación de que la actividad humana afecta al ambiente que nos rodea y que el sistema productivo debe ser totalmente respetuoso con nuestro entorno. Si tal y como dice la ortodoxia económica actual, la deuda es mala porque lastramos posibilidades de consumo futura (consumo intergeneracional), sobreexplotar los recursos naturales y evitar el consumo futuro, también es reprochable.

Ya ha surgido la idea de equidad y eficiencia dentro del ámbito de la sustentabilidad. El principio de eficiencia tal y como lo concibe Parecon no tiene nada que ver con la rentabilidad, sino con la asignación eficiente de los recursos para satisfacer. En este sentido, la economía participativa supera el óptimo de Pareto como medida tanto de eficiencia como de equidad, ya que, al incluir juicios de valor, se puede considerar una asignación de los recursos socialmente eficiente y una redistribución equitativa cuando toda la colectividad mejora, aunque algún individuo empeore. Es decir, si ante un cambio, los beneficios globales para cualquiera y todas las personas son superiores que los costes globales para cualquiera y todas las personas, estaremos ante una nueva asignación eficiente de los recursos. Pero ya no sólo eficiente, ya que, al comparar el bienestar de las personas, introducimos juicios de valor, y si en esa comparativa de beneficios-costes, los beneficios globales son mayores que los costes, como se ha comentado, también existirá una asignación más equitativa de los recursos.

La economía participativa considera la solidaridad como creadora de bienestar y no como una externalidad interpersonal, como la define la ortodoxia económica. La solidaridad pretende superar la concepción que nos enseña que el ser humano es egoísta y sólo se motiva por la avaricia. La solidaridad es un valor que genera estima. Este principio, pone al mismo nivel el bienestar propio y el ajeno.

El último de los principios de la economía participativa es el de variedad. Este principio parte de la idea que las personas somos diferentes y, por tanto, las mismas necesidades pueden ser satisfechas de diferentes formas. Considera que la uniformidad no es buena y que la mayoría no siempre tiene la razón.

INSTITUCIONES

Como ya ha sido comentado, el modelo de economía participativa es un modelo total y formal, por lo que que tiene en cuenta los dos enfoques fundamentales de la actividad económica: la producción y el consumo.

En este sentido, una de las instituciones fundamentales para Parecon es el consejo de trabajadores. Frente a la empresa capitalista tradicional en la que los accionistas toman las decisiones, el consejo de trabajadores, formado por todos los trabajadores, es quien toma las decisiones a través del voto de cada trabajador. Todos los trabajadores tienen los mismos derechos y deciden cuánto trabajar, bajo qué condiciones, en qué horario, con qué objetivos y cómo dividir las diferentes tareas. Como bien es sabido, y suele recordar Chomsky reiteradamente, actualmente, los centros de producción son las instituciones menos democráticas que existen. Por el contrario, en el modelo que se está exponiendo, es fundamental la participación de los interesados, es decir, son los trabajadores, a través del consejo quien toma las decisiones, produciéndose una empoderación de los trabajadores. Esta empoderación supone una igualdad a la hora de tomar decisiones, tanto manera formal como efectiva.

Sin embargo, este empoderamiento no sólo se produce en la toma de decisiones, sino también en los puestos de trabajo al intentar lograr un empleo equilibrado. Se entiende por empleo equilibrado que todos los trabajadores, por equidad, deben de realizar todas las labores, incluso aquellas menos deseables, haciendo que el trabajo realizado sea más compensado. Hay que tener en cuenta, que este empoderamiento surge de la idea que el trabajo no debe ser considerado como una obligación, sino como algo placentero por hacer las cosas de manera diferente. Es necesario puntualizar, que el empleo equilibrado no elimina las especializaciones, los expertos siguen teniendo su papel, como consecuencia directa de los principios de autogestión y eficiencia.

Ya han sido comentados los diferentes axiomas retributivos que existen. La economía participativa otorga derechos de consumo o provisiones de consumo, que no se deben considerar como ingresos, a aquellos individuos que más esfuerzo o sacrificio realizan. Sin embargo, estas retribuciones están limitadas por el esfuerzo promedio que asignan los consejos para evitar lo que se denomina una inflación de esfuerzo. Son los trabajadores, dentro del consejo de trabajadores, quienes determinan la retribución de derechos de consumo que le corresponde a cada trabajador. En este sentido, se hacen bastantes críticas a este sistema de retribución. Estas críticas se centran en la dificultas de evaluación del esfuerzo. Sin embargo, Parecon considera que no es difícil medir el esfuerzo o sacrificio realizado, ya que son los propios trabajadores quienes evalúan. Estos trabajadores estarán concienciados, evitando, de esta manera, el problema de las camarillas. Otra de las críticas realizadas, se centra en los incentivos. Se supone que hay que incentivar al hábil para que sea más productivo. Pero estos incentivos no sólo tienen porque ser materiales, sino también inmateriales, ya que el consumo esencial o básico está satisfecho, no existe consumo conspicuo y no es necesario guardar para el futuro.

El consejo de consumidores es al consumo como el consejo de trabajadores a la producción. Como es obvio, se puede consumir porque se han recibido provisiones de consumo por parte del consejo de trabajadores al que se pertenece. Tener provienes de consumo implica tener libre opción a lo que se desea consumir. Esto supone que son las preferencias de consumo quienes determinan que producir y no la oferta la que determina su demanda. En este sentido, se restituye al consumidor su soberanía (eliminando el consumismo irracional) y se elimina el sesgo hacia bienes privados tan característico del capitalismo. Pero, aunque no se trabaje, también se asigna una provisión a estos individuos, asignación determinada por la sociedad.

Formar parte del consejo de consumidores implica determinar mi solicitud de consumo de bienes privados, determinar mis preferencias sobre los bienes comunes y votar a mis representantes en las federaciones de consumo.

Si dentro del marco de la producción existe el concepto de derechos o provisión de consumo como retribución, dentro del marco del consumo existe el concepto de precio indicativo para cada uno de los bienes, tanto producidos como demandados. El precio indicativo es definido como el coste social de producirlo, incluyendo el coste oportunidad en relación con las generaciones futuras. Este precio indicativo nos va indicar cuanto podemos consumir en relación con los derechos de consumo obtenidos.

Tanto los consejos de consumidores como de trabajadores se agrupan en las federaciones, institución necesaria para asegurar la participación de todos los interesados. Estas federaciones funcionan a través de delegados, por lo que, estamos pasando, de una democracia directa a un modelo representativo. Estos delegados son rotativos y es cada consejo el que determina su margen de maniobra.

La última institución definida para el modelo e economía participativa es el proceso iterativo de planificación participativa. En este proceso intervienen los consejos y federaciones de consumidores, los consejos y federaciones de consumidores y la junta facilitadora de repetición.

El proceso de planificación participativa se desarrolla en tres fases. En la primera de ellas, la junta facilitadora de repetición determina los precios indicativos de los diferentes bienes que se pueden producen. A continuación, las federaciones de consumo manifiestan sus necesidades de consumo (qué quieren consumir) y las federaciones de trabajadores emiten su propuesta de producción (qué pueden producir). En la tercera fase, se evalúan las propuestas de consumo, comparando su coste social con las provisiones de la federación. También se evalúan las propuestas de producción comparando los beneficios sociales con los costes sociales que generan. En esta tercera fase, los precios indicativos son esenciales porque a través de ellos se determina qué consumir y qué producir, ajustando las protestas de ambas federaciones, hasta que no exista exceso de oferta ni de demanda. Los ajustes de las diferentes federaciones lo realizan los propios trabajadores o consumidores teniendo en cuenta el coste social de los diferentes bienes.

En el proceso de planificación participativa se da, por una parte, una promoción de la eficiencia, ya que los trabajadores y consumidores orientan sus decisiones teniendo en cuenta los costes sociales buscando una asignación eficiente de los recursos. También se promociona la equidad, ya que las propuestas y sus cambios deben ser aprobados por el resto de los consejos, y esto sólo puede ser aumentando su esfuerzo o disminuyendo su consumo. Y por último, se promociona la autogestión, ya que son los propios consejos de consumidores y trabajadores quienes revisan sus propuestas.

CONCLUSIONES

Parecon, la economía participativa, se configura como una tercera vía de los sistemas económicos conocidos, incluido del capitalismo socialdemócrata, el cual, no es suficiente por no proteger el medio ambiente, no ofrecer justicia ni democracia económica, la propiedad sigue siendo privada y cualquier triunfo adquirido, como estamos, viendo pude ser perdido. Por otra parte, Parecon presenta una visión del sistema económico basada en una administración de los recursos justa y democrática frente a una administración egoísta y competitiva.

Es, en ese aspecto de democracia económica, donde la autogestión cobra valor y adquiere todo su peso en este sistema. Si el fin último de un sistema económico es la satisfacción de necesidades y la asignación y la distribución de los recursos, en Parecon, se logra este fin de una manera totalmente autogestionaria, donde los productores y consumidores deciden, teniendo las posibilidades de producción y las necesidades a satisfacer, qué producir y qué consumir. Son los trabajadores quienes deciden cómo organizar su trabajo y no unos pocos accionistas y son los consumidores quienes crean su demanda, no cayendo en el consumismo de la sociedad actual.

Como se ha dicho, es un modelo teórico que tienen en cuenta tanto el consumo como la producción. En la actualidad, no existe ningún modelo ni ninguna experiencia práctica y real que aúne producción y consumo como ha sido explicado, si bien, en la sociedad actual existen ejemplos de empresas autogestionadas y grupos de consumo donde las decisiones se toman bajo principios democráticos y deliberativos, sostenibles, solidarios y justos. Estas experiencias son el primer paso, nos habilitan socialmente, para ir más allá y lograr una emancipación social que nos lleve a una sociedad y sistema más justos y sostenibles.

Antonio Lozano Grande (Instituto de Ciencias Económicas y de la Autogestión. ICEA)

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