La economía de España y su extraña recuperación al margen de la banca

Por Sergio Pérez

Los últimos datos publicados por el BdE acerca de la evolución del crédito en la economía de España no dejan lugar a dudas; el grifo de la financiación está seco, el número de años consecutivos en los que un mes de mayo arroja cifras negativas de contracción ya ha ascendido a seis y, mientras tanto, los mensajes de los organismos estadísticos e institucionales apuntan a que la recuperación económica se encuentra en plena marcha. ¿Es posible esta circunstancia?

Efectivamente, la economía de España cayó con anterioridad a la irrupción de la crisis en una vorágine de endeudamiento privado que parecía no tener límites. Sin embargo, la actual superación de la crisis económica (en términos estrictamente técnicos) no está encontrando soporte alguno en el sector financiero. Más bien al contrario, parece estar discurriendo al margen de la propia evolución de la banca, cuya dinámica de negocio ahora es, curiosamente, exactamente opuesta a la que hacía gala años atrás.

Esta extraña conjugación de circunstancias pone en evidencia que no son precisamente los proyectos empresariales innovadores e incipientes los que están pudiendo desarrollarse en la estructura productiva de la economía de España, sino aquellos que por su nivel de maduración y acumulación de excedentes no necesitan solicitar financiación en aras o bien del mantenimiento de sus negocios o bien de sus estrategias de expansión. Pero no lo olvidemos, la actividad financiera es capital para cualquier economía razonable que aspire a fomentar un sector empresarial que se pueda no solo desarrollar, sino también renovar, transformar o diversificar. Lo demás, cualquier escenario en el que esta sencilla simplicidad no se pueda observar es, cuando menos, extraño, raro o extravagante.

Pero que el sector bancario de España posea una serie de privilegios que no sean sino la verificación del elevado status de una de las más acomodadas élites de la economía española es algo que ya sabíamos. Lo nuevo ahora, lo significativamente nuevo en el momento actual, es que su inactividad sea algo irrelevante para el ciclo en el que nos hemos adentrado. Ese mismo y extraño ciclo en el que el crecimiento que se genera es no solo cómodo, sino también plácido y suficiente para la banca, sí, pero lamentablemente también para el actual gobierno central.

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