La doble vara de medir la pobreza de la monarquía

La reina Sofía se nos va a ayudar a los pobres de Filipinas en donde el 24% de la población se encuentra por debajo del umbral de la pobreza, según nos dice el establishment. Es aquí que encuentro la noticia ingenuamente ilógica e irrisoria; mirando la pobreza y desgracia sin sentido que padecemos en el país donde ella es reina. Que no se malinterprete y nadie piense que soy insolidario con la pobreza ajena, nada más lejos de la realidad que persigo para todo ser humano en la gobernanza de la sociedad por la que lucho a nivel global, sin privilegios ni jerarquías.

Para mí este viaje no significa más que un hecho puntual de distracción al populacho, de esta manera distraen sobre lo que aquí están haciendo, no siendo así sólo podría pensar que Sofía se encuentra subida en su pedestal y en una nube de ostentación y poder en la que la niebla a esas alturas no le deja o más bien no quiere ver la realidad social del país en el que es reina, en el cual también hay millones de pobres a los que ayudar. Pero pobres de verdad; de los que están bajo el umbral de la pobreza.

También le puede faltar esa visión por no tener nunca los pies en el suelo, encontrándose siempre subida en esa nube.

Mientras escribo estas lineas, la pobreza en nuestro país habrá seguido creciendo con las medidas reaccionarias de este régimen y su gobierno dictatorial capitalista, que además se permite apoyar y mantener a la monarquía, un estamento de clan familiar privilegiado que averguenza por no tener sentido ninguno en pleno Siglo XXI. Ignoran con ello que toda dignidad real no es sino una usurpación realmente existente del poder popular; un poder ilegítimo adquirido en su día muchos siglos atrás a través de la violencia, elegidos siempre estos monarcas por la aristocracia o el poder de turno, nunca por sus vasallos en su más completa libertad de elegir sin miedo, sin condiciones, sin presiones, sin adormecimiento de la razón y lo más importante, sin coacción.

Además en monarquía, dejamos de ser ciudadanos y pasamos a ser súbditos, algo incompatible con un verdadero sistema democrático.

Para acabar con este privilegio deberíamos todos adquirir un compromiso constante con los movimientos sociales que impulsan una III República.

NOTICIAS ANTICAPITALISTAS