La disyuntiva cubana

Del prolongado estancamiento estatista-burocrático se podría transitar o al nuevo socialismo o a la plena restauración capitalista.

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I

La revolución cubana ha sido uno de los procesos más admirables de la historia moderna para todo aquel &nbsp que ponga en el centro de su corazón y de su mente la lucha por la justicia, el derecho a vivir dignamente y el sentido humano del quehacer político, social y cultural en los combates por la emancipación de los pueblos.

Cuba revolucionaria merece, porque se la ha ganado, una solidaridad sin límites ni condiciones, y sus conquistas y aciertos históricos deben ser defendidos hasta las últimas consecuencias.

Su pueblo, sus fuerzas revolucionarias, sus movimientos sociales, sus dirigentes históricos, sus intelectuales, atletas y artistas… precisamente por ejemplares concitan una sincera admiración que es preciso rodear de respaldo.

Me inscribo en el amplísimo arco iris que ha militado y admirado la revolución Cubana como &nbsp si fuera propia y, sobretodo, como tesoro de nuestra América y de toda la humanidad; primera y única revolución de orientación socialista en el hemisferio occidental&nbsp a todo lo largo del siglo XX.

&nbsp No solo por ser la primera en su tipo a escala continental y en el escenario de una pequeña isla ubicada en el centro de la frontera imperial, la Revolución Cubana es merecedora de todo eso y mucho más, sino además por su singular rebeldía y determinación antiimperialista en condiciones tan adversas: cercada, bloqueada, sistemáticamente agredida por la feroz superpotencia capitalista estadounidense. Gravemente erosionada por todo lo que implicó el derrumbe de la URSS y del “campo socialista”. Y siempre digna.

Pero además la revolución cubana le ha garantizado a su pueblo -con los altibajos causados por su accidentada y heroica existencia- una vida biológica y espiritual de calidad, expresada en niveles de alimentación-nutrición, salud colectiva, educación, cultura, deporte…realmente sin precedente a lo largo de la existencia de países parecidos en todos los continentes.

Aun con todas las adversidades, aun con todas las agresiones, aun con las circunstancias adversas que han gravitado sobre el proceso revolucionario cubano, allí en breve plazo se superó la miseria y el hambre que azotan cada vez más a la humanidad y azotaron su territorio y sus pobladores por cuatro siglos y medio, logrando así que las expresiones de pobreza que han perdurado no alcancen niveles extremos. Eso es una gran hazaña.

&nbsp Una hazaña como lo ha sido también mantenerse altivamente de pie frente a todos los cercos, agresiones bloqueos y derrumbes; al&nbsp tiempo de exhibir a escala mundial la hoja más pródiga en materia de internacionalismo y solidaridad para con los demás pueblos del mundo.

Eso no está en discusión, como no lo está nuestra solidaridad sin límites frente a la continuidad del bloqueo estadounidense, a la hostilidad del imperialismo occidental, a las perversidades de la mafia cubano-americana de Miami, a las agresiones de las derechas de todas las matices, a las pretensiones de afectar su autodeterminación y de utilizar sus dificultades externas y internas -incluidas las que se derivan de la crisis que afecta sus estructuras socio-económicas- políticas estatistas y del desgaste físico-biológico de sus dirigentes históricos- para inducirla y/o forzarla a cualquier tipo de restauración capitalista.

Esta nítida y beligerante actitud frente a los enemigos de la revolución y del pueblo cubano, respecto al antiimperialismo y anticapitalismo que han abrazado sus sectores de vanguardia y respecto a las convicciones socialistas (que más allá de la burocratización estatal han posibilitado construir el “socialismo de Estado” con importantes conquistas sociales y significativa reducción de las desigualdades), no conlleva en mi caso dejar de expresar preocupaciones sobre los peligros que en otro órdenes asechan a ese valioso proceso.

Peligros relacionados con la evolución del modelo establecido y con los errores propios que terminaron de conformarlo y expandirlo hasta adoptar sus presentes características; riesgos relacionados con la crisis estructural y la tendencia al agotamiento del modelo vigente y con los problemas derivados del peso implacable de los años sobre su liderazgo histórico y de la cercana perspectiva del agotamiento de su vida biológica.

Obviar esta reflexión, ocultar estas preocupaciones, cuando la necesidad de nuevos cambios revolucionarios tocan como necesidad las puertas de esa sociedad para la superación de su crisis singular y el repunte de las transformaciones, sería a mi entender no solo erróneo, sino además poco solidario; aunque esa omisión complaciente tome por pretexto la solidaridad frente a sus&nbsp adversidades externas y las asechanzas y&nbsp propósitos del enemigo imperialista.

La continuidad de la revolución cubana como revolución popular anticapitalista y –sobretodo- como nuevo proceso que posibilite avanzar más aceleradamente hacia el socialismo, está ciertamente amenazada por factores externos de carácter endémico a la naturaleza del capitalismo y del imperialismo mundial, pero también –repito- por factores internos relacionados con el nivel actual de la crisis estructural del modelo estatista establecido en ese país

Si erróneo sería &nbsp debilitar la solidaridad frente a los agresivos factores externos contrarrevolucionarios, también lo es no atender las disyuntivas internas y no reconocer la necesidad cada vez más imperiosa de la renovación revolucionaria de ese proceso.

En ese espíritu nos decidimos por exponer – como lo hemos hecho en otras ocasiones- nuestras sinceras apreciaciones en torno a la trascendente actualidad cubana. Siempre desde la militancia en la revolución, desde el antiimperialismo y desde los ideales comunistas, socialistas…, que ha sido nuestra opción de vida en el quehacer político y social; siempre desde el interés de hacer crecer, como factor contrario a los&nbsp estancamientos y&nbsp dogmatizaciones, la “herejía revolucionaria”, esto es, la creación y renovación permanente.

Reconozco que no es el camino más cómodo, sobretodo por el peso de la intolerancia en la cultura política &nbsp de ciertas izquierdas, pero sí el que me parece más honesto, más eficaz y más sincero.

·&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp Preocupaciones, tensiones y endurecimientos

Desde Cuba nos llegan señales de que las tensiones crecen y las preocupaciones más.

En esta fase el poder establecido, más allá de cualquier deseo inicial de sus representantes, se endurece hacia dentro cuando convendría tonarse más tolerante y reflexivo; incluso se impregna en mayor medida del conjunto de concepciones y métodos que caracterizan el quehacer militar en una sociedad donde la defensa por esa vía ha jugado un rol tan sobresaliente.

Esto ha sido consecuencia directa del traspaso en mayor escala a las áreas civiles del Estado de cuadros y concepciones propias de la incursión militar en la economía y otros aspecto de la gestión y organización estatal desde la destaca personalidad de Raúl Castro y su equipo técnico-militar, quien al relevar a Fidel ha comenzado a desplegar su impronta.

Las primeras y positivas señales a favor del debate ofrecida por el nuevo gobierno, la concreción del llamado a la discusión interna en todos los niveles y el anuncio de la disposición a “cambiar todo lo que haya que cambiar”, no rebasaron el rol de la catarsis, del desahogo en gran escala.

Cierto &nbsp que algunas cosas &nbsp cambiaron: algunas para mejor, otras para peor. Pero la mayoría –y en especial las fundamentales- se han quedado iguales. Por lo que de un cierto entusiasmo, de un moderado resurgir de la esperanza, se ha pasado a una significativa insatisfacción, a un resurgir del descontento, a un crecimiento de la crítica sin canales abiertos ni programas de reuniones para su expresión.

Cuando el nuevo Presidente Raúl Castro convocó a ese importante debate, lo dicho ordenadamente en centenares de miles de reuniones de núcleos del partido, de Comités de Defensa de la Revolución (CDR), de reuniones de organismos, de asambleas y encuentros de organizaciones sociales, se quedó soterrado, sin expresión horizontal y, peor aun, sin expresión abierta.

De todo lo expuesto y propuesto, cuyo volumen y diversidad se ha dicho que fue realmente impresionante, solo se ha tenido en cuenta una parte reducida; casi nada realmente relevante, mucho menos diferente a lo inicialmente planteado por la nueva administración. Y a partir de esos resultados, las quejas, las ideas, las propuestas diferentes, las críticas, las valoraciones… se han reactivado desordenadamente por todos los canales imposibles de prohibir.

Entonces, la presión soterrada desde las bases ha endurecido la defensa del &nbsp poder inmóvil en medio de su prolongada crisis. Su verdadera naturaleza burocrática-militarizada-autoritaria, más allá de los diversos matices y las diferentes sensibilidades de sus principales figuras, se ha potenciado hasta romper su pasividad frente a las críticas y comenzar a aplicar medidas administrativas y restrictivas más fuertes, sin diferenciar al contra-revolucionario pro-capitalista del revolucionario marxista en búsqueda de alternativas, más bien con bastante ensañamiento hacia estos/as últimos/as.

·&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp Los temas de fondo

La cuestión de fondo toca dos grandes temas, que se han tornado en grandes necesidades: el cambio de un modelo económico y político adoptado en el devenir de la revolución anticapitalista y antiimperialista y el cambio a favor de las más jóvenes generaciones revolucionarias en las funciones de Estado, partido y movimientos sociales. Ambas necesidades forman parte de la agenda actual de aspiraciones de quienes vehementemente no desean la derrota del proceso y al mismo tiempo se oponen a la restauración capitalista en cualquiera de sus variantes: la china, la gringa y las demás.

Ambos temas a su vez se relacionan muy estrechamente con dos grandes problemas todavía sin superar:

1) El agotamiento del modelo estatista-burocrático que paso a paso, progresivamente, se impuso contra las propias características jacobinas, rebeldes, heréticas de la revolución original. El proceso de conversión de las estructuras de poder en Cuba en mecanismos y sistemas muy parecidos a los del llamado socialismo euro-oriental, reproduciendo parcialmente fenómenos negativos similares y generando la presente crisis.

2) La declinación biológica de la generación histórica de la revolución, la que le facilitó una significativa y fundamental cuota de legitimidad política al modelo burocrático en expansión y la que condicionada por la consolidación del modelo vigente hizo cultura de poder conduciéndolo; interiorizando – posiblemente sin proponérselo- una parte de sus concepciones, métodos y procedimientos; desechando finalmente (en diferentes ocasiones en que fueron oportunos o estuviera planteada su necesidad) los cambios necesarios hacia la renovación socialista, y persistiendo en las tolerancia y &nbsp concesiones significativas al proceso de burocratización.

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La tendencia al agotamiento del modelo cubano como factor de desarrollo ha devenido en crisis estructural, insuperable dentro de su propia dinámica sin producir un corte superador. Más aun, en ese contexto las grandes &nbsp conquistas tienden a debilitarse y afectarse, mientras las precariedades y deformaciones políticas, económicas y sociales &nbsp tienden a crecer, y no solo por las agresiones externas.

En realidad si no se le abre camino a las nuevas transformaciones socializantes y &nbsp democratizadoras, si no se supera la intermediación burocrática, si no se convierte al pueblo trabajador en real dueño y gestor de los medios de producción, distribución y servicios, sino se deja atrás toda expresión del patriarcado, del adulto-centrismo y del racismo cultural; &nbsp sino se pasa del -ordenó y mando- a una auténtica participación colectiva en la toma de decisiones, sería imposible salir del estancamiento, generar esperanzas y potenciar nuevos entusiasmos liberadores.

En Cuba, el aparato del Estado, el aparato político, el sistema administrativo empresarial y el sistema de privilegio que acompaña a una gran parte de sus instancias de decisión y a los funcionarios correspondientes, se han alejando cada vez más del pueblo llano; lo que se agrava más aun en la medida pierde energía el liderazgo histórico y carismático.

En esas circunstancias el partido deja de ser tal, se funde con el Estado y sus fuerzas armadas, y ambos desde sus respectivas escalas jerárquicas se apropian de las libertades para restringirlas, clasificarlas, eliminarlas, mutilarlas y concederla a su conveniencia-o mejor dicho- a la conveniencia del poder centralizado, paulatinamente minimizado de participación popular.

Otro tanto acontece en el sector externo entre los intereses de Estado y los de la solidaridad revolucionaria con los pueblos en lucha: progresivamente, por el peso abrumador de las relaciones de gobiernos a gobierno, se va embotando, mediatizando y eliminando la solidaridad de pueblo a pueblo que siempre demanda desbordar esos estrechos límites intergubernamentales.

Los poderes populares originales, las formas de democracias directas, no prosperan debido al peso aplastante de los aparatos.

Las organizaciones y movimientos sociales son marginados por los aparatos superiores ajenos a su naturaleza y además por sus propios aparatos dependientes del Estado.

Las restricciones al debate en las cuestiones cruciales enrarecen el clima político y generan sensación de asfixia.

La certeza política de las decisiones depende del talento de los líderes, incomparablemente menor, por más geniales que resulten, que la sabiduría colectiva, que las decisiones hijas del debate, de la participación y de la democracia socializada.

En ese contexto –como apuntamos antes- el agotamiento y/o declinación biológica del liderazgo histórico reduce más aun la legitimidad del modelo hegemónico, acelera la crisis de confianza, acentúa la decadencia del sistema estructurado y lleva a una situación en la cual es muy difícil de sostener el actual estatus quo.

Esto ha acontecido en todos los modelos parecidos, dondequiera que ha predominado el estatismo a nombre del socialismo, dondequiera que ha primado el llamado “socialismo de Estado”. Y &nbsp lamentablemente esto está ocurriendo en la Cuba actual.

Por eso el cambio de modelo y el cambio generacional –que venía tocando las puertas de ese proceso desde años atrás- se tornaron más imperiosos a raíz de la enfermedad de Fidel y de su decisión de delegar la Jefatura de Estado en favor de Raúl como sucesor constitucional; y entonces ambos temas cobraron más actualidad y generaron más presión político-social… hasta reabrir temporalmente –como aconteció en el 2007- las válvulas del debate interno dentro de verticalidad de los procedimientos establecidos a que hicimos referencia.

Aparecieron entonces con más claridad las matices y diferencias, incluso se delinearon mejor las corrientes de pensamiento dentro y fuera del poder, así como la inclinaciones y preferencias respeto a la manera de superar el estancamiento con mayores o menores reformas destinadas a enfrentar el inmovilismo o &nbsp con actitudes destinadas a reafirmarlo o simplemente a atenuarlo.

En tales circunstancias hubo razones para que los ánimos se elevaran y la esperanza comenzara a renacer, pese a que su ascenso en mayor escala dependía de como la nueva jefatura de gobierno asumiera el contenido de los innumerables propuestas en torno a los cambios necesarios; dependencia que entrañaba una debilidad esencial en cuanto a la posibilidad de cambios y&nbsp avances sustanciales, dada su dependencia del poder central responsable del estancamiento.

·&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp La “clase imprevista” en acción.

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El entusiasmo –repetimos- no tardó en desvanecerse y las esperanzas a breve plazo chocaron con una realidad más resistente que la prevista por mucho/as revolucionarios/as cubanos/as.

El planteo alternativo de corte anti-capitalista y prosocialista, las ideas en dirección a un nuevo modelo socialista y a la superación del estatismo-burocrático, si bien no se expresaron desde la dirección del partido y del Estado cubanos, si contaron con múltiples y variadas expresiones y aportes a otros niveles de la sociedad y del propio partido, no debidamente proyectadas por las características semi-cerrada de la discusión. Esto sin restarle merito al discurso que Fidel pronuncio en septiembre del 2005, contribuyendo al inicio de un debate que contó con un intenso seguimiento en la sociedad.

Ese arco iris contestatario, pero predominantemente marxista y nítidamente revolucionario, salió débilmente a la superficie en palabras e ideas expresadas por diversos actores del mundo político, intelectual, artístico de la Cuba actual.

Su calidad a mi no me sorprendió, pero de todas maneras resultó impresionante tal y como se plasmó sobre todo en el Congreso de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), en los medios digitales de izquierda, especialmente en “Kaosenlared” y en los sectores de la prensa alternativa mundial que se han interesado por el tema; y, en mucho menor medida -y muy ocasionalmente- en las páginas de Juventud Rebelde y en algunos programas de radio y TV.

Sobresale sí el hecho –reitero- de que esas ideas no encontraron acogida ni coincidencias expresas en los centros de decisión del Estado ni del partido, por lo que lógicamente no se publicitaron en la escala merecida y se les impuso una especie de contrapeso.

El freno se sintió primero como resistencia corporativa de la burocracia y después como contra-ofensiva conservadora, tratando de provocar un nuevo descenso de las expectativas de cambios.

Justo en ese momento de descenso del estado de ánimo apareció en “Kaosenlared” (01-07-2008) un interesante artículo de la autoría de Nacho Palenque, el cual creo haber citado en otra ocasión, del que reproduzco aquí una parte que permite apreciar con más tino el curso actual de la situación política cubana, más allá de cualquier imprecisión o exageración de su autor:

“Me preocupa –señala el autor- que el proceso cubano, después de algunas situaciones esperanzadoras, ahora pareciera inclinarse por rutas no promisorias para el proyecto de nuevo socialismo.”

…………….

“En verdad lo que esta haciendo Raúl no lo hizo Fidel y no creo que lo hubiera hecho de esa manera en respuesta a los riegos de reversión que el mismo denunció, aunque ambos hayan expresado mucha inconformidad con la parte mala de los resultados alcanzados en estas cinco décadas de revolución.”

“Raúl al parecer se inclina por una fórmula híbrida que combine la centralización estatal y el sistema de partido único (fundido con el Estado) con&nbsp “reformas económicas” y&nbsp algunas medidas políticas y sociales liberalizantes y modernizantes, apuntando hacia el modelo chino y hacia la&nbsp distensión con los polos de poder imperialistas (europeo y estadounidense).”

“Fidel opta más bien por la moralización, la eficiencia y el combate a las “deformaciones”, siempre dentro de la defensa del modelo estatista (intenciones reiteradas veces frustradas por causas estructurales). Le disgustan las reformas y concesiones de corte liberal-mercantil y sostiene una postura firmemente antiimperialista y anticapitalista.”

A eso parece reducirse en el más alto nivel la relación inmovilismo vs. movilismo, expresadas desde estas dos figuras relevantes del liderazgo histórico de la revolución: cruzadas posiblemente ambas posiciones por&nbsp valoraciones diferentes respecto a la oportunidad que ofrecería el triunfo de OBAMA y un eventual “cambio” en la política exterior de EEUU, como la reciente flexibilización de las posiciones de la Unión Europea frente a Cuba. Lo que no quiere decir que no exista un inmovilismo mucho más duro, nutrido de los típicos intereses burocráticos, del sistema de privilegios, de los intereses y dogmatismos generados al margen de la ética y la moral de Fidel y del propio Raúl; fruto de una realidad estructural, de la dinámica propia de la burocracia estatal, del ser social conformado en décadas de estatismo.”

………………

&nbsp … trabas mayores tienen mucho que ver con la naturaleza socio-política de los principales factores de poder dentro del Estado y&nbsp del partido fusionado con el Estado, resistentes -más allá de las virtudes de los líderes- a dejar de ser hegemónicos y renunciar a su condición de estructuras situadas por encima de la sociedad. Porque está históricamente comprobado que en los modelos estatistas los sectores burocráticos–partidocráticos-tecnocráticos y militar con más poder de decisión, carecen de vocación e interés (por su naturaleza) para facilitar un proceso hacia un socialismo participativo, democratizador, integral y autogestionario.”

Esa situación en las alturas, que ha continuado expresándose de alguna manera de esos tiempos a esta parte, parece haber influido para reciclar el estancamiento y favorecer el inicio de la contra-ofensiva de la burocracia más endurecida, ahora acompañada de una mayor militarización de lo civil.

El peso de los personajes en juego en la esfera del poder central ha paralizado la acción, obligando a pactar en los hechos; reduciendo de nuevo al mínimo la movilidad política e impidiendo desde arriba cualquier propósito de cambios significativos al modelo predominante, incluido el freno al para mí indeseable viraje hacia modalidades de reformas parecidas a las que se han aplicado en China Popular.

De facto va ganando el inmovilismo mientras crecen las tensiones respecto a sus nefastas consecuencias. La burocracia civil y la tecno-burocracia militar imponen así su lógica socio-política y sus intereses, y salen temporalmente gananciosas en cuanto a su permanencia y preeminencia privilegiadas; aunque eventualmente puedan acceder a un curso más lento de las privatizaciones, de las asociaciones con nuevos capitales extranjeros y del crecimiento del mercado de corte pro-capitalista; con tal que se le garantice participación y amplíe sus privilegios y supremacías políticas.

En términos históricos la&nbsp burocracia es sumamente camaleónica, en Europa Oriental lo demostró con creces. Esa ya no tan “imprevista” siempre ha percibido los mayores riesgos a su estabilidad y a su destino, no en el capitalismo, en la crítica marxista y en el accionar de los/as partidarios/as de la socialización de lo estatal y del poder político y, en consecuencia, por más incipiente que sea la corriente contestataria de izquierda, la burocracia presiona para arrinconarla y/o aplastarla en la cuna.

La burocracia aprecia –y en eso no está equivocada- que la alternativa socialista esbozada desde ese pensamiento crítico en gestación y desarrollo, puede enriquecerse y contribuir a la conformación de un movimiento, un estado de opinión generalizada y una movilización ordenada que a mediano plazo la destrone. Por tanto pretende “curarse en salud”, aunque no hay forma de que no siga enferma si prolonga demasiado su status actual en espera de la oportunidad para mutarse en propietaria capitalista privada o asociada a ella desde cualquier modalidad de reparto del botín del Estado.

Sus diferencias no son esenciales con la restauración capitalista y sus componentes privados, aunque prefiere no ser un factor subordinado sino hegemónico en esa mutación. En circunstancia como esas sus representantes pueden eventualmente hacer el papel de instrumento de la regresión: de hecho lo ha sido de manera taimada al conformar un cuadro de poder caracterizado por el usufructo de la propiedad estatal y la continuidad del trabajo asalariado a nombre de un supuesto “socialismo de Estado”.

Las crisis de ese tipo de formación político-social –y estamos en pleno despliegue de una de ellas- o dan lugar a un verdadero tránsito al socialismo o favorecen un retorno al capitalismo mondo y lirondo, cuyas modalidades pueden ser diferentes en forma y tiempo.

Los administradores de ese modelo en crisis, que&nbsp eventualmente muestren mayor vocación de continuidad en el poder y mayor inteligencia desde los intereses de la “clase imprevista”, y que dispongan de tiempo hábil para lograrlo, podrían optar por el camino al parecer menos traumático: la llamada “vía China”, que de todas maneras en Cuba, por la proximidad con EU y la dimensión del país, tendría consecuencias peores que las registradas en esa potencia asiática.

Todo esto sin descartar, &nbsp en otro contexto peor, la&nbsp posterior reconciliación e imbricación de la parte más maleada de la burocracia y la tecnocracia con&nbsp los agentes promotores de una contrarrevolución brusca, pura y simple, fraguada con mayor o menor violencia desde Miami y desde Washington; casi imposible de cristalizar por carecer de bases sociales y movimientos fuertes en el interior del país. Así procedieron en el Este&nbsp de Europa.

Esta última variante, claro está, es difícil que pase sin desatar una guerra civil de enormes proporciones y desenlaces inciertos, por lo que resulta muy improbable que sus aparentes propulsores externos se decidan a ejecutarla.

La Era Obama también la limita, dado que el “poder suave” prefiere opciones menos inciertas y menos traumáticas. Su inteligencia le indica que la conciencia antiimperialista y anticapitalista acumulada en&nbsp Cuba es un enorme obstáculo para un viraje de ese tipo y que la restauración capitalista&nbsp precisa allí de mucha vaselina y mucho engaño.

El freno a la variante chinófila desde Fidel y desde los/as que piensan como él y la evidente indeterminación de Raúl (pues contrario a lo expresado por Palenque en el artículo citado, pienso que su actitud no es tan definida en esa dirección, además de estár rodeado de no pocos inmovilistas duros), ciertamente han creado un cuadro de relativa parálisis políticas en el marco de un estancamiento general causado por la prolongación de las actuales estructuras y formas de poder y de gobierno, así como de las razones, intereses métodos y procedimientos propios del modelo decadente,&nbsp ahora más militarizado.

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp y III

La actual parálisis en Cuba estimula la reacción crítica por un lado y la intolerancia por el otro, tanto en lo que concierne a la demanda de cambio del modelo como a la necesidad del relevo generacional; este último sensiblemente golpeado por acontecimientos recientes, más allá de sus razones y sinrazones.

En nada ayudó en ese orden el hecho de que el relevo constitucional de Raúl resultara ser alguien de su misma generación e incluso mayor que él. Eso y otras promociones del mismo tipo restaron confianza a esa aspiración discretamente expresada.

Posteriormente cuadros de generaciones intermedias, con vocación sucesoral por capacidades desplegadas, prestigios conquistados y promociones avaladas por el liderazgo histórico, fueron relegados y finalmente excluidos en medio de una confusa situación, manejada con un grado de secretismo, métodos y formas de sanción, que más que aclarar confunden; dado &nbsp que más allá de sus reales o supuestos errores, más allá de las no precisadas fallas que se le imputan, el hecho objetivo es que&nbsp esto ocasionó que el poder más que rejuvenecerse se envejeciera, sin relevo a la vista .

&nbsp En ese contexto se dieron los traumático desplazamientos y posteriores renuncias de Carlos Lage y Felipe Pérez Roque, los dirigentes de la segunda generación de mayor influencia; acompañados en la misma suerte por algunos de su misma generación y otros más jóvenes aun, que también se destacaron y fueron ascendidos y elogiados en el pasado.

La sensación de que para sostener la revolución se confía fundamentalmente en los dirigentes históricos y en los cuadros más envejecidos, se han reforzado; y de convertirse en convicción asentada, se corre el riesgo de que la continuidad prolongada de lo existente se siga apuntalando -sin reversa- en una especie de gerontocracia parecida a la que gobernó en la fase de agotamiento de los regímenes del Este europeo, esto es, del llamado socialismo real. Tal posibilidad sería desastrosa, ya que marcaría un distanciamiento político insalvable respecto a &nbsp las generaciones jóvenes, que en lo inmediato podrían alimentar la necesaria renovación sin grandes confrontaciones, así como&nbsp restarle posibilidad a la misma.

Cuatro generaciones políticas cruzan el proceso revolucionario cubano y lo cierto es que en relación con su peso real en la sociedad y su gravitación como posibles puentes con la población de cada uno de esos tramos de edad, se expresan desproporciones significativas en la representación de las mismas en los puestos estatales y partidarios de mayor decisión.

Estas resistencias a los cambios necesarios son expresiones de la incapacidad &nbsp para transformar estructuras en crisis y para auto-transformarse desde arriba, fenómeno que generalmente se ha dado de igual modo cuando la burocracia monopoliza el poder y la propiedad por largo tiempo, cuando se entroniza de verdad y cuando ese fenómeno social genera todas sus lamentables consecuencias materiales e ideológicas.

Poco a poco, paso a paso, dolor a dolor la “clase imprevista” –como la llama el cientista ruso Alexei Goussev (Kaosenlared, 04-08-2008)- se coloca por encima de las individuales por potentes y bien intencionadas que sean.

Poco a poco, paso a paso, dolor a dolor, la burocracia impone sus intereses&nbsp e incluso le imposibilita &nbsp rectificar el rumbo a los/as que desde la política se basan en su poder económico, administrativo y militar, y hasta a los/as que por su gran liderazgo en la sociedad civil arbitran sus contradicciones, &nbsp atenúan su domino sobre los gobernados y responden a otras sensibilidades.

En Cuba ese proceso no ha sido fácil ni uniforme, sino sumamente contradictorio; pues siempre en torno a sus principales dilemas se expresaron diferencias importantes en todos los niveles e incluso desde el propio liderazgo de Fidel: la brega constante entre el avance progresivo de la “sovietización”, de la burocratización, del dogma seudo-marxista… y el deseo de un proceso original, creador, con capacidad de rectificación; la eterna controversia entre el rol de los aparatos y el del pueblo movilizado.

Esto ha sido tan así que en el avanzar del “socialismo de Estado” cubano, por esa peculiaridad, se limitaron muchos de los rasgos negativos consustanciales a ese modelo, se lograron niveles de igualdad y principios éticos, se alcanzaron conquistas sociales y formas de dignificación de los seres humanos, difíciles de encontrar en países estructurados en forma parecida; a la vez que se contuvieron las formas más aberrantes de represión desplegada en los modelos de referencia en la Europa Oriental.

A eso se debe su enorme inversión social en educación, salud, ciencia, deportes, nutrición…su apertura cultural y sus espacios de libertades. Siempre sus dirigentes se mantuvieron apegado a defender en grande un derecho fundamental: el derecho a la vida. Y en ese orden lograron verdaderas hazañas en comparación con un capitalismo que ha fracasado en cuanto salvar vidas y derechos sociales en los dos tercios de la población del planeta.

A eso se debe también la gran vocación internacionalista y solidaria de Cuba. Su enorme generosidad respecto a otros pueblos. Su digna resistencia frente al imperialismo. Su capacidad para sobrevivir al derrumbe del “socialismo real” euro-oriental, la permanencia de su esencia martiana y la ética de sus principales líderes.

Y eso le permitió perdurar en el camino de la emancipación humana.

&nbsp Por eso es de justicia&nbsp afirmar, que si &nbsp no hubiera sido así, si Cuba hubiera contenido las peores tendencias burocráticas y hubiera sucumbido después del derrumbe de la URSS y sus aliados europeos, la ola de cambios promisorios que hoy vive nuestra América hubiera sido mucho más difícil

Perdurar, resistir, sobrevivir sosteniendo tales ideales en tales condiciones tiene un mérito inconmensurable, y no me cansaré de repetirlo. Por eso es tan importante ahora el destino de ese proceso, constatada la profunda crisis que de todas maneras afecta su envejecido y agotado modelo.

·&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp Crisis y cambio

Las crisis estructurales se superan con revoluciones.

El modelo estatista al prolongarse demasiado va erosionando &nbsp valores y creatividad en el ejercicio del poder; de un poder &nbsp que se torna cada vez más absoluto y mas conservador, cada vez mas resistente a los cambios.

Que no percibe el agotamiento de su dinámica de desarrollo, no capta que de continuar así podría afectar partes de sus conquistas históricas, que no percibe su sensible separación respecto a una parte importante de la sociedad, su alejamiento de la sociedad civil y de los/as jóvenes en particular (según la definición gramsciana de sociedad civil). Que no comprende lo negativo de sobre-dimensionar lo militar sobre lo civil y que no pocos de sus principales gestores se&nbsp ensordecen y enceguecen, entrando en el círculo vicioso del reconocimiento de males y de las &nbsp recetas fracasadas.

El debate necesario abarca tanto lo relativo a la naturaleza del sistema capitalista actual como a las características del llamado “Socialismo de Estado” o estatismo burocrático y, sobre todo, a las alternativas correspondientes.

En los casos de predominio de la propiedad privada sobre los grados medios de producción, distribución y servicios la transformación socialista implica su reemplazo sistemático por las más variadas formas de propiedad y gestión social.

No se trata, claro está, de estatizar para el usufructo de una burocracia, sino de convertir lo privado en social por la vía de diversas modalidades de propiedad social o de propiedad pública controlada y gestionada socialmente (traspaso de los medios a los/as trabajadores/as, autogestión y cogestión en las empresas publicas, cooperativas socialistas, unidades asociativas, empresas colectivas, control social y/o ciudadano sobre empresas e instituciones).

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