La Difícil Tarea de ser un buen Corrupto.

Se me antoja pensar que
ser un buen corrupto debe ayudar a disminuir el colesterol, por eso de que las enormes
energías que desprenden las preocupaciones eliminan toda la grasa mala, de ahí esas
cuidadas figuras que se pregonan contra vientos y tempestades.

También se me, – quizá
debería decir «me se», por aquello de
ser parte del rebaño y porque un corrupto que se precie, jamás puede permitir
que se le clasifique como desarrapado, lo que, por otro lado, le descalificaría
automáticamente como firme candidato a hacer oposiciones para la GLIC [Gran
Logia Internacional de Corruptos] – ocurre que una conversación entre
inminentes corruptos debe ser gloriosa, ¿cómo si no alardean de sus logros y
aconsejan sin límites?

Además, creo firmemente
que en los sínodos de la GLIC, las conferencias preparatorias para ejercer de
corrupto oficial deben ser creativas, por eso de tener que parecer lo que no se es, imaginativas
por aquello de decir lo que no se siente y agotadoras por la constante
planificación de pensar sobre el cómo
hacerlo para salir indemne de tan
importantes hazañas.

Ser miembro de la GLIC da
provechosos dividendos: 1.- Gafas oscuras para evitar dañar la tan delicada y
preciada vista, porque sin ella, además, se estaría faltando al primer
mandamiento del buen corrupto: La observación
detenida de la presa. 2.- Coches caros, un corrupto ejemplar no puede
desplazarse para tomar sus aperitivos en un vehículo de maestro de escuela. 3.-
Ropa de marca, la imagen vale más que mil palabras y la egolatría, un millón.
4.- Recibir constantes invitaciones a los eventos internacionales más
importantes y vistosos, principio y mandamiento básico del buen corrupto, el
glamour debe invadir cada gesto, cada sonrisa y cada paso que se da en esas
alfombras rojas de turno. 5.- Cierto recogimiento
para que el prójimo, los «me se», les
aplaudamos por sus éxitos al vez que vemos en ellos una delicada sencillez,
pero por sobre todo este principio está dirigido a guardar las suficientes energías
para las futuras operaciones imposibles.
6,7,8..

La GLIC provee, otro dividendo,
el saber estar cuando los desatinos y
las malas rachas aparecen. Los infinitos contactos consagran la salida airosa
del buen corrupto, la cárcel siempre es el resultado de una confabulación y el
dinero y los favores logrados son tapiados, oportunamente, por nuevos y
sorprendentes casos que ocupan las
primeras páginas de la prensa, haciendo desaparecer los  riesgos que atentan desestabilizar el orden internacional
que la GLIC ha instaurado.

Por último, no podemos
olvidar el desgaste emocional que
sufre el buen corrupto cuando tiene que mentir a sus mismos colegas, de ahí las visitas obligadas a los paraísos
caribeños para reponer sus agotadas fuerzas.

Sin duda, la clase del buen corrupto parece natural
cuando llega a la cúspide de la GLIC, como también parece natural su existencia
misma. Me pregunto dónde estará el  hacedor
y director supremo de la GLIC y quién le entrenó.

NOTICIAS ANTICAPITALISTAS