La despedida de Christa Wolf (I)

Reseña del último libro de la escritora germana, publicado el año anterior a su fallecimiento en 2011.

La escritora alemana(Landsberg an der Warthe, hoy Polonia, 1929 – Berlin, 2011)escribió un año antes de su muerte su última novela, que puede ser considerada como un testamento. Establecida, junto a su familia, en la República Democrática tras la segunda guerra mundial y perteneciendo al partido gobernante, tuvo sus más y sus menos con éste a la hora de publicar(se ha de decir que tras su muerte se difundieron algunos rumores acerca de su colaboración con la policía política del país, la temida Stasi; cosa que ella dejó ver en alguna de sus últimas obras); sus novelas adoptan ciertos resabios autobiográficos que sitúan la época deslizándose en paralelo ciertos aires de crónica del país, amén de algunas reivindicaciones femeninas. Los premios le llovieron tanto dentro como fuera de las fronteras germanas.

Su última novela que es la que provoca estas líneas fue «La ciudad de Los Ángeles o El abrigo del Dr. Freud», publicada por Alianza Editorial en 2012; la novela fue premiada con el Thomas Mann y el Uwe Johson. La extensa obra es un acto de anamnesis en el que la escritora visita todo el siglo, en un tono de balance que no excluye el uso del bisturí que penetra en los los lados oscuros, no eludiéndose tampoco a sí misma como objeto de análisis severo, teñido al tiempo de ternura y humor.

Tras el derribo del muro berlinés, la escritora se trasladó a la ciudad americana. Lugar en el que habían hallado refugio Adorno, Brecht, Feuchtwanger o Schönberg , llevando consigo sus recuerdos e ideas con respecto a la Alemania oriental, las protestas que pusieron fin a la división amurallada y su desacuerdo con la unificación que le siguió, y de manera realmente dolorosa los informes hallados en los archivos de la Stasi que le implicaban con ésta, y que era un asunto que había prácticamente olvidado; este olvido le reconcome, preguntándose, una y otra vez, cómo ha podido caer en el olvido, lo que supone subrayar el carácter selectivo de la memoria. La frase situada al inicio de la obra, de Walter Benjamin, marca el tono: « Así, los recuerdos verídicos tienen que proceder mucho menos informando que designando con exactitud el lugar en el que el indagador logró hacerse con ellos».

En la novela se entreveran la realidad y la ficción, como ella misma advierte en la nota inicial del libro, suponiendo unas singulares memorias en las que los personal y lo colectivo se funden en la narración, que está cargada de claras dosis de reflexiones sobre la memoria, sobre los recuerdos que almacena o desecha, y sobre la propia acción de su poseedor a la hora de cambiarlos, embellecerlos u olvidarlos. « Hay varios haces de memoria. El haz de los afectos es el más duradero y fiable. ¿Por qué es así? ¿Se tiene apremiante necesidad de él para sobrevivir».

Las circunstancias azarosas, ligadas con la correlación de fuerzas, son visitadas, quedando expuestas el balanceo que hizo que ella y su familia, huyendo hacia Alemania como muchos polacos ente el avance de las tropas soviéticas, pasaron por varios lugares cuyo dominio se turnaba entre los aliados y tras algún acuerdo pasaron a estar bajo jurisdicción soviética, en donde ella permaneció, en aquella Alemania del Este en donde sus desacuerdos con el férreo régimen de Erich Honecker y sus autoritarias decisiones fueron notorios, haciendo estas tensiones el mecanismo que la empujaron a escribir.

En los nueves meses en 1992 y 1993, que pasó en la ciudad nombrada, invitada por una institución americana, Christa Wolf dedicó horas y esfuerzos por hallar las huellas de algunos célebres antecesores que encontraron refugio allá en los años treinta. Trae el recuerdo de aquellos emigrados alemanes que escaparon de la plaga del nazismo. Entre otros Anna Shegers, Thomas Mann, Theodor W. Adorno o Bertold Brecht, la numerosa presencia de emigrados germanos hizo que se llegase a conocer la ciudad como New Weimar entre palmeras. Si esta es un de sus preocupaciones mayor es la que se refiere a sí misma(«penetrar en mí misma, y porqué no más hondo aún, la deseada , si, a veces deseada oscuridad definitiva que liberaría de la necesidad de decirlo todo») , empujada por las cartas que le ha entregado su amiga Emma, legado de una misteriosa amiga, L., que había huido a aquella ciudad, y que le incitan a buscar el rastro de la desconocida L.. Vivo, revoloteando, está en su mente la unificación alemana y, su participación en las movilizaciones que la precedieron; sobre todo, le ocupa su mente el funcionamiento, y sus vivencias, de la RDA-con el pasaporte de ese estado desaparecido viajó al Nuevo Mundo-, pasado de un país que le acecha como una obsesión, en especial alimentada por recortes de prensa y fotocopias de ambos lados del Atlántico que tratan sobre el tema. De los intelectuales del Este no hay ni rastro, sometiéndose la práctica totalidad de ellos a los modos de vida del Oeste alemán , olvidando cualquier aspecto positivo que en el otro lado pudiera haberse dado; la reunificación era una rendición sin condiciones, «en el espacio de un segundo, vi envejecer aquellos rostros, los vi ponerse amargados, consumidos, desengañados. También miedosos, calculadores, tontos. Cínicos. Incrédulos y desesperados»; ella en aquellos momentos tenía una firme esperanza de que podría llegarse a una nueva forma de comunismo, más humano que nada tuviese que ver con el régimen estalinista a la alemana, y con tal fin participó en la elaboración y difusión de un manifiesto junto a otros escritores con el título de Por nuestro país, que algunos interpretaron como una defensa de la RDA. La mentada postura conformista desencadena, por otra parte, el aluvión de infundios acerca de su colaboración con la siniestra Stasi, con la que aclara que ciertamente había mantenido algunos encuentros ocasionales, que el paso de los años había borrado de su mente. Lo que sí que se entera en los archivos de tal policía política es de la vigilancia a la que fue sometida, y de quien era la persona encargada de tal tarea, y de la acumulación de informes sobre ella, en al menos cuarenta y dos volúmenes. Por encima de todo, lo que le revienta es el absoluto olvido de las aportaciones del país en el que había vivido, que en algunos terrenos se había mostrado más avanzado en lo social que el del Oeste. La desaparición de tal, le lleva a tomar conciencia de aprender a vivir sin alternativa como quien se orienta día a día sin una barandilla a la que agarrarse. Los hilos de los sucesos históricos y de sus vivencias, pasadas y presentes se cruzan , y la conciencia del paso del tiempo se fortalece, siendo según afirma «uno de los fenómenos más enigmáticos que conozco y que, cuanta más edad tengo, tanto menos comprendo. Que el haz de pensamientos pueda penetrar, hacia delante y hacia atrás, los estratos del tiempo lo veo como un milagro, y el contar participa de ese milagro porque de otra manera, sin la actividad bienhechora de contar, no habríamos sobrevivido y no podríamos sobrevivir». Atiende a la vez a narrar su vida, junto a sus colegas becarios, en el Center y en la residencia en la que habita, relatando su día a día y sus ocupaciones. También asoman las diferencias de costumbres y alimentos en su país de origen y en esta ciudad de ángeles y demonios.

Se suceden las capas de memoria como las de una trata de hojaldre, apareciendo algunas inesperadamente, expresadas con una prosa potente que reivindica la escritura como salvación y el doctor Freud como salvaguardia de los emigrados pasados y de la propia escritora, cuya conciencia se empeña por seguir los rastros del dolor en los tiempos del hundimiento de las ideologías y la disolución de la bipolaridad entre bloques, observados dos años después de los hechos revisitados, en deriva sobre la querella que enfrentaba a su país a los intelectuales con respecto a la reunificación, la Literaturstreit. Y…el desvanecimiento de la soñada utopía que en su pretendida puesta en práctica acabo desdibujando cualquier espíritu de la emancipación prometida, de donde los resabios de culpabilidad que salpican las paginas.

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