La depresión normal.

&nbsp &nbsp No es la realidad sino lo que no somos capaces de soñar lo que nos deprime. Ese Dios, comunismo, razón… muertos ¿estarán esperando su resurrección en un cambio de dieta? Los psiconautas recomiendan usar antidepresivos – especialmente cuando de antidepresivos desinhibidores se trate – en la primera mitad del día, aumentar a lo largo del mismo los ansiolíticos, que en caso de necesidad se complementarán con inductores del sueño en la última toma de la noche. ¿Dieta de pastillas, de comida, de palabras, de música, de imágenes o de relaciones?

&nbsp &nbsp “Se miente más de la cuenta por falta de fantasía: también la verdad se inventa”. Cuando el sujeto hace una fantasía de realización-de-deseos, no está solamente evitando una realidad externa displacentera; está también (lo que es incluso más importante) defendiéndose contra la realidad de su propia hambre y de su propia ira, o sea, contra su realidad interna.&nbsp

&nbsp Algunas fantasías pueden utilizarse como defensa contra otras fantasías. Un caso típico es el de las fantasías maníacas, cuya finalidad principal es impedir que aparezcan subyacentes manías depresivas. Pasarse en la dosis hace que se presenten efectos paradójicos: con demasiados tranquilizantes llega la ansiedad y con demasiado entretenimiento acabamos deprimidos.&nbsp

&nbsp La tecnología ofrece, en muchos casos una especie de pacto con el diablo: una mayor esperanza de vida, pero con las capacidades mentales disminuidas; liberación de la depresión, junto con la supresión de la creatividad y el ánimo; entretenimientos que acaban con nuestra autonomía cerebral al hacernos depender de cambios de dieta sobre cuyos efectos no tenemos ningún control.

&nbsp A algunos se nos abre el apetito cuando vemos que los milagros de los papás y de los reyes magos empiezan a escasear con la edad. La depresión normal, también conocida como realismo, tiene que oponer a la ralentización de esos milagros un apetito constante por la revolución.

&nbsp Durante nuestros paseos por los itinerarios de costumbre sólo experimentamos la gastada simetría de la ida y vuelta incesantes: el modelo de la mala circulación, del mal tránsito, que es justamente aquel en el que no hay preeminencia alguna de la ida. Lo que no conduce a ninguna parte no puede reconocerse como camino, ni de ida, ni de vuelta. Cuando no hay camino, ni método para andarlo, ni se persigue ni se alcanza nada, nada esclarece nada. El horizonte no se despliega, los puntos lejanos no se hacen atractivos. El nihilismo ha venido, nadie sabe como ha sido.

&nbsp A la depresión pertenece la evidencia incorregible de que nada propio merece la pena decirse: ninguna de nuestras experiencias merecerían convertirse en tema; jamás interesarían para nada a comunidades de hablantes. La tristeza de la pantera de Rilke, que da vueltas en su jaula sin olfatear realidad alguna tras los barrotes, se corresponde con el diseño del mundo del depresivo, que no alcanza siquiera a sentir lo más próximo.

&nbsp &nbsp La depresión ha sido estigmatizada por las ideologías totalitarias de uno u otro signo. De acidia de monjes de fe desfalleciente en las órdenes monásticas, pasando por la molicie del alma de la Iglesia Católica, hasta la complacencia burguesa y reaccionaria y falta de conciencia política, por parte de los estados marxistas. Supongo que en nuestra época sigue siendo y será una buena excusa para no hacerse cuestión de las cosas, para salir del medio del camino.

&nbsp Lo que para San Juan de la Cruz es la noche oscura del alma o el pavoroso silencio de Dios, un vacío a llenar, algo positivo y deseable desde la Mística, para la Psiquiatría es una depresión grave de etiología endógena y de intensidad psicótica que cursa con fases recurrentes, algo negativo y a eliminar. La depresión es como la constitución ¿un punto de llegada o un punto de salida? Para la Mística es un punto de salida, para la Psiquiatría o para la Política es el punto final. Y que Posadas, el presidente del Congreso, diga misa.

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