La denominada “revolución cultural china “ al desnudo

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Por Iñaki Urdanibia

Decía Vladimir Illich Ulianov que la revolución no era como la avenida Nevski, para mostrar la complejidad, los zig-zags y que ésta conllevaba. Pues bien, acerca de la movilización china se han dado visiones ( hay todavía quienes se aferran a tal maravillosas visiones) que parecen claras como el agua cristalina. Recuerdo hace ya algunos años que en los ambientes en los que servidor militaba se daban por buenas tal tipo de versiones, tomadas del Pekín Informa o China reconstruye, en las que las masas se habían movilizado para combatir a los burócratas y derechistas dentro del partido y desalojarlos de los diferentes partidos del Estado ( administraciones provinciales, ejército, etc.). Resulta llamativa la persistencia en tal tipo de visiones lineales, cuando algunos testimonios desvelaban las falacias que se ocultaban tras las bellas palabras; en este orden de cosas un libro esencial, que por acá ha tardado en ser traducido, es el que en 1971 publicó la editorial Champ Libre: Les habits neufs du président Mao. Puede matizarse mi aparente sorpresa acerca de que no se hiciesen caso a las verdades que en el libro se decía, de manera rigurosa y documentada, y la solución a tal caso omiso, reside en que lo que en el libro aparece como verdad indiscutible, para los defensores del comunismo chino, no era más que mentira indiscutible, traición, cosa de lacayos de la CIA, del Mosad o de la brigadilla de la benemérita GC. Tal defensa acérrima de lo que se ha hecho, y deshecho, en nombre de la revolución, mostrándolo siempre como positivo o a lo más como paso, a pesar de no ser bueno, obligado ante las zancadillas del enemigo: Sería larga, y dura de recordar, las descalificaciones de “traidores” de todo tipo de “hitlero-trotskistas”…u otros epítetos para todos aquellos que se saliesen de la fila ( y sacados de inmediato de la foto) y con sus relatos diesen armas al enemigo…¿ cómo no recordar a los Albert Camus, George Orwell, Arthur Koestler, David Rousset, Victor Serge, Arthur London, Margarete Buber-Neumann…? que acabaron siendo, para los custodios de la ortodoxia, meros agentes de… No seguiré, no obstante, por tal senda que nos llevaría muy lejos y me alejaría del comentario del libro que he nombrado con anterioridad.

Como anunciaba líneas más arriba, acaba de traducirse el libro de Pierre Ryckmans ( conocido por el seudónimo de Simon Leys): « El traje nuevo del presidente Mao , Crónica de la ‘ Revolución Cultural ‘», editado por Ediciones del Salmón.

El autor de la obra era un sinólogo reconocido que en vez de ceñirse en sus estudios a la antigüedad del país asiáticos, a sus costumbres culturales ancestrales, etc. ante la gravedad de los acontecimientos sintió la obligación de decir la verdad sobre lo que allá sucedía; no hace falta ni decir que la cosa le trajo no pocos disgustos, insultos, discusiones y peligros…tanto en el seno de los especialistas, sus colegas, como por parte de los entonces numerosos pro-chinos, que concretamente en tierras hexagonales constituían una verdadera legión, que en su variedad grupuscular, florecía en campos como la cultura, algunos medios de comunicación, y, por supuesto, en el terreno político. Fue precisamente para huir del riesgo que podía correr, y por el impedimento para entrar en el país asiático, que recurrió a firmar la obra bajo seudónimo: Simon Leys ( ya hubo quien en debate televisivo desveló el asunto, jugando el papel de chivata).

La recepción del libro, como ya puede imaginarse y queda insinuado líneas más arriba, supuso u notable revuelo: desde la acusación de ser un mentiroso compulsivo, de ser un agente de la reacción, de haberse inventado de cabo a rabo todas las historias que en el libro se narran, apoyándose además en artículos de la prensa extranjera que veía las cosas de lejos y con los prismáticos propios de quien defiende la ideología dominante en Occidente, la burguesa. No hace falta más que iniciar la lectura para comprobar que las acusaciones sobre él vertidas son absolutamente falaces, ya que las citas de textos de las organizaciones gubernamentales y partidistas chinas [ consultadas en sus versiones chinas y traducidas por él mismo, cosa que los pro-chinos de la época eran incapaces de hacer ya que desconocían no solo la lengua sino igualmente la idiosincrasia del gigante asiático] brillan por su abundancia ad abusum…Está claro que el autor pisa fuerte el terreno, y sabe donde pisa, ya que nada mejor que hacer un seguimiento de los órganos implicados en los enfrentamientos, sur place y en directo, para dar cuenta de lo que realmente sucedía bajo el pomposo nombre de “revolución cultural”. Desde el inicio de la detallada crónica, puede verse cuál es la visión que adopta Leys: « la “Revolución Cultural”, que de revolucionario sólo tuvo el nombre, y de cultural el pretexto táctico inicial, fue una lucha por el poder que se entabló en la cúspide entre un puñado de individuos, tras la cortina de humo de un ficticio movimiento de masas ( después del acontecimiento, aprovechando el desorden a que había dado lugar esta lucha, se desarrolló espontáneamente en la base una corriente de masas auténticamente revolucionaria, lo que se tradujo en rebeliones militares y vastas huelgas obreras; rebeliones y huelgas que, no estando previstas en el programa , fueron aplastadas sin piedad ».

Realmente el trabajo es exhaustivo, y el seguimiento pormenorizado de los diferentes vaivenes, giros, cambios, etc. resulta apabullante. Lo dicho hace que sería una tarea ímproba intentar resumir la enormidad de datos que se aporta, tanto en lo que hace a movilizaciones concretas, a los documentos del PCCh. , a las declaraciones de algunos de los protagonistas que ocupaban cargos de responsabilidad en el país, entre los años en que se desarrollaron las movilizaciones de las que se habla ( de 1967 a 1969 ); de momento me conformaré con indicar, de manera harto resumida, la travesía que se desarrolla ente nuestros ojos lectores: tras una puesta en perspectiva en la que se nos sitúa en los precedentes movimiento de las cien flores y el denominado Gran Salto Adelante y sus clamorosos fracasos debidos en gran parte por unas sobradísimas dosis de voluntarismo – en no poca medida contagiado por el carácter del propio Mao- y de contar con las propias fuerzas, que favorecía la creación de las comunas populares y los métodos artesanales, y más propios del bricolaje, frente a las técnicas poderosas de la industria. Estos fracasos supusieron hondas disensiones en el seno del partido y un desplazamiento del centro del poder del máximo responsable: Mao Ze Dong. Éste, ante las cotas de poder perdidas, y alejado de Pekín, comenzó a urdir un plan para embestir contra quienes detectaban las calves del poder de la República popular; del mismo modo que en las tácticas guerrilleras se había proclamado que había que ir del campo a la ciudad, Mao optó en este caso por ir de la periferia al centro: de Shangai a Pekín. Así, comenzó a mover fichas, llamando a la movilización a la juventud, para que lucharan contra el conformismo de quienes detentaban el poder , este llamamiento lo combinó con la toma de algunas posiciones dentro del ejército, introduciendo a Lin Biao como defensor de su línea, que de entrada no llegó a lograr amplios apoyos en la oficialidad superior.

Como un avezado jugador de ajedrez – es un modo de hablar- Mao comenzó a mover fichas, poniendo en pie comités revolucionarios que decía pretender tomar el poder que había caído en manos de burócratas seguidores de la vía capitalista. De la otra parte se organizaban igualmente comités de respuesta lo que suponía enfrentamientos bestiales, en los que florecían las armas de fuego, y la resistencia de algunos sectores ( cuadros y militares) por evitar los dardos de los rebeldes. La marcha hacia la recuperación del poder fue larga, y sinuosa, y suponía toma de posiciones, que más tarde eran perdidas; en la medida en que las posiciones de Mao fueron asentándose las caídas en desgracia fueron en aumento y quienes unos días antes habían sido la “voz de su amo” – el caso de Liu Shaoqi, que amén de presidente del gobierno cuyo libro, Sobre la formación espiritual del comunismo, se había convertido en una material esencial para la formación de cuadros del Partido, pasó al poco a ser considerado como un revisionista redomado, representante de las renuncias soviéticas y decido seguidor de la vía capitalista. Diferentes pasos fueron dados para enfocar la presencia de las ideas revolucionarias en la juventud, la lucha contra el conservadurismo de los intelectuales, y el envío al campo de jóvenes estudiantes ( disgusto para éstos que debía abandonar sus estudios y para los campesinos que debían hacerse cargo de más bocas que alimentar, que no suponían además ayuda para las tareas sino al contrario una carga) y con el fin de agitar las aguas rurales que permanecían ajenas a los movimientos que se desarrollaban en las grandes ciudades.

Destituciones sonadas de diferentes dirigentes ( más tarde le llegaría el turno al propio Lin Biao que por momentos parecía estar destinado a convertirse en el líder – terrenal- supremo, ya que Mao estaba siendo elevado a los pagos poco menos que celestiales). Las pretensiones de que la revolución cultural avanzase sobre tres patas: comités revolucionarios – cuadros – militares.

A lo largo de las puntillosas informaciones que se nos ofrecen se ven los altibajos de algunos personajes ( las propias esposas de Mao y de Lin Biao, Den Xiaoping…), y cómo el intento de mantener el equilibrio entre los tres polos mentado se tornaban harto problemáticos; muy en especial, las aguas se agitaban malamente en cuanto algunos comités trataban de atacar a oficiales del ejército, que se resistían como gato panza arriba. Esto suponía por parte de quien quisiese salir victorioso de los enfrentamientos, el mantener de su lado a los militares, lo que venía a traducirse en tenerlos contentos y aumentar las cotas de dominio y poder. Estas concesiones al ejército suponía una militarización creciente de la administración y un indudable giro al orden y a la disciplina…de derechas; todo esto traía a su vez que los paganos siempre fuesen los verdaderos rebeldes que tras haber sido alentados a la lucha y a la irreverencia eran sacados de en medio por haberse propasado ( acusados de haber actuado por iniciativa propia…).

En fin, la batalla paciente librada por Mao, hizo que al final su pensamiento se convirtiese en el lenguaje común de todo el partido, los cuadros…ya defendiesen A o Z, siempre se hacía reivindicando en pensamiento de Mao Ze Dong, como verdadero camino socialista, frente a las desviaciones.. . Al final, el pospuesto en repetidas ocasiones IX Congreso del PCCh. , fue preparado de manera secreta y los comités de dirección fueron copados por abiertos partidarios del gran timonel, con un gran número de miembros del ejército lo cual daba cumplida cuenta de que las posiciones de Mao habían vencido y que sus hombres estaban en la cúspide.

Dos notas aclaratorias

Libro imprescindible de cara al conocimientos de las interioridades de aquella revuelta época de China. No hace falta ni decirlo, pero para que nadie me acuse de traidor, aviso que es lectura no apta para maoístas, a no ser que realicen la lectura en la bañera de valium. Dicho esto añadiré, en honor a la verdad, que no tengo santos de devoción, ni de ningún tipo, pero servidor por lo que de Leys ha leído no le erigiría a altar alguno, como de hecho lo hace el fogoso introductor del libro, el bordelés ( de Bordeaux, no de bordel ) Jean Bernard-Maugiron, que se acerca al autor con ciertos tonos hagiográficos; a mí me cuesta aceptar tal tipo de valoraciones de este “espíritu libre” que en vaivén bastante habitual con la condena de ciertas situaciones alaban otras que la verdad…y me refiero a sus alabanzas de la Iglesia y sus secuaces como la madre Teresa de Calcuta, y sus ataques a quienes mantienen una postura crítica con todos los inventos literario-dogmáticos del santo padre que vive en Roma…como en su momento dejé expuesto (https://kaosenlared.net/leyendo-a-simon-leys/ ) . Par concluir añadiré que ciertas pasadas de acelerador del introductor acerca del denominado pensamiento 68, exigirían un poco de mayor matización: a) ya que tal unificación globalizadora no existe afortunadamente sino que fue el invento de dos personajes que llamaban al rétour à l´ordre ( Ferry & Renaut), b) tales sujetos metían bajo tan inexacto y amalgamador rótulo a Foucault, Derrida, Bourdieu…Ciertamente tales filósofos no representan lo que no existe ( la pensèe 68 ) mas sí representan una tendencia à penser autrement, que no resulta pura charlatanería a pesar de lo que el apresurado y simplificador bordelés afirme, basándose en una frasecita de Cornelius Castoriadis. Más todo esto lo dejamos para otro día, o nos olvidamos de ello, por resultar con respecto al libro una cuestión de presque rien .

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