La Cupula del Poder es Complice de la impunidad

EDITORIAL

La cúpula del poder es cómplice de la impunidad

Se les hace aparecer como opositores políticos cuando no lo son, en contravía de su práctica del terrorismo de Estado, con amparo oficial.

Alegar, además, esa supuesta razón política para exonerar a los responsables de crímenes contra la humanidad o aplicarles ridículas penas mínimas, rompe con toda la lógica jurídica.

El jefe del Estado y el Alto Comisionado para la Paz asumen la pública complicidad con la impunidad. No existe la obligación de confesar los crímenes. No hay obligación de reparar. Tampoco penas correspondientes a la gravedad de los crímenes.

La excepcionalidad de la justicia es, en este caso, la renuncia a la justicia.

El presidente mantiene la discrecionalidad para la extradición. Con base en ella, ha extraditado a la guerrillera Sonia, como ya lo hizo con Trinidad, pero a ningún paramilitar.

En el marco de la seguridad democrática, es decir, de la nueva impunidad, Uribe propone de nuevo las Convivir. Anuncia la ocupación de las Comunidades de Paz.

En estas condiciones, la aprobación de la Ley de “justicia y paz” es un burdo reto al pueblo colombiano. Muestra la ordinariez y la bajeza de la ultraderecha en el gobierno. Expresa el desprecio por las víctimas, los perseguidos, los desplazados.

Aleja las esperanzas para los acuerdos humanitarios. Alimenta el espíritu militarista, represivo, de amenazas y de provocación que circula en torno al poder.

Esta política solo merece el rechazo absoluto de los trabajadores y el pueblo.

Ese repudio público estará en la movilización popular de masas CONTRA LA GUERRA, EL INTERVENCIONISMO MILITAR IMPERIALISTA, EL TLC Y EL ALCA, el próximo 17 de marzo.

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