La CUP, más allá de la sandalia

El partido tiene tres alcaldías y un centenar de concejales en Cataluña

La imagen del diputado David Fernández blandiendo una sandalia ante Rodrigo Rato en el Parlament el pasado 11 de noviembre es quizás la acción más recordada de la Candidatura d’Unitat Popular. Pero la CUP es más que una sandalia: un partido nacido en el municipalismo posfranquista que presume de un modelo asambleario y social. En 2011 obtuvo cuatro alcaldías: Arenys de Munt y Navàs en Barcelona y Celrà y Viladamat en Girona. Dos años después, ha perdido la alcaldía de Arenys por una moción de censura y ha cedido la de Celrà porque el pacto municipal establecía un mandato partido.

La política municipal le ha permitido contrarrestar las pérdidas con la recuperación de una alcaldía simbólica, la de Sant Pere de Ribes (Garraf), uno de sus referentes municipales. El otro es Arbúcies, donde la Candidatura Unitaria Popular d’Arbúcies gobernó desde el principio de la democracia hasta 2003. “En un momento donde había despolitización ellos optaron por las asambleas abiertas y participativas y una política novedosa en inmigración. Arbúcies es el principio de todo para nosotros”, explica Arnau Comas, coordinador de los asuntos municipales de la CUP y regidor en Sant Esteve de Palautordera

El modelo CUP se plasma donde gobierna con una reivindicación independentista sin tapujos, una gestión basada en decidir con consultas municipales las cuestiones importantes y la municipalización de servicios. En Arenys se municipalizó el servicio del agua y el de limpieza en Celrà. En Viladamat ha habido tres referéndums para tumbar una recalificación y para decidir inversiones. Todo, acompañado de una bajada de sueldos de los alcaldes: ningún cargo de la CUP puede cobrar más de 1.600 euros. Sus concejales coinciden: las decisiones más importantes se toman en asamblea, pero el asamblearismo no ralentiza la gestión municipal.

Navàs (Bages, 6.145 habitantes) es el municipio donde más problemas se han encontrado. En 2011 se presentaron por primera vez y lograron la alcaldía participando en la vida municipal, con boletines informativos e implicándose en cada protesta local. Un pacto con ERC logró arrebatar la alcaldía a CiU, pero el recién nombrado alcalde, Jaume Casals, se encontró con un desaguisado: con un presupuesto de 6 millones de euros, el municipio debe más de 4,5 por sentencias judiciales desfavorables derivadas de la gestión del anterior consistorio. “Hemos tenido que centrarnos en políticas de ahorro interno. Estamos muy ligados”, lamenta.

Pero la limitación no ha quitado empuje al consistorio. El Ayuntamiento ha intentado vencer las dificultados con transparencia -cada cambio en el Presupuesto se explica en asambleas vecinales, y los trabajadores municipales se escogen por concurso público- y dinamizando la vida cultural de la ciudad. “Cuando logras hacerte entender acaba revertiendo a tu favor”, explica Casals, cuyo objetivo es «hacer una política mucho más participativa».

Los vecinos, a excepción de un grupo de la tercera edad que tuvo que cancelar su baile nocturno porque molestaba, parecen satisfechos con la alcaldía. En esa percepción ayuda a que la primera medida de Casals fuera rebajarse el 51% el sueldo. “Ha subido impuestos, pero es necesario con la situación que se encontró”, explica Jaume Vidal, panadero del municipio. “Lo hacen lo mejor que pueden”, añade Àngel Guibert, frutero de 45 años. Júlia Arencia, parada de 26 años, añade: “Anima a los jóvenes a hacer cosas, eso está muy bien”. La gestión de Casals, asegura el propio alcalde, es fiel al programa que los vecinos votaron: “Hemos cumplido ya el 60%, aunque al otro 40% ya será más difícil llegar”.

La CUP obtuvo en 2011 un centenar de concejales, lo que supuso un gran salto cualitativo, y la formación se está preparando para aumentar representación en 2015. La andadura de esta legislatura ha provocado cambios en la formación, dotada de mayor estructura. El partido asesora a sus concejales pero, asegura su coordinador municipal, no da directrices, porque están fijadas en el programa marco para las municipales que se pactó tras un largo proceso asambleario en 2011.

El objetivo del partido ahora es asegurar los actuales regidores y mejorar la implantación en las poblaciones en las que quiere obtener representación en 2015: “Tenemos que prepararnos porque todo parece indicar que creceremos», augura Comas. La visibilidad de la formación en el Parlament ayuda, pero la base, sostienen sus miembros, está en la participación diaria en los municipios. La CUP, concluyen, es mucho más que una sandalia.

 

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2014/04/20/catalunya/1398017401_454144.html

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