La CUP en su laberinto

Por Rafael Cid

Por Rafael Cid “Dios no juega a los dados” (Albert Einstein) Parece de inocentada. Pero solo es un escrutinio de vértigo. Un salomónico y funambulista fifti fifti. El bloqueo provocado por la votación sobre la investidura de Artur Mas realizado por la CUP es lo peor que podía pasarle a la única formación autodeterminacionista capaz […]

Por Rafael Cid

“Dios no juega a los dados”
(Albert Einstein)

Parece de inocentada. Pero solo es un escrutinio de vértigo. Un salomónico y funambulista fifti fifti. El bloqueo provocado por la votación sobre la investidura de Artur Mas realizado por la CUP es lo peor que podía pasarle a la única formación autodeterminacionista capaz de distinguir entre Estado y Nación. Nada resulta más dañino para sus expectativas políticas que esa fractura en dos mitades. Porque ataca donde más le duele: en la prosopopeya de la “unidad popular”. Y si el dicho romano “divida y vencerás” tiene algún peso en esta coyuntura, mucha sagacidad tienen que derrochar sus integrantes para salir indemnes de la corrosión que tal desmembración univitelina incuba.

Tras la maratoniana jornada del 27-D (émulo de aquel 27-S, también dividido) hay un antes y un después para la CUP. Y en medio, como fiel de una balanza sin compás, la asamblea política presencial más importante que se ha producido en España desde la transición. Un gentío de 3032 personas, más menos según los ritmos y momentos, deliberando en el ágora de un polideportivo de Sabadell sobre un proyecto de convivencia autónomo de la Villa y Corte. Un hecho histórico, que ha culminado con una quiniela difícil de prever y casi menos de creer.

Y eso que hasta la víspera, en el imaginario de muchos activistas partidarios de la ruptura con el régimen del 78, la CUP era, por encima de Podemos, el icono invicto de la alternativa al sistema. Aunque jugando en ligas diferentes, la Candidatura de Unidad Popular mantenía intactas las señas de identidad que, por el contrario, el partido de Pablo Iglesias había purgado en su camino hacia el poder. Por ejemplo: en su configuración con portavoces rotativos y provisionales, meros comisionados, frente a la estructura de liderazgo carismático de la formación morada; en su proceso deliberativo de carácter asambleario y presencial donde Podemos emplea la participación virtual electrónica (su programa solo fue aprobado por el 4% de los inscritos); y en el terreno espacial, por proceder la infantería de la CUP de la democracia de proximidad que implica el municipalismo mientras el “asaltar los cielos” del pablismo-errejonismo bebe mayoritariamente en las fuentes pre-políticas de la docencia.

Hasta el domingo de la mascletá. Ese día, las líneas rojas para investir a Mas como presidente de la Generalitat se cuartearon como la línea Maginot ante la presión alemana. Del orgulloso “diguen no” contra el líder de Convergencia, viva encarnación de la corrupción institucional en Catalunya, se pasaba al “ni contigo ni sin ti”, tactismo que abre la posibilidad de una vuelta al protagonismo de los hombres providenciales que jalonan la vieja política. Porque lo que visibiliza el balance capicúa 1515 v.s.1515 es la pérdida de “mainstream”, de la corriente principal que insuflaba aliento vital a la CUP para vetar la coronación del dirigente catalán. Por demás, una de las razones por las que esa candidatura declinó concurrir en las pasadas autonómicas con la coalición Junts pel Sí.

Pero como el mapa es el territorio, incluso en esa situación de emergencia la CUP pretende arbitrar una salida coherente con sus principios. Lejos de llamarse andana y dejar la última palabra al Consejo Político, órgano burocrático de coordinación, ha pasado el testigo a las asambleas de base, en consonancia con su práctica de horizontalismo democrático de abajo arriba. De esta manera, la decisión soberana migrará del plèthos (la multitud) donde quedó varada el 27-D a los distintos demos locales, primando de legitimidad la resolución del impasse a través de lo que Elinor Ostrom, Premio Nobel de Economía 2009, denominaba “jerarquías anidadas” en su obra <<El Gobierno de los Bienes Comunes>>. Los “sóviets”, que decía El País porque ya no se lleva asustar con la “quema de conventos”.

Y ya en el terreno de las conjeturas, y dado que en las elecciones generales del 20-D la fórmula que abanderaba Mas perdió ante el sorpasso de Esquerra Republicana de Catalunya, aún cabe un rearme centrífugo que permita a la CUP acumular fuerzas para su apuesta decisiva. Como ya han insinuado actores implicados, el último hurra pasaría por forzar una estrategia de confluencia con Barcelona en Comú, ERC y Catalunya Sí que es Pot. Un cartel con Colau, Baños, Junqueras e Iglesias tendría grandes posibilidades de deshacer en positivo los empates tándem del 27-D y el 27-S, e incluso de lograr una remontada integral, en votos y escaños, que garantice la radicalidad democrática necesaria para un proceso constituyente de nueva planta en esa comunidad.

Porque como dijo de la especie Dios el padre de la teoría de la relatividad, el genial pacifista Einstein, suponer que junto a Mas hay un más allá parece “una superstición infantil”.

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