La cultura no nos salva de la Barbarie

Por otra educación ( I )

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Por Patrocinio Navarro Valero

No hay más que mirar cualquier día los periódicos o los noticiarios de TV para saber que por doquier imperan la violencia, el descontento, la intolerancia, las enfermedades, el hambre, las injusticias, la explotación y humillación de los más débiles y desprotegidos.

Y los cómplices necesarios

A todos ellos les sirve el coro de leguleyos, escritorzuelos, periodistuchos, cátedros afines, científicos mercenarios y cómo no, politicastros de eso que llamamos las derechas. La función de todo ese coro no es otra que servir de soporte legal, cultural, educativo, económico religioso y policíaco-militar si conviene. Naturalmente, unos y otros se creen a sí mismos hombres y mujeres “de bien”. Si eso fuera verdad, ay, nuestro Planeta no estaría en emergencia climática y en emergencia social con caída libre a un enorme agujero negro colectivo compuesto de crisis interminables y fantasmas fascistas esgrimiendo el pasado como solución al presente.

La cultura no nos salva de la barbarie.

Si quienes dirigen este mundo hacia su ocaso fuesen unos incultos, unos iletrados o unos disminuidos psíquicos, el desastre global tendría una explicación. Pero no es el caso ni de lejos. Los que toman las grandes decisiones, ya sea en lo energético, político, social, económico, religioso, o militar, por ejemplo, suelen haber pasado muchas horas en las aulas. Muchos son brillantes titulados poseedores de una amplia cultura académica, vasto conocimiento de los asuntos públicos y una buena capacidad de relación social y liderazgo. ¿Entonces?… ¿Por qué estas estupendas cualidades en vez de ser puestas al servicio de la evolución y de los pueblos lo hacen al servicio de minorías encumbradas que desean la involución y actúan contra los pueblos, la naturaleza y el mundo animal? Naturalmente, las razones suelen ser siempre las mismas: afán de lucro y deseo de reconocimiento social. Convirtiéndose en serviles, en codiciosos y en dominadores de los demás al servicio de su patrón, malogran su propia formación cultural. Y lo que es peor: malogran sus propias conciencias. Esto les afecta a ellos en todo caso, pero sus acciones y engaños dañan a grandes mayorías que se dejan llevar, engañados y convertidos en cómplices que no cuestionan a quienes admiran, mienten y explotan. Por eso son tan fáciles de conducir a las guerras y a la identificación con los intereses de los poderosos. Con sesiones de patrioterismo y trucos de manipulación psicológica a través de los medios, pueden cambiar los sentimientos de las mayorías en la dirección que convenga a sus mentores públicos. Así puede explicarse por qué un pobre o un trabajador vota fascismo o golpes de Estado como en Bolivia, antes en Chile o en España, etc.
En las guerras internas del continente africano, como en Ruanda, Irak, o Libia, las gentes se matan con el mismo odio que en las guerras nacionalistas de los Balcanes, o de los judíos contra el pueblo palestino, o en Ucrania. Pero hay diferencias: los guerreros africanos pisaron poco las escuelas mientras los guerreros europeos- lo mismo que los judíos- estuvieron mucho tiempo en ellas. Y no es necesario recordar la sangrienta historia de Europa en el siglo XX, donde los ciudadanos recibían una educación pública obligatoria desde hacía muchísimos años.
Lo expuesto nos muestra que a pesar de la cultura, los hombres- seducidos por los poderosos- se odian y se matan. Una vez más se evidencia que cultura o la ciencia no sirven al progreso de la humanidad, sino todo lo contrario, ya que al faltar el elemento esencial “consciencia, se facilita el enorme grado de manipulación mental y degeneración de las conciencias en personas obligadas a llevar uniforme que llegan a matarse sin tener ningún problema entre ellas, sino simplemente por obediencia y credibilidad a los mismos que les explotan, engañan y manejan para sus sucios intereses egoístas, que comercian con la muerte ajena.

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