La Cultura del Despilfarro

La crisis económica que se nos ha echado encima, cuya duración y dimensión real aún desconocemos, pide a gritos una revisión urgente de las prioridades presupuestarias de las instituciones que nos gobiernan. En Cultura, concretamente, es necesario poner fin a los gastos suntuarios de propaganda y organización de eventos que no dejan ningún valor añadido en la sociedad extremeña y que son de fugaz repercusión y nula rentabilidad social o económica.La cultura, en tiempos de crisis, cumple una función aún más importante que en épocas de bonanza y evasión. Nos ayuda a fortalecer el espíritu, a encontrar respuestas a los interrogantes que más nos perturban. No es casualidad que, durante la Depresión del 29, en USA, la gente que apenas tenía para comer llenara los teatros y las salas de cine en busca de sosiego anímico y de espejos en los que mirarse.Son tiempos de miedo, de autoestima endeble, de falta de esperanza. Los fastos están fuera de lugar. Hay que pisar el suelo, mirar a nuestro alrededor y ver qué puede aportar la cultura en el día a día para erigirse en parte de la solución al problema y no en lastre irritante. Si el objetivo es salir de estas crisis replanteándonos nuestro sistema productivo para hacernos más competitivos en un mundo globalizado, hemos de revisar el papel de la cultura en este proceso.

Tanto los ciudadanos como los artistas, los profesionales, las empresas culturales y las administraciones públicas han de reflexionar sobre los modos de funcionamiento que han relegado la cultura en España y, por tanto, en Extremadura, a un papel de comparsa del poder político y herramienta clientelar de propaganda y autobombo. Claro que existen iniciativas loables, pero subsisten gracias al tesón de quienes las impulsan, lejos de las ayudas e incentivos necesarios para consolidarse y crecer. Otras muchas no alcanzan a despegarse de su condición de proyecto y ni siquiera pueden comprobar en la práctica su utilidad. Esto pasa cuando los poderes públicos que más dinero manejan, se convierten, no sólo en gestores de los recursos que les son adjudicados por los contribuyentes, sino en todopoderosos promotores- programadores que se sirven del erario público para desarrollar su agenda personal. No hay programas, proyectos, objetivos estratégicos, autoevaluación y análisis profundo de la utilidad de las actividades desarrolladas. En el caso de la Consejería de Cultura da la sensación de que la Junta de Extremadura, por inercia, considera la cultura como una entelequia que hay que apoyar, pero no se sabe muy bien por qué. De ahí, lo errático del gasto, la consolidación de estructuras ineficaces, la cuota a los promotores inmobiliarios vía construcción de casas de cultura y palacios de congresos ad infinitum y el recurso al famoseo, lo espectacular, lo grande, ande o no ande. Mantener este estado de cosas en época de números rojos es una temeridad.

Lo ideal sería trazar un orden de prioridades para tiempos de crisis y, si no hay dinero para contratar una consultoría externa, reunir a un comité de expertos independientes (¿los hay?) y encargarles supervisar el cumplimiento de los objetivos trazados, como se hace en el Reino Unido, por ejemplo.Empezar por la candidatura de Cáceres 2016. ¿Conoce de verdad la población extremeña cual es el fin de esta candidatura, cómo encaja en la Convocatoria Europea, cuales son los puntos que se valorarán a la hora de elegir la ciudad que representará a España? La misma página web de Cáceres 2016 menciona que “enumerar la razones por las que Cáceres debería ser la ciudad europea de la Cultura en 2016 sería sencillo: porque es Ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, por la muralla árabe, por sus innumerables palacios…”.En la Guía de la Unión Europea para las Ciudades Candidatas se puede leer: “El concepto de Capital Europea de la Cultura es totalmente diferente, por ejemplo, del de Patrimonio Mundial de la UNESCO. Cualquier presentación de candidatura en forma de folleto turístico de la ciudad sería inadecuado. Algunas candidaturas se han dejado llevar por la tentación de reunir las manifestaciones culturales que se organizan en la ciudad de forma recurrente en un todo heterogéneo bajo la denominación Capital Europea de la Cultura, o, sencillamente, de poner de relieve su patrimonio arquitectónico. Dichas candidaturas no han sido seleccionadas.” Esto, para empezar.

La Candidatura de Córdoba 2016 ha organizado un ciclo de conferencias sobre capitales culturales europeas “para conocer las experiencias de otras ciudades que ya han sido capitales culturales de Europa, así como las de que lo son en estos momentos y de las que preparan su proyecto para un futuro más o menos inmediato a fin de tener parámetros de referencia, aprender de las buenas prácticas e intentar no incurrir en errores evitables tras el aprendizaje de esas otras experiencias«. Habrá que ir a Córdoba para enterarse porque nuestros responsables, en lugar de organizar algo parecido para informarse e informar a la ciudadanía, prefieren gastar el dinero público en viajes a Liverpool –capital cultural del 2008- para descubrir in situ lo que cualquiera con un mínimo de interés puede encontrar en internet sin gastarse un duro. Antes de opinar los ciudadanos han de estar informados. Hurtarles esta información es perpetrar un fraude porque se les pide su participación sin aclarar lo que está en juego y cuanto va a costar, apelando a consignas y brindis al sol propios de tiempos en los que el despilfarro y la propaganda nos salían gratis porque nos los pagaba Europa.&nbsp
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El despilfarro no es económicamente viable ni útil para la democracia. Es una mercancía que ya no nos regalan y no nos sirve para reinventarnos, innovar y buscar soluciones. Si nuestros dirigentes despilfarran, nos hurtan información o nos mienten descaradamente sobre la verdadera naturaleza de sus propósitos están incurriendo en una grave irresponsabilidad y allá ellos con las consecuencias.
Estructuras como el Festival de Mérida, que se escuda detrás de supuestas conmemoraciones para derrochar el dinero de todos, como ha sido el caso con la contratación del cómico Buenafuente, la Orquesta de Extremadura que cuenta con un bajísimo índice de músicos de la tierra a pesar de nuestros excelentes conservatorios, la Academia de Yuste (cementerio de cargos socialistas de antaño), los Premios a la Creación (émulo pobretón de los Premios Príncipe de Asturias) concebidos para que el presidente de la Junta se haga la foto junto a personalidades ilustres, el Día de Extremadura, el Festival Play, la manifestación del día 30 de noviembre (¿de que consejería salió el dinero para pagar sus cuantiosos gastos?), las campañas publicitarias o­nerosas que no dicen ni aportan nada, encargadas a empresas publicitarias de postín de fuera de la región, y la adjudicación de contratos para desarrollar actividades sin una finalidad contrastada a una red de empresas ligadas al poder político son todas ellas manifestaciones de un uso irreflexivo de los . fondos públicos dedicados a la cultura que requieren una revisión inmediata.
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Hay que apostar por sacar el mayor partido posible a los magros recursos existentes. Invertir en formación, en apoyo al tejido cultural de nuestros pueblos y ciudades, no el de los grandes eventos que son pan para hoy y hambre para mañana en más de un sentido, sino el del día a día, en aquello que puede mejorar nuestra calidad de vida y hacer nuestra región más atractiva al visitante. De paso, creando empleo y sirviendo de escaparate a nuestros creadores y profesionales de la industria cultural. Es fundamental instaurar mecanismos de evaluación de las actividades desarrolladas para garantizar su mejora e impedir el estancamiento. Para todo ello hay que establecer dispositivos que premien la excelencia de la actividad creativa en la industria cultural, impulsar el reciclaje de los funcionarios especializados, desburocratizar y profesionalizar la gestión cultural evitando que se convierta en juguete de la clase política, recurrir a los citados comités de expertos que evalúen desde la independencia la labor realizada. Resumiendo, no podemos permitirnos más años de políticas culturales grandilocuentes que se diluyan en el tiempo o malgasten los recursos disponibles.

Dice la Unión Europea en su comunicación al Parlamento Europeo de mayo del 2007: “Las industrias culturales y el sector creativo están contribuyendo sustancialmente al PIB, al crecimiento y al empleo europeos. Estas industrias, y la creatividad que generan, constituyen un activo esencial para la economía y la competitividad europeas en un contexto de mundialización. El papel de la cultura por lo que se refiere a apoyar e incentivar la creatividad y la innovación debe explorarse y promoverse. La creatividad es la base para la innovación social y tecnológica, y por lo tanto representa un importante motor del crecimiento, la competitividad y el empleo en la UE.”También dice: “La cultura constituye el núcleo del desarrollo humano y de la civilización. La cultura es lo que hace a las personas tener esperanza y soñar, al estimular nuestros sentidos y ofrecer nuevas maneras de observar la realidad. Es lo que acerca a las personas, al incitar al diálogo y despertar pasiones, de una manera que une en lugar de dividir.

Suele decirse que nuestro capital más importante en Extremadura, es el capital humano. Ahora es el momento de creérselo, dedicarle recursos y poner manos a la obra.

&nbsp Eugenio Amaya, director teatral.

http://arandramatica.blogspot.com/

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