La culpa nació huérfana

“Bien analizada, la libertad política es una fábula imaginada por los gobiernos para adormecer a sus gobernados”.
Napoleón Bonaparte

Todo el mundo lo sabía, y sobre todo, los políticos de turno, que la crisis económico-financiera que padecemos, se encontraba a la vuelta de la esquina. Es evidente que no sólo los políticos son los responsables del paro obrero en el que estamos inmersos( incluimos también a esas multinacionales–nacionales e internacionales–,insatisfechas siempre con sus ganancias, pocas o muchas, muchas o pocas, pero, al final, siempre ganancias…), y de la pobreza que vuelve a hacer acto de presencia en cualquier ciudad del mundo.

También han tenido su responsabilidad, y manifiesta, las especulaciones financieras que se han producido. Éstas sin el control preceptivo de los poderes que emanan de cualquier democracia liberal: poder ejecutivo, poder legislativo y poder judicial.

Y es que si les escuchamos a ellos–los gobernantes–, nos contestarán: ¡La culpa nació huérfana! Y dicho de otro modo: La culpa no tiene nombre (en el sentido de ser los causantes directos de los desmanes económicos, que se están desarrollando). No han cumplido con la obligación de vigilar, lo que les encomendamos nosotros–los votantes de turno–, controlando la corrupción política por la que estamos pasando: presuntamente los 8.111 ayuntamientos con que cuenta España, o parte de ellos, están endeudados por encima de los límites que marca la ley: estos están establecidos en el 110% de sus ingresos. Claro está: los alcaldes de nuestros municipios gozan de la facultad de designarse sus propios emolumentos. ¡Asombroso!

He de señalar que el capitalismo actual no me convence. Ha dado muestras evidentes de estar en declive, en caída libre…Y, no precisamente, porque el libre mercado–ley de la oferta y la demando–no funcione, sea mala en si, sino porque el capitalismo se ha vuelto tremendamente voraz…Las grandes fortunas–que representan a las multinacionales–, funcionan como aves de rapiña voraces: todo para ellas y nada para los demás. Los hombres de negocios han cometido y están cometiendo toda la serie de abusos, habidos y por haber, en cuanto a la contratación precaria de los asalariados (¡volver al comunismo trasnochado!), pues nadie está seguro en su puesto de trabajo. No obstante, nuestros sindicatos mayoritarios–CC OO y UGT–, sus secretarios generales, señores Hidalgo y Méndez, están en la retaguardia, con el paro–gigante tiburón–que nos atenaza fuertemente.

A ningún joven, hoy en día, se le caen los anillos por trabajar en lo que sea. Dicho de otro modo: muchos no podrán comprar sus anillos de compromiso o lucimiento por falta de dinero (por trabajo). “Si me lo dices me olvido. Enséñamelo y puede que me acuerde. Cuenta conmigo y lo entenderé”, así reza un proverbio de sabiduría china. Esto es por lo que claman todos los jóvenes–mujeres y hombres–: ¡cuenta conmigo!

(Nadie puede vivir, amar y morir… tranquilamente cuando “la espada deDamocles” la sienten sobre sus cabezas: el despido libre. Procedente o no procedente, pero despido al fin y a la postre.)


Hay una formula política ideal para levantar cabeza: sabemos que las libertades y los ideales de los pueblos vienen marcados por…el derecho–que llevan inherentes–, a escoger sus proyecciones económicas que les sean más beneficiosas. Y siempre, a mayor abundamiento, a calcular y conseguir qué alianzas les convienen y cuáles no: ¡Razonando así nuestros políticos tendrían bastante!

Pueden ser los gobiernos de los pueblos aconfesionales, puede ser que en las escuelas públicas se suprima la asignatura de religión, puede ser que los símbolos de nuestra religión católica estén mejor en nuestras iglesias, puede ser que estemos ofendiendo de esta manera a los ateos…, pero realmente este liberalismo político es bueno, en tanto en cuanto permita a las comunidades de individuos practicar las creencias religiosas en las que se han amantado. Porque de esta manera, los hombres y las mujeres que formamos la sociedad moderna no seremos nunca individuos aislados–mirando siempre a nuestros bolsillos, para saber cuántos dineros tenemos en ellos–, sino que formaremos esas comunidades de hecho y también de derecho, e insisto en lo de comunidades, que tienen y tengan un código moral común–sus propias religiones sean las que fueren–que les faciliten la creencia en un Dios. Y hablo y pienso en Dios: en “el Dios de todas las religiones”. Porque hemos comprobado que una sociedad liberal no tiene capacidad para bastarse a sí misma. Es bueno y loable practicar cualquiera de las religiones, porque ellas, sin duda, nos hacen controlar nuestros instintos más bajos. Es decir, a moderar nuestras alteraciones neuro-cerebrales. (“Si quieres subir al cielo tienes que subir bajando, hasta llegar al que sufre y darle al pobre la mano.” [Anónimo].)



Pero uno se pregunta qué han hecho los gobiernos de turno (¿llenarse los bolsillos con euros, dólares…?), quizá sí, quizá no. No lo se a ciencia cierta. Pero, ciertamente, todos ellos o casi todos salen millonarios cuando abandonan, y por la fuerza, sus cargos. Esto es un hecho real allende los mares. Y es que los gobernantes tienen la tendencia de pensar, pero poseen la virtud acomodaticia de no actuar. Cada político de turno–hombre o mujer, mujer u hombre, salvo excepciones brillantes–, tienden a defender los ideales del partido político que representan, cuando en realidad deberían arbitrar el ideario económico político que sea más conveniente para la nación a quien representan.

Paradójico es que el precio del petróleo ha bajado a cotas jamás soñadas, y en muy poco tiempo, aunque las Bolsas mundiales se encuentran en caída libre (hemos hablado con anterioridad de la caída libre del capitalismo). Está la cosa como para entrar en ellas. De esta crisis–ya recesión–, económica y financiera saldrá, y no quisiera equivocarme, un gran vencedor:China. Un coloso de 1.300 millones de habitantes, un coloso sin llamas que, a pocos años vista, se convertirá en la primera potencia mundial: económica y militarmente hablando. La República Popular China, que sigue manteniendo un régimen totalitario, no obstante, practica actualmente en su economía un capitalismo de “libre mercado”.Hoy por hoy, es el principal motor económico con expansión mundial. Todos nos estamos dando cuenta de que, tal y como se aplica el capitalismo voraz actual, está incumpliendo los derechos humanos; y, por otra parte, atenta contra los derechos de la Naturaleza, que también son derechos.

Para colmo de males, y deseo equivocarme, el ultimo atentado llevado a cabo en la ciudad de Bombay (India), puede ser que haya sido un ensayo general para futuras acciones terroristas en el resto del mundo: el integrismo islámico–no meto en el saco de los malos a todos los musulmanes–, está en marcha una vez más. Osama bin Laden y los yihadistas están siempre en guerra, a la que llaman: “Guerra Santa”. Como si hubiera habido o habrá guerras a las que se pueda denominar “santas”. Uno entiende perfectamente que la guerra termina nunca, para nuestra desgracia.

La Política se ha convertido en una rutina; se hace un minuto de silencio cuando cualquier terrorista asesina a un ser humano. Minutos de silencio, muchos minutos de silencio (¿servirán de algo?). Tengo mis dudas racionales al respecto: cierto es, y todos lo comprendemos, que nadie muere dos veces. Sin embargo, ningún político toma decisiones adecuadas y coherentes, y éstas que sean dentro de la ley de cada país, para propiciar, de una vez por todas, que las muertas violentas sean desterradas al olvido del fondo del mar. Porque si democracia es libertad para todos, también debe ser justiciera–digamos, aplicación de cadena perpetua o cumplimiento integro de las penas–, para aquellos terroristas–convictos y confesos-, que han traspasado la delgada línea_roja que separa la vida de la muerte.

(¿Mentiras o equivocaciones?), (¡Equivocaciones o mentiras!): qué sabe uno lo que…han hecho los políticos de turno. En cierto modo, y en el tren llamado “Esperanza” en el que viajamos todos, todos y cada uno de nosotros cometemos errores. Nuestra inteligencia comete yerros, pero esa misma inteligencia nos hace corregirlos: esto es ser inteligente. Mas hay que conseguir, y de una vez para siempre, que “el cometer errores” no se convierta en costumbre, y por costumbre los sigamos cometiendo. Todos deseamos ser gobernados por político inteligentes. ¡Qué a sí sea!


La Coruña,&nbsp 6 de diciembre de 2008
Mariano Cabrero Bárcena es escritor

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