La Cuba con la que soñamos

Es evidente que el proyecto de la nación cubana aún está lejos de su cristalización, de su consolidación definitiva.

Un cierto infantilismo nos caracteriza aún, debido a largos períodos de autoritarismo en el siglo XX, un siglo que desde el punto de vista épocal, todavía no ha concluído para la isla.

Ese “insularismo” crónico, el cual nos describiera tan ampliamente Lezama Lima, en su inspirado dialogo con Juan Ramón Jimenez, publicado por primera vez en la Revista Cubana, en enero de 1938, continua caracterizandonos y hasta podríamos creer que en los últimos tiempos se ha venido agravando.

Cuba no obstante es hoy en día, y esa es la paradoja, probablemente la nación caribeña que reune las mejores condiciones para un posnacionalismo universalista, de inspiración humanista, secularista, un país listo para emprender el camino de una globalización solidaria y tolerante, el camino de una democracia de nuevo tipo, de una gobernabilidad estable y tan diversa como acelerado sea el ritmo de su vida social y política, una vez que salga del presente marasmo.

¿En qué me baso para expresar tales própositos?, podría con justicia preguntarse el lector de estas líneas. Mi respuesta no es compleja: el “capital humano”, un concepto ampliamente manipulado por el régimen actual, pero realmente existente, si bien en franca regresión. Las jóvenes generaciones y las generaciones intermedias, formadas con mayor o menor calidad, pero formadas todas en una alfabetización de 9 grados obligatorios de instrucción. Una homogeneidad en las condiciones sociales de las grandes mayorías, excepto como es de suponer: dirigentes y nuevos ricos. Un carácter nacional emprendedor, “luchador” decimos los cubanos, aún cuando 50 largos años de represión de la iniciativa individual, familial y cooperativa (no oficialista) pesan. Aún también cuando durante ese mismo lapso de tiempo hemos estado practicamente privados de un intercambio e introducción libre de capitales y teconologías de punta, causadas por un lado por el bloqueo estadounidense y por otra por la ojeriza con que se autorizan las inversiones extranjeras por el régimen, siempre bajo el ojo y la voluntad cambiante de un patriarca que administra la “caja” de 11 millones de cubanos, como lo hacía su padre con la finca de donde es oriundo.

Hoy en día, millones de jóvenes y no tan jóvenes cubanos, dentro y fuera de la isla sueñan con un futuro de apertura y diversidad, con un mañana de verdadera participación democrática y de electividad de sus representantes con una periodicidad inviolable, sueñan también con una era de prosperidad donde el cubano pueda levantarse sólo y en familia, junto a sus amigos y vecinos en cooperativa, junto a su comunidad en empresa, junto a otros hombres y mujeres del mundo en aventura económica internacional, para creando una riqueza responsable a nivel local y regional, conformar solidamente la de todo el territorio insular y contribuir a la de otros pueblos de América y del mundo.

El cubano de hoy sueña con un estado estable y fuerte para defender sus intereses y su soberanía, pero no tan fuerte como para perpetuar una casta en el poder, o un solo partido en el espectro político de la nación, ni una sola ideología en las mentes de sus ciudadanos. Aunque durante 5 decenios esa haya sido la apariencia, bien es conocido el refrán: “las apariencias engañan” o ese otro “no es oro todo lo que brilla”. Cuba ha sido y sigue siendo diversa, aún en la proscripción y la cárcel, aún en el exilio y el destierro, o peor aún, en el fuero interno de esos tantos que se ven obligados por las circunstancias a hacerse llamar “comunistas” o más bien “fidelistas”.

La Cuba con la que soñamos es esa jóven Cuba, jóven por su espíritu y no necesariamente por su edad, esa jóven Cuba que despierta y que lo hace para soñar sí, pero alerta, bien atenta a exigirle a quienes la representen, no más a quienes la dirijan, a exigirle digo, que cumplan escrupulosamente el postulado martiano, por todos los hijos de esa tierra conocido: “La patria necesita sacrificios. Es ara y no pedestal.

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