La Crisiscracia venezolana

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Uno de los problemas de los líderes políticos en Venezuela es el comportarse como si el chavismo caerá tarde o temprano o que las fuerzas opositoras jamás accederán al poder,  quizá por ello se nota la ausencia de una voz que se distinga.

Se ha insistido tanto desde el lado opositor sobre los males del régimen chavista que no existe noticia capaz de crear el clima para la salida del bolivarismo.

Otro tanto le sucede a los chavistas, han apurado tanto su discurso descascarado que la reciente interrupción por parte de la representante oficial de Venezuela ante la Organización de Estados Americanos (OEA), Carmen Luisa Velásquez, durante la rueda de prensa del secretario general del organismo, Luis Almagro, junto con Lilian Tintori y Patricia de Ceballos, esposas de políticos presos en Venezuela, apenas ha sido reseñada en segundas páginas de los principales diarios internacionales.

Todo hace creer que ninguna de las dos partes disfruta de la credibilidad de las corrientes políticas, sociales y económicas internacionales. El mapa político mundial asiste, al igual que con Korea del Norte, a una especie de obra interminable.

En la Venezuela sin recursos la historia que se está escribiendo pareciera que se hace para escribir otra, coincidiendo ambas partes de la política venezolana en un punto de partida, en el de la democracia desmejorada a la que ya algunos llaman La Crisiscracia.

Así las cosas, las próximas elecciones presidenciales (2018) tendrán la importancia de continuar o finalizar una de las dos historias; la importancia de permitir que se continúe con el mismo jinete y caballo, o cambiarlos con todo su ejército.

A los bolivarianos el tiempo se les agota rápidamente, el cambio económico y social urge; no se trata de crear la “batalla decisiva”, sino del inicio, inmediato, del poco a poco, creíble y permanente.

A Maduro, no le vemos amedrentarse sino ponerse de pie, apostando por lo único que dice conocer: la solidaridad revolucionaria de los más débiles; a defender con corazón lo logrado. Vemos al denostado líder convencido de que el sistema socialista se ha convertido en una estructura que permanecerá en el tiempo, donde los cambios a realizar deben ir en contra de lo establecido.

A la MUD tampoco la vemos dando un paso atrás, pero sí esgrimiendo la falta de libertad y el acoso implacable que su pueblo está padeciendo desde hace 16 años.

Bajo esa estrategia de no retraerse, debemos esperar que el que esté más ordenado y apoyado social y económicamente, será el menos débil y el más apto para dirigir al país durante 6 años más (2024).

Ambos enemigos se saben en condiciones de ganar las elecciones y reconocen que aniquilar al rival no será tarea fácil ni bien vista, pero aceptan que es posible que no haya tregua con el vencido porque sería una tontería dejar algún vacío para que el otro lo pudiera utilizar.

Las dos mitades saben que la lucha por el poder se está realizando pero que las pequeñas victorias están todavía compartiéndose; para esos dos lados todavía quedan ciudades por ganar: San Cristóbal, Valencia, Mérida o Maracaibo no parecen avenirse con los bolivarianos, pero Barinas, Maracay o Cumaná, junto a cientos de barrios de Caracas y de todo el país continúan vistiéndose de rojo.

¿Cuál es la táctica necesaria y adecuada para que la oposición gane o para que el chavismo continúe?

El proselitismo no parece estar dando resultado al gobierno y la MUD se ha ido conformando con las grandes noticias locales e internacionales: La reciente presión de 14 países latinoamericanos exigiendo la libertad de presos políticos,  el No al Referéndum, la dura postura de la OEA, el cansancio de la intermediación papal para el dialogo, la alta inseguridad ciudadana, las colas, las mujeres venezolanas que se van a Cúcuta (Colombia) a ver nacer a sus hijos (Wall Street Journal 24/03/2017)…

Lo cierto es que la impresión que se tiene es que los chavistas y mudistas suelen sacar conflictos de todos los lados, como si la victoria final sólo estuviese dependiendo en el que el contrario pierda el prestigio ganado.

Con todo, los bolivarianos y la MUD, tienen una historia repleta de dolores: de los primeros ya hemos anotado algunos, de los segundos, la lista es eterna: El Caracazo de 1989, la asistencia a la denuncia de Chávez en 1999 durante su discurso de investidura como Presidente de Venezuela: un 80% de pobres o, el brutal analfabetismo (+7% en 2001)…

El prestigio, visto así, será evaluado en 2018, justamente cuando se den los resultados electorales.

Con toda certeza serán esos resultados el punto de inicio hacia la recuperación de la socialdemocracia (adeca), la democracia cristiana (copeyana) o al fortalecimiento de la honra y del socialismo del siglo xxi en Venezuela y en las Américas.

Pero hoy por hoy parece innegable que son los venezolanos los encargados de escribir su destino, importándoles poco la imagen que una u otra victoria les dé; al final ni el PSUV ni la MUD representan un símbolo tan definitivo y poderoso como para romper o reequilibrar el capital mundial.

Venezuela, como el más díscolo de las américas o Korea del Norte como el enemigo más peligroso y respondón de Asia, continúan manteniéndose bajo las órdenes irónicas del Imperio, aceptando toda interferencia sin capacidad alguna para intervenir ni cambiar el rumbo en cualquier conflicto, bien sea en Siria, Irán o sobre las cada vez más duras presiones a China.

Al final la estrategia  de la intimidación, la arrogancia y la paciencia – con todas las limitaciones que imponen sus mismas fuerzas bélicas – la marca los yanquis.

Como colofón es importante considerar la siguiente cuestión: si las elecciones venezolanas se realizaran un domingo, a finales de 2018, y el lunes se conoce el ganador, qué haría el martes EEUU si las gana Maduro o qué haría si las gana la MUD.

De momento e indudablemente, se nos antoja que ni una u otra de las tareas que ejecute, serán las mismas. Pero, si gana la MUD ¿habrá limpieza a partir de ese martes?, ¿qué hará EEUU para que Venezuela no mantenga su apoyo por ejemplo a Bolivia y a Cuba?

Y, ¿si ganan los chavistas? ¿Cómo podrá EEUU evitar el reforzamiento socialista en las américas sin cumplir con su papel de policía mundial?

Haciendo malabarismos con las palabras del bribón de Trump, sobre su no intervención en asuntos que no le incumben, es de esperar que en ambas situaciones EEUU se acerque al vencedor y al vencido para evitar que se ahonde la actual posición antiestadounidense regional.

Este papel mantendría a un EEUU influyente si gana la MUD y no claudicante si gana el PSUV, pero ¿es creíble que USA espere una reconversión del socialismo del siglo xxi, su abandono al atrincheramiento y que acepte de nuevo ser un patio trasero?

participa@latinpress.es

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