La crisis dispara la pobreza e impacta en forma severa en los sectores más humildes del Estado español

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El aumento drástico de la demanda de alimentos y servicios básicos anticipa una de las peores crisis económicas de la historia moderna del país, que amenaza con disparar las cifras de pobreza severa.

El brusco parón de la actividad económica provocado por la expansión del nuevo coronavirus ya está haciendo estragos entre los sectores más vulnerables de la sociedad. En paralelo a las cifras diarias de contagios, fallecimientos y altas médicas, que indican la evolución de la pandemia, van surgiendo otros números que vaticinan una debacle económica sin precedentes. Esos pronósticos se encarnan estos días en varios millones de personas cuyo futuro se nubla de incertidumbre mientras resuelven los problemas del presente.

Las largas colas a la entrada de los comedores sociales, las solicitudes de ayuda alimentaria a los ayuntamientos o las disparadas demandas en los bancos solidarios de alimentos durante las últimas semanas son el pálpito visible de una realidad en el horizonte económico del país: la pobreza extrema aumenta como consecuencia indirecta de la epidemia.

Bancos de alimentos piden que «no cese» la solidaridad al quedar «lo peor» por llegar

Están convencidos de que la situación generada por la COVID-19 puede ser «bastante peor» que en la última crisis económica y que se pueden ver un «poco apretados» en los próximos meses.

Esto es lo que exponen desde las cuatro entidades que forman parte de la Federación Española de Bancos de Alimentos (FESBAL). Todas ellas recuerdan que, en su caso, no reparten directamente a las personas, si no que distribuyen la mercancía a través de entidades que las hacen llegar a aquellos que lo necesitan, pero también a través de los servicios sociales de los ayuntamientos, «que están desbordados».

Así lo apunta Conchi Rey, presidenta del Banco de Alimentos Rías Altas de A Coruña, que abarca toda la provincia y que cuenta con su sede principal en la ciudad herculina, pero con naves también en Ferrol y Santiago.

Y es que estas entidades han notado, debido a la COVID-19, un descenso del número de personas que trabajan en su voluntariado al tratarse, en su mayoría, de personas jubiladas que forman parte del grupo de riesgo y por las medidas de confinamiento decretadas.

En este contexto, Conchi Rey indica que todos los días están recibiendo llamadas de peticiones.»Cada día son más las personas que nos llaman», añade reconociendo que prevén que esta situación «vaya a más» por los efectos que la pandemia ha tenido en la destrucción de empleo.

Se empiezan a notar problemas, pero los estamos solventando con las aportaciones de empresas y particulares», asegura sobre los productos que necesitan. «Es un desafío que se nos presenta», reconoce, a este respecto, el presidente del Banco de Alimentos de Vigo -con instalaciones también en Pontevedra-, Pedro Pereira, quien cree que la situación va a ser «bastante peor que en la última crisis económica».

«Hay gente para la que es su segundo mes sin cobrar, despedida por los ERTEs, la que viene de la economía sumergida… y ahí está el riesgo mayor». «Y está aflorando más», apunta en alusión a colectivos de los que considera que, a medida que avancen los días, se van a ver «un poco apretados». Por ello, como los demás representantes de bancos de alimentos, incide en mantener la colaboración de particulares, empresas y administraciones en los meses siguientes.

Y es que, aunque en estos momentos todos los bancos de alimentos gallegos aseguran disponer de lotes para distribuir, ya sea de frutas y hortalizas como arroz, pasta, leche u otros artículos, recalcan que su preocupación está en cómo afrontar el incremento de la demanda que prevén y cómo seguir recabando los alimentos que necesitan.

Desigualdad y condicionamientos en los recursos que dependen de la UE

Guntram Wolff, del centro de investigación Bruegel, dijo que el endeudamiento de la UE podría permitir a Bruselas plantear exigencias sobre cómo se gasta el dinero después de que la Comisión también se viera presionada a vincular los compromisos climáticos a los paquetes de ayuda estatal para el coronavirus.

«Cuanto más descentralizados sean estos planes, más consideraciones políticas entran en juego —si y qué condiciones poner a las ayudas, si los Estados deben tener acciones con derecho a voto, qué sectores deben recibir ayuda— y mayor la amenaza para el mercado único», dijo.

España dijo en una nota previa a las conversaciones de los líderes de la UE la semana pasada que, si bien «es necesaria y bienvenida una mayor flexibilidad para las respuestas nacionales, es vital evitar que esto conduzca a una UE más desigual».

Para restablecer la igualdad de condiciones entre países y empresas, Madrid ha dicho que países como España deben ser compensados ahora que la UE mira su próximo presupuesto a largo plazo para ayudar a reiniciar el crecimiento económico.

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