La crisis del transporte en Cuba es permanente

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Es hora de acabar con ese fraude de “socialismo” y de establecer nuevas normas para el funcionamiento de la economía cubana sobre bases democráticas y libres.

Llueve sobre mojado. El voluntarismo y la represión…hasta que se seque el malecón,  políticas con las cuales  siempre el fidelismo ha pretendido resolver el grave problema del trasnporte, ya está dando resultados: disminución del transporte público y privado, abarrotamiento en las paradas, aumento de precios, huelgas de transportistas en algunos lugares…

Solo quiénes ciega pero interesadamente aprueban esas medidas antieconómicas  podrían esperar que eliminar el 50 % del combustible a las empresas del estado, mantener el petróleo a 1 CUC el litro en la red monopólica del mercado estatal y poner topes a los precios de los viajes de los transportistas privados, aliviaría la situación. Fue previsto: solo la empeorarían.

Quiénes hace más de medio siglo han pretendido resolver los problemas de la economía cubana desde el estadocentrismo, la planificación centralizada, el control de los dineros de la nación por una elite, el estatalismo asalariado, el control del mercado, el estímulo moral, la imposición de precios y regulaciones absurdas, no acaban de reconocer, no les conviene reconocer que todo su sistema paternalista, populista y autoritario  “estatal-socialista” no ha sido más que un fraude, una coartada para mantener en el poder a una siempre misma elite burocrática, a costa de la innecesaria eliminación del capitalismo privado y la promesa infundada de un paraíso venido de las nubes.

Pero no es casual, son los mismos que tratando de imponer un “socialismo” de miseria y sacrificio para los trabajadores y el pueblo, viven en la abundancia y el despilfarro de riquezas creadas por otros.

¡Cuánta razón tenía Lord Acton: el poder corrompe y el poder absoluto, corrompe absolutamente!

El transporte, desde la época en que los grupos humanos empezaron a intercambiar sus producciones,  se convirtió en la sangre que movía el progreso de los pueblos. Con el desarrollo de las modernas técnicas y las tegnologías de la informatización y las comunicaciones, su importancia  para el intercambio, el comercio, el mercado, ha crecido en cantidad y calidad en  la misma proporción en que se avanzan las naciones y sus economías.

Pero al estado-centrismo cubano solo le ha importado el transporte que le garantice su subsistencia y poco empeño ha puesto en resolver el transporte del pueblo. Eso lo vemos con toda claridad en el transporte asegurado a las Fuerzas Armadas, a la Seguridad del Estado, a la burocracia empresarial y al llamado “obrero” que garantizan la seguridad del régimen y le reportan pingües ganancias.

Muchas veces dijeron que se establecerían plantas para montajes industriales de ómnibus y autos y apenas existe una ensambladora de pequeñas guaguas de baja calidad, heredera de la fábrica Girón de ómnibus escolares montados en chasis y con motores de camiones militares rusos; nunca se desarrolló una fuerte industria naval en un país rodeado de agua por todas partes que, tres siglos atrás, tuvo astilleros para la fabricación y reparación de barcos de transporte transoceánico, para no hablar del necesario transporte de carga o de ferrocarril, siempre traído de lejos, o del estado de las vías ferreas o para el transporte normal de carga y pasajes interprovincial. Una vieja ensambladora de bicicletas chinas, hace rato no produce un solo ciclo.

Pero más allá de la ausencia de fábricas y ensambladoras, las absurdas políticas  monopólicas estatales que han interferido u obstaculizado el trasnporte privado y cooperativo, con sus regulaciones, controles  del mercado de autos,  piezas y combustibles, han estado en el centro del desastre que hoy se aprecia. Si no existieran estas amarras hace mucho tiempo ya,  privados y cooperativistas, como en casi todo el mundo desarrollado o en desarrollo, hubieran dado respuesta a toda esa gama de necesidades.

Sin olvidar, claro está, la ausencia de previsión gubernamental sobre la necesidad de preparar el país para mantener una producción estable y significativa de energías alternativas al petróleo que, de una u otra forma, siempre nos ha llegado a precio subsidiado de aliados complacientes. No olvidar el rechazo a la producción de etanol por la alta dirección gubernamental cuando bajó el precio internacional del azúcar y la opción fue destruir la mitad de la industria azucarera de Cuba, cuando comenzó a ser una realidad aquella máxima de la burguesía azucarera cubana: sin azúcar, no hay país.

Pero no es de ahora la crisis en el transporte. Existe desde los mismos 60. Ha existido siempre. desde que en Cuba se instauró un desviado capitalismo monopolista de estado, en nombre del socialismo que estatizó el transporte privado y el de  las cooperativas de transporte que había y todo el trasnporte de carga y pasaje para “administrarlo en función de los intereses del pueblo y los trabajadores”.

 

Nada…lo mismo que pasó con la agricultura, la pesca, los servicios y la industria.

 

Es hora de acabar con ese cuento y ese fraude de “socialismo” y de establecer nuevas normas para el funcionamiento de la economía cubana sobre bases democráticas y libres, con la eliminación de los monopolios estatales o particulares, que liberen la inversión, el trabajo privado y el asociado y permitan el fluir de la sangre de la sociedad, el transporte y el funcionamiento al del resto de las ramas de la economía nacional, estancadas por las trabas que imponen las relaciones de producción estatal-asalariadas.

 

Allá arriba todos lo saben, pero el miedo a Fidel y a perder el poder absoluto, los aterra. Sin embargo, el pueblo ya se va enterando también.

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