La crisis del modelo sindical del régimen del 78. Un ejemplo: la hostelería en Granada

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La crisis del modelo político e institucional diseñado en el “régimen del 78” y fraguado en la Transición es indudable. De un tiempo hasta hoy han abundado nuevas propuestas políticas que lo cuestionan y ponen en evidencia el tinglado que montaron  políticos y empresarios para dar  continuidad, desde un régimen formalmente democrático, al status quo capitalista diseñado desde el régimen franquista. Son muchos los analistas, historiadores, sociólogos, etc. y numerosas las organizaciones y personas que han venido a sumarse con sus críticas al “régimen del 78” que, ahora, es cuestionado por muchos frente a los pocos que lo hacíamos antaño.

Desde le presente artículo pretendemos reseñar brevemente el devenir de este modelo aplicado en el mundo sindical con un ejemplo que nos resulta cercano y en el que nos desenvolvemos diariamente: la Hostelería en Granada.

La Transición Democrática no fue más que un proceso que eludió la necesaria ruptura con el régimen franquista para, desde ahí, transitar a un nuevo y viciado proceso de democracia representativa que salvaguardara los intereses del Capitalismo. Los vicios, corrupción generalizada y demás secuelas dejadas por este cambio que nunca fue profundo ni real las tenemos en un Estado Español que ha empobrecido a la Clase Trabajadora, ha hecho de la desigualdad y la injusticia social sus señas de identidad y cuyos resultados sufrimos crudamente en la actualidad: paro, desahucios, empobrecimiento generalizado, pérdida de derechos, etc. son el pan nuestro de cada día que ni la casta política que nos gobierna ni los verdaderos poseedores y acaparadores de la riqueza querido solucionar.

Que la Transición Política  fue un cambalache orquestado entre cuatro listos es de una evidencia palmaria, pero ¿qué fue del cambio del modelo sindical operado en el Estado Español desde la dictadura a la democracia? ¿Cuál fue el papel de loas actores en este proceso? ¿Qué capacidad de decidir se dejó a los verdaderos protagonistas del mismo, los trabajadores y las trabajadoras?

La transición sindical: del sindicato vertical a los monopolistas del sindicalismo.

El sindicalismo en el Estado Español también tuvo su transición. Los últimos años del franquismo vieron cómo la CNS [1] fue superada (incluso invadida) por los trabajadores que operaban en los distintos movimientos y sindicatos clandestinos en una época de agitación obrera sin parangón en las décadas anteriores. Muerto el dictador y alumbrado el primer gobierno electo en las urnas se planteó la tarea de de encauzar y embridar al Movimiento Obrero. Con los Pactos de la Moncloa[2] , suscritos en 25 de octubre de 1977, se firmaron y aplicaron una serie de compromisos en materia económica y sindical que, con algunas reticencias iniciales, CCOO y UGT firmaron y se dispusieron a acatar. A partir de aquel momento, los que serán los “interlocutores válidos” de patrones y gobierno comenzarán su viaje a ninguna parte que pasará por la firma de tantos pactos sociales como les pusieran en la mesa (AMI, AI, ANE, etc.) y  de la aplicación y  traslado del parlamentarismo a la empresa mediante las elecciones sindicales para asegurarse la representación de la que carecían.  Surgirá entonces la “unidad de acción CCOO-UGT” y todo será rematado, ya en 1985 en pleno apogeo del gobierno del PSOE; por la promulgación de la LOLS (Ley Orgánica de Libertad Sindical, LO 11/85). En menos de diez años los monopolistas de del sindicalismo se habían hecho un hueco al amparo del poder y, gracias a su utilidad como apagafuegos sindicales y en la tarea de desarticular e impedir un genuino Movimiento Obrero combativo y reivindicativo, eran recompensados con dádivas, legislación y prebendas que les asegurara su preponderancia desde la Negociación Colectiva, al cobro de cánones sindicales o a la realización de cursos formativos, por poner tres ejemplos.

Ya tenemos, pues, instalada la nueva burocracia sindical que impide que la hierba de la lucha obrera crezca a su alrededor y que margina all resto de sindicatos que no pasaron por el aro. Y ¿con qué resultado? Pues a cambio se convertirán en grandes y vacías estructuras sindicales, en enormes gestorías profesionalizadas con cifras de afiliación bajísimas. Unos gigantitos con los pies de barro.

Zapatero, Rajoy y las leyes antiobreras.

Con una gran parte de la Clase Obrera desorganizada y sumisa en gran parte a causa de más de tres décadas de monopolio sindical de CCOO y UGT, se presentan las, hasta entonces, mayores medidas de carácter antisocial desde 1977: la Ley 35/2010

la Contrarreforma Laboral de Zapatero[3] y la modificación de la Constitución Española. En lo referente al límite de déficit público. La Clase Trabajadora encuadrada en el resto de organizaciones “no oficiales” y alternativas pone el grito en el cielo y el conjunto de los trabajadores fijan los ojos en CCOO-UGT esperando su respuesta. La huelga general del 29 de septiembre no será la más exitosa de las convocadas hasta el momento y pone en evidencia el cuasi nulo carácter combativo y la debilidad del tándem sindical oficial. Tanto es así, que en pocos meses CCOO-UGT firmarán el IIº Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva donde, en su página 4, tercer párrafo,   y, refiriéndose a la flexibilidad laboral, se dice: “la flexibilidad interna mantiene el empleo y evita despidos”. A nadie, pues, debiera extrañarle que cuando el Partido Papilar (PP) ganara las elecciones y advertido de la debilidad de los sindicatos verticales oficiales, aplique una tanda de medidas de antiobreras de proporciones gigantescas.[4]

Para semejante viaje no hacía falta alforjas.

La práctica sindical en el Estado Español, determinada y puesta a la firma de los sindicatos que la quisieran aceptar por agentes ajenos al mundo del Movimiento Obrero y la Clase Trabajadora, fue aceptada por CCOO-UGT. A cambio de unas posiciones hegemónicas en el compadreo oficial de patrones-sindicatos y gracias a la posición preponderante que les otorgó esta aceptación de unas reglas del juego que marcaron los tahúres de la patronal y el Capital, se dedicaron a medrar y a vivir al amparo del poder de las ejecutivas sindicales legiones de libreados y profesionales del sindicalismo. El resultado de todo esto es que cuando, a partir del 29-S de 2011, los sindicatos oficiales quisieron salir a la calle a luchar, pocos les creían, casi nadie los seguía con verdadera fe y, lo que es peor, eran tan ajenos a la lucha obrera a pie de tajo que los mayoría de sus cuadros no sabían ni qué hacer,  El otro saldo, el más negro y negativo, es el que hemos recogido el conjunto de la Clase Trabajadora por mor de unas políticas en las que no se nos ha dejado participar durante décadas.: el saldo de la rotación en el empleo, la temporalidad, la precariedad, el despido, la  pauperizaron y el quebrantamiento de un derecho fundamental e indispensable para los trabajadores como lo es la Negociación Colectiva.

Para muestra un botón: la Hostelería en Granada.

Todo lo expresado en el análisis que antecede a este epígrafe es extrapolable  a la Industria de la Hostelería y el Turismo en el territorio de Granada, un sector que no ha cesado de crecer en número de trabajadores (hasta los más de 15.000 actuales) y en peso específico dentro de la economía provincial; un sector que está contribuyendo a cambiar los parámetros económicos y a desnaturalizar nuestros pueblos y ciudades hasta el punto de suplantar, liquidar y destruir ocupaciones y comercio tradicionales acabando con buena parte del tejido económico de las poblaciones donde se implanta el nuevo modelo de “la hostelería por la hostelería, el turismo por el turismo y sálvese quien pueda”. Esta implantación desaforada de hoteles, restaurantes, franquicias, empresas turísticas, etc. cuenta con el fomento y beneplácito de las autoridades que le los subvencionan y potencian haciendo creer que algo vacío y sin ningún viso de futuro puede constituir una alternativa en el modelo productivo de la economía granadina. El apoyo institucional y mediático al “nuevo pelotazo turístico-hostelero” se desarrolla de una manera directamente proporcional a la sangrante realidad que padecemos los miles de empleados en el sector y los otros miles de trabajadores ocupados en industrias auxiliares y proveedores de un sector que beneficia a muy pocos para condenar a decenas de miles de trabajadores a malvivir en la miseria cotidiana. La precariedad en el empleo, los salarios miserables, el falseamiento en los datos de contratación, las jornadas interminables y extenuantes y una absoluta falta de derechos y de respeto a la legislación , y no sólo en materia laboral, trufan el pavo del “pelotazo turístico-hostelero”.

Partiendo del análisis general antes efectuado veremos cómo la hostelería en Granada no permanecerá ajena a la conflictividad obrera desatada en los últimos años del franquismo y primeros de la democracia. Hasta mediados de los años 80 se triplicarán los salarios y se escribirán, negro sobre blanco, unos derechos y considerables mejoras sociales y laborales que poco o nada redundarán en beneficio de los trabajadores y trabajadoras del sector, ya que nunca serán aplicado en la mayoría de las empresas. CCOO y UGT, los firmantes tradicionales del convenio colectivo provincial, se encargarán,a partir de la mitad de la década que ahora referimos, de parar movilizaciones, luchas y protestas genuinas de los trabajadores para maniatar a los mismos y acabar con la conflictividad social, ganar y sumar delegados sindicales y abandonarse al momio de la política de concertación, subvención y a vivir  de la sopa boba del Estado. Entre 1986 y 2012 seremos testigos de la firma de doce convenios colectivos que hoy son de aplicación a una minoría que difícilmente supera el 5% de los empleados totales. De la misma manera que el gobierno, vista la incapacidad del monopolio sindical para movilizar a los trabajadores que llevaban años desmovilizando aplicó una leonina reforma laboral en el año 2012, la Federación Granadina de Hostelería y Turismo (la patronal) aplicó la política de “ya no negocio ni acuerdo nada con CCOO-UGT porque no los necesito para nada”. Y de la incapacidad de las burocracias sindicales para escapar de su marasmo vale otra muestra más: la huelga de agosto-septiembre del 2014, un verdadero fiasco que contó en el suma y sigue del saldo de derrotas de los trabajadores de la hostelería y que tuvo como efecto colateral el despido de tres trabajadores del SAT a resultas de unas jornadas de huelga en cuyo transcurso muchos delegados de CCOO-UGT no la secundaron o se acogieron al crédito horario para no ver descontados sus salarios o, incluso, firmaron convenioS de empresa,[5]

Definitivamente, el el monopolio de CCOO-UGT en cuanto a la Negociación Colectiva ha venido a traer el fin de la misma, de hecho ya son muchos centenares las empresas que han suscrito acuerdos para la inaplicación del convenio.[6] Este es el resultado de una desaforada política de concertación por la concertación y del mercadeo de nuestros derechos en beneficio del monopolio sindical.

Y ahora…¿qué?

Ahora, los responsables de nuestra situación nos piden ayuda y colaboración para firmar un nuevo convenio más. ¿Un nuevo convenio cómo y para qué?, cabe preguntarse. En tanto en cuanto no se aplique el vigente para qué queremos los trabajadores del sector correr el riesgo tan mayúsculo como el de dejar en manos de unos irresponsables (CCOO-UGT y Patronal) la firma de uno nuevo que, por otro lado, los patrones se niegan a negociar.

Desde el sector de Hostelería y Turismo del SAT peleamos diariamente por la aplicación del actual convenio colectivo, por la impugnación y anulación de los “descuelgues” de convenio y por la mejora de nuestras condiciones diarias de trabajo. Desde ahí   y sólo desde ahí, recuperaremos el protagonismo de los trabajadores y trabajadoras en las luchas y, con esta fuerza, podremos plantarnos ante la patronal en demanda de subidas salariales y la consecución de nuevas y más avanzadas condiciones laborales. Los objetivos de nuestra lucha tendrán forzosamente que concretarse en un mañana próximo en un nuevo convenio colectivo que supere en reconocimiento de derechos, garantías y salarios al actual, pero eso es algo muy distinto a lo que plantean CCOO-UGT, cuyo único objetivo es la firma de un nuevo convenio que les lleve a legitimarse de nuevo ante la patronal y la administración y en el que los derechos, garantías y salarios son objetos de trueque y mercancías que se venden y se compran a cambio de estampar una firma en un papel..

No se puede dicotomizar el tiempo en compartimentos estancos, de la misma manera que que no se puede separar la política sindical seguida por CCOO-UGT desde la Transición hasta aquí de los resultados que ha producido la misma. Poner nuestro futuro en manos de quienes tanto han hecho para negárnoslo sería propio de incautos, si no de tontos.

Recuperemos ante todo nuestra capacidad de pensar y luchar como trabajadores  mediante la reivindicación, la solidaridad y la lucha, y apartémonos definitivamente de lo que nunca debió ser: el viciado y pervertido sistema de relaciones laborales implantado en el “régimen del 78”.

 

Paco Cabello.

Es trabajador de hostelería y miembro del Sector de Hostelería y Turismo del  Sindicato Andaluz de Trabajadores y Trabajadoras (SAT) de Granada.

[1]     CNS Confederación Nacional de Sindicatos. Sindicato corporativo franquista que agrupaba a trabajadores y patronos. El “sindicato vertical”.

[2]     Los Pactos de la Moncloa fueron dos: el Acuerdo sobre el programa de saneamiento y reforma de la economía y el Acuerdo sobre el programa de actuación jhuríidca.

[3]     Desarrolladas en el RD- Ley 7/2011 relativo a la modificación de la Negociación Colectiva y la Ley 27/2011 sobre sistema de pensiones.

[4]     RD Ley 3/2012 que facilita y abarata el despido,  potencia la inestabilidad en en las condicones laborales y rebaja los costes empresariales.

[5]     Valga como ejemplo el convenio de empresa firmado en un emblemático hotel granadino, el Alhambra Palace.

[6]     Entre las perniciosas consecuencias de las últimas reformas laborales están los “descuelgues” de los convenios colectivos firmados entre “representantes de los trabajadores” y las empresas, que limitan o imposibilitan la aplicación del convenio .

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