La corona voló en el hemiciclo como una pelota de rugbi

Monarquía-Investidura

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Deseo, de verdad, que el Gobierno progresista salga adelante y que la Troika no mate sus proyectos como hizo con Syriza (el Podemos griego) hundiendo en la pobreza a grandes capas del endeudado pueblo heleno.

Cuando Pedro Sánchez tomó posesión del cargo el pasado miércoles, 8 de enero (con la mala costumbre, inspirada en el colectivo LGTBI, de no jurar sobre la Biblia y la Cruz) el Rey Felipe VI, que no acaba de creerse el maridaje PSOE-UP, le dijo: “El acto ha sido rápido y sin dolor. El dolor vendrá después”.

Este giro filosófico de Su Majestad demuestra que ya ha empezado a padecer el síndrome de Puyi (1) y necesita consejo (y posiblemente terapia) para no perder los estribos o el círculo de oro. ¡Dios mío, tierra trágame! habrá dicho para sus adentros durante las fiestas de los Reyes Magos cuando los comunistas, los republicanos y los “seudorepublicanos” derrotaron a sus aliados tradicionales.

En la investidura del martes, las derechas y los neonazis reivindicaron para ellos, en exclusiva, los derechos de propiedad de la monarquía, la patria y la bandera. Quizás estén en lo cierto (esto es tan solo una hipótesis) ya que son los legítimos herederos de Franco, el caudillo que unció la corona en la testa de Juan Carlos I, quien decidió pasársela a su hijo tras el problemilla de la cadera y de la caza de elefantes en África.

El clímax llegó cuando los reaccionarios intentaron atrapar la tiara y patentarla como suya, pero Pablo Iglesias apretó el puño y, utilizando sabiamente el efugio de la doble lengua (2) dijo que todos tienen derecho a un trozo de la corona -ya sean de izquierdas o derechas- porque los 350 diputados aman a España y son patriotas. Por momentos pareció que “la diadema” se utilizaba como arma arrojadiza en una minúscula guerra civil. El aro sagrado era como una pelota de rugbi que se convirtió, de repente, “en un oscuro objeto de deseo”. Hasta Inés Arrimadas dio un salto felino y atrapó en el aire el balón para que lo viera desde el exilio Albert Rivera.

Los socialistas aplaudieron enérgicamente la defensa que hizo Pablo de la monarquía, aunque todos sabemos que el líder de UP es republicano hasta la médula. Intuyo que “está contagiando esa enfermedad peligrosa” a ciertas corrientes del PSOE que cada día se distancian más de Felipe González, a quien ven como a un dinosaurio que nunca ha tenido escrúpulos para venderse el mejor postor en las puertas giratorias ¡Qué importa que el gato sea blanco o negro, lo que importa es que cace ratones! ¡Qué importa que los padres del socialismo defendieran la República, si me va como a Dios con el Rey!

Con la corona, usada cual pelota de rugbi, las derechas empezaron a insultar a las izquierdas llamándoles traidores, rojos, rompedores de España, gusanos, etc., mientras los zurdos llamaron fachas a los hijos políticos del dictador que acaba de ser desahuciado del Valle de los Caídos, cumpliéndose así una “promesa electoral” del PSOE. Una parte importante de España, que está escondida en la sombra, espera que “la venganza de la momia” se cumpla a medio plazo con una victoria aplastante de VOX en las urnas.

¿Se atreverá Pablo Iglesias a regalar a Felipe VI, cuando éste reciba al nuevo Gabinete, los últimos capítulos de Juego de Tronos? Uno de los personajes más entrañables de esa serie es un noble enano que tuvo un enfrentamiento épico con un monarca, a quien le dijo: “vivimos tiempos muy peligrosos. Los reyes están cayendo como moscas” (3).

Deseo, de verdad, que el Gobierno progresista salga adelante y que la Troika no mate sus proyectos como hizo con Syriza (el Podemos griego) hundiendo en la pobreza a grandes capas del endeudado pueblo heleno que vio, con angustiosa impotencia, cómo los salvadores -“con las manos atadas y sin ningún apoyo internacional”- recortaban aún más las míseras pensiones de millones de ciudadanos.

Respecto a “los presos políticos” catalanes (en España muchos los llaman “políticos presos”, aunque la capucha de las palabras no altera la esencia de las cosas), el nuevo Ejecutivo debería hacer algún gesto pacificador “con la autonomía rebelde” y concederles la “amnistía”. Los grandes problemas que tiene esa comunidad mediterránea sólo se pueden solucionar con un diálogo político regido por la razón, la inteligencia y la imaginación. El uso de la fuerza -ya sea judicial o paramilitar- nos llevará irremediablemente a un ciclo interminable de violencia estéril.

Debemos tener alturas de miras para ir despejando las nubes que nos impiden ver el horizonte. Buscar puntos de encuentro que sirvan de partida para abrir nuestras mentes “a otras realidades posibles”. Por encima de las leyes están los seres humanos (no los rebaños). Se debe dar prioridad (y ahí quizás Pablo Iglesias tenga miedo a decepcionar) a la justicia social, a una distribución equitativa de la riqueza y a “vestir de dignidad” a “los nadies” (así llama a los miserables Eduardo Galeano). Y, por supuesto, afrontar los grandes retos que amenazan, incluso, la supervivencia de la especie.

Por último, debo subrayar que tenemos muchísima suerte por contar con personas como Aina Vidal. Su gesto de ir a votar al Parlamento me hace “sentirme orgulloso de compartir planeta con ella”. Dicen que fue “porque cree en la política”. ¡Ojalá hubiera más referentes como ella! Después de tantas décadas de decepción es necesario, ahora más que nunca, la savia de seres tan bellos y excepcionales como la diputada de Podemos. Si no hay un cambio sincero y verdadero, veremos como VOX se come al PP y C’s trayendo pesadillas, que siguen en el subconsciente colectivo, de tiempos guerras de cuyo nombre no quiero acordarme.

-1- Puyi, el último emperador de China.

-2- La doble lengua era obligatoria en el mundo distópico de Orwell 1984.

-3- Pablo Iglesias ya regaló un set al Rey con varias temporadas de Juego de Tronos.

El blog del autor es Nilo Homérico

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